Solidaridad con la prensa de Honduras

Desde que se perpetró el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, el 29 de junio de 2009, han sido asesinados 19 periodistas en Honduras y ninguno de esos crímenes ha sido aclarado. Después de la caída de Zelaya —durante el régimen de facto de Roberto Micheletti y en lo que va del período…

Las prioridades informativas del Gobierno

Como ya se ha vuelto tradición en Guatemala cuando ocurre cambio de Gobierno, en las dependencias oficiales se modifican las prioridades. Por eso no sorprende que en la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencial (SCSP) vaya a haber borrón y cuenta nueva, pues su recién estrenado responsable, Francisco Cuevas Gallardo—antiguo corresponsal de Televisa y…

Acoso contra periodistas: indispensable más acción del MP

A partir de la publicación de este editorial, el equipo editorial de la revista Sala de Redacción ve cumplido uno de sus anhelados sueños: convertirse en un espacio que dé cabida a la expresión y opinión de colegas departamentales, quincenalmente. En este número, en la sección A título personal publicamos el editorial del colega Alfonso Ríos, de Huehuetenango, quien comparte su sentir sobre una loable acción que él junto a un grupo de colegas de otros departamentos han iniciado: la de fomentar la organización gremial para la defensa de nuestro Derechos.

Este espacio de opinión se suma a otros que pretenden dar espacios para las discusiones de las problemáticas que afectan a niñas, niños, jóvenes y mujeres. En el primero de los casos, en la sección Periodismo infantil, en la cual mensualmente esperamos recoger opiniones y vivencias de niñas y niños escolares; en el segundo, en Jóvenes en Guate, a cargo de Flor Flores, y en el tercero, en Las Mujeres en el mundo, a cargo de Olga Villalta, secciones que serán alimentadas mensualmente.

Otros espacios para la opinión son El esquinero de la Sala, mediante el cual integrantes del equipo de la Sala se pronuncian sobre lo que les preocupa, y el frasero Vos y tu voz, que dará cabida a las expresiones de jóvenes de la sociedad civil organizada del país.

También hemos creado una sección sobre las Actividades del Centro Civitas, mediante la cual informaremos mensualmente sobre lo que hacemos desde nuestros distintos espacios. En la sección Noticias departamentales hemos dado cabida además a aquellos colegas que deseen reportar por este medio.

Nuestros colegas también estarán con rostro y voz en la sección El periodismo es pasión, en donde las y los internautas encontrarán breves vídeos donde los primeros nos cuentan qué les gusta del periodismo. Les compartimos que hemos conservado además los espacios de servicio, como la Biblioteca, el Directorio de Periodistas y agregamos nuevos como Discriminación y racismo y Prevención de linchamientos, donde podrían ser descargados materiales audiovisuales y radiofónicos que contribuyan a la solución de esas problemáticas.

Esperamos que esta Sala de Redacción renovada les ofrezca más y sea cada día más un espacio útil en términos de facilitar la Libertad de Expresión en Guatemala.

Quiché, un ejemplo para construir

Evelyn Blanck, Sala de Redacción

Dos semanas después de los violentos sucesos entre periodistas en Quiché pareciera que la calma ha vuelto. Pero, ¿fue esto en realidad un torbellino que ha desaparecido? Formularse la pregunta es válido, sobre todo por la violencia mostrada en los hechos acontecidos: Violencia verbal, violencia física, intimidaciones y amenazas.

En torno a los incidentes desatados el 15 de enero pasado, durante una visita del dirigente del Partido Patriota. Otto Pérez Molina, hay varios fenómenos que revelan características actuales del quehacer periodístico guatemalteco –y de las y los periodistas–, las cuales abrirían interesantes fuentes de discusión en cualquier sociedad democrática.

Una de estas características es el trato discriminatorio de las y los periodistas capitalinos hacia los departamentales, problema que fue mencionado en las discusiones generadas en este espacio a raíz de los incidentes.

