Las invisibles: las mujeres migrantes

¿Quiénes son estas mujeres?
En Bélgica se estudió a mujeres colombianas y ecuatorianas, que tenían entre 10 y 20 años de vivir en ese país y quienes migraron por diversas razones. Son mujeres que provenían de la clase media en sus países de origen y poseían estudios a nivel medio y superior.

En España, Hernández investigó a mujeres jóvenes de 25 a 35 años, provenientes de Guatemala, de extracción pobre y baja escolaridad, que tenían de 6 meses a 7 años de haber migrado. La mayoría de estas mujeres llegan con visa de turista y se quedan sin documentos, lo que las obliga a insertarse al servicio doméstico. Como razón inicial para migrar manifiestan la necesidad de encontrar un trabajo que les permita sacar adelante a sus hijas/os que han dejado en su país. Posteriormente identifican otras razones, como huir de la violencia intrafamiliar, lograr independencia personal de su familia paterna, hartazgo de la situación política y de inseguridad en Guatemala.

Camino a Cairo + 20

La delegación gubernamental guatemalteca estuvo integrada por María André de León Trejo, representante del Ministerio de Relaciones Exteriores, y Cony Taracena, representante de la Guatemala en las Naciones Unidas, sede en Nueva York.

Guatemala en su informe enfatizó que está invirtiendo en los jóvenes, que se promueve la igualdad entre los géneros, que aún la economía nacional no genera suficientes fuentes de trabajo para los jóvenes, que se trata de incentivar a los jóvenes para que posterguen las relaciones sexuales, que se está promoviendo la educación sexual (por medio del Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve) y Escuelas Abiertas. Sin embargo, no se mencionó datos estadísticos sobre la salud sexual y reproductiva de este segmento de población. La delegación se sumó a la Declaración Final.

Dos miradas sobre el uso del lenguaje

El 18 de marzo, el periódico Siglo 21 publicó en la sección Voces del Mundo, una nota de El Tiempo, titulada Ellos, ellas y la gramática (pág. 14) en la que se comenta, lo que ellos llaman, el alboroto formado por las declaraciones de Ignacio Del Bosque quien “repudia los artificios que se han inventado para compensar la supuesta discriminación sexual del español y denuncia que desde determinados sectores, a menudo financiados con dineros públicos, se pretende forzar