No es la primera vez que escuchamos las molestias de los colegas departamentales por las expresiones discriminatorias. Durante una reunión realizada a finales de 2010 con amigos chiquimultecos, uno de ellos compartía sus experiencias: “(…) por ejemplo, los periodistas de provincia –que nos dicen en la capital, verdad–, y nos ven hasta así despectivamente, porque yo he ido cuando vamos, por ejemplo, al Congreso, a una cobertura periodística, ellos hasta tienen marcados sus espacios y quieren privilegios que no hay…”

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A oídos de la Relatora

Catalina Botero, Relatora Especial para la Libertad de Expresión, de la Organización de los Estados Americanos (OEA), efectuó un viaje “académico” —no oficial— a Guatemala del lunes 20 al jueves 23 de septiembre.

Intercambios con directivos de medios, así como con activistas en pro de la transparencia en el uso de los recursos públicos y participación en un foro sobre libertad de expresión, diversidad y pluralismo fueron parte de su apretada agenda.

Sin embargo, pese a varias solicitudes públicas, Botero no pudo conversar con reporteros y conocer las dificultades a las que éstos se enfrentan, día a día, en el ejercicio de su labor.

Así, algunos periodistas de regiones fronterizas con México, del oriente y del atlántico guatemalteco no pudieron comentarle a la abogada colombiana que han tenido que autocensurarse para no ser víctimas de las represalias de sectores vinculados al crimen organizado, el narcotráfico en particular.
Botero tampoco pudo escuchar que el monopolio de hecho en la televisión abierta es fortalecido por el Organismo Ejecutivo, que destina la mayor cantidad de sus recursos para propaganda en el consorcio cuyo propietario es Ángel González, definido en algunos sectores del partido oficial como “el ángel de la democracia”.

Debido a la naturaleza de su visita, la Relatora no pudo anotar que las agresiones contra periodistas se han incrementado y que el Ministerio Público demuestra inoperancia para investigarlas y acusar a quienes las perpetran. Por ejemplo, los allanamientos a las oficinas de Centro Civitas y a la casa del periodista Marvin del Cid, en mayo y junio, respectivamente. O la retención y la amenaza de ser linchados —el 28 de junio, en Retalhuleu— que sufrieron cuatro periodistas a manos un grupo de pobladores que bloqueaba un tramo carretero.

Hoy por hoy, señora Relatora, Guatemala se está convirtiendo en una de las naciones más peligrosas para el ejercicio del periodismo, quizá sólo superada por México y Honduras. Es imprescindible que usted visite oficialmente el país.

Cobertura de violencia y libertad de expresión

Divulgar en su portada, el 13 de agosto, una imagen sensacionalista con cadáveres apilados en una morgue le costó ser sancionado al diario venezolano El Nacional. A ese y a otros periódicos un tribunal les prohibió, cuatro días más tarde, “publicar imágenes de contenido violento, sangriento, grotesco, bien sea de sucesos o no, que de una forma u otra vulneren la integridad psíquica y moral” de menores de edad, de lo cual El Nacional informó en su página principal con varios rótulos de “censurado”.

“La protección del bienestar físico y emocional de la infancia es un objetivo central de la comunidad de naciones, pero este propósito no puede dar lugar a la imposición de medidas de censura previa por fuera del marco establecido por el derecho internacional de los derechos humanos, o a restricciones tan ambiguas que puedan servir de pretexto para impedir la publicación de informaciones e ideas que la sociedad tiene derecho a recibir, pese a ser molestas o incómodas para algunos funcionarios públicos”, anotaron al respecto los relatores de la ONU y la OEA en materia de libertad de expresión, Frank La Rue y Catalina Botero, respectivamente.

La prensa, ya se sabe, no inventa los hechos violentos, aunque por la forma en que los reporta muchas veces es acusada de promover el morbo y el miedo social. Casos con el de El Nacional sirven para confirmar que los medios nos equivocamos con frecuencia y que las y los periodistas incurrimos en algunas prácticas que son adversadas por sectores ciudadanos. Sin embargo, los mecanismos para corregir las malas prácticas que cometemos deberían ser propuestos y discutidos dentro del gremio, y no impuestos por ninguna entidad oficial.

Aunque no resolvería de una vez los problemas, consideramos que la elaboración y adopción de códigos deontológicos robustecerían a la prensa y a los y las periodistas. Seguir postergando esta discusión alimenta los deseos de diversos sectores —empresariales, religiosos o políticos— de controlar lo que consideran, como en Venezuela, “desbordes periodísticos”.

Aporte cívico de La Hora

Desde el 22 de abril el diario La Hora incluye dentro de sus páginas un mensaje cuyo lema es “De nosotros depende. Es la hora de reaccionar” mediante el cual se pretende instar a la participación ciudadana contra la inseguridad y la violencia.

“Porque si algo nos falta como país es tener un pueblo capaz de reaccionar, de ser solidario con el dolor y la necesidad ajena, que pueda ejercer la necesaria presión para que los funcionarios sientan que no pueden seguir actuando con tan grave indiferencia porque enfrente hay un colectivo dispuesto a exigirles que cumplan con su deber”, explicó ese día en su columna de opinión el director general de ese medio, Oscar Clemente Marroquín.

La campaña cívica de La Hora —el diario privado más antiguo del país, en la calle desde 1920— fue ideada en el marco de la elección de fiscal general y jefe del Ministerio Público, en medio de la preocupación ciudadana por los altos índices de hechos delictivos.

Cada uno de los mensajes del vespertino insta a lectores y lectoras a no quedarse de brazos cruzados frente a la impunidad y actuar de cualquier manera, siempre dentro del marco de la legalidad. Por ejemplo, con el fondo de una noticia sobre el incremento de los femicidios en los últimos seis años, se pregunta: “¿Cuántas personas sufren al perder a una esposa, hija o madre?, ¿Cuántas encuentra la justicia en Guatemala?”.

La iniciativa es oportuna y sirve para reafirmar que las y los periodistas, como parte de la ciudadanía, nos debemos a quienes nos leen, nos ven en la televisión o nos escuchan por la radio, pues compartimos intereses, aspiraciones y necesidades. Sin embargo, en medio de estos mensajes pertinentes, hay otros cuya formulación, creemos, debe ser mejor estudiada, debido a que son difundidos en una sociedad en donde aún se utiliza el linchamiento, como forma desesperada de combatir a la delincuencia. Por ejemplo, al inicio de la campaña de La Hora, no faltó quienes consideraran que era un llamado a tomar la justicia de mano propia por el lema “De nosotros depende. Pasemos la voz, es la hora de reaccionar”.

Fuera de esto, consideramos que el aporte del periódico es invaluable, en momentos en que la impunidad provoca que amplios sectores, atizados por políticos oportunistas, clamen por la aplicación de la pena muerte y aplauden las ejecuciones extrajudiciales. Lo que la ciudadanía guatemalteca requiere es esperanza y no mensajes que la polaricen más. Bien por La Hora.

Javier Darío Restrepo responde a Sala de Redacción

Javier Darío Restrepo, experto colombiano en ética, responde en el consultorio ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano a la pregunta planteada por Sala de Redacción:

¿Es ético que un periodista acepte un cargo público y acepte responsabilidades para las que no está suficientemente preparado?

Cambio de época

Hace ya seis años y medio, en abril de 2003, la revista Sala de Redacción surgió con el objetivo de convertirse en referente del periodismo guatemalteco, pero más que como un fiscalizador como un espacio para la discusión y el debate de temas inherentes a la actividad periodística, la cual debe ser incluyente y democrática. Cuatro fueron los resortes principales…

Sobre femicidio y cobertura mediática

El femicidio, como continuum de violencia que culmina generalmente en la muerte violenta, es un delito basado en la consideración de que las mujeres son seres inferiores cuyas vidas son propiedad privada de los hombres. Mensajes como “la maté porque era mía” o “porque me era infiel” están fundamentados en ese imaginario y lo refuerzan cotidianamente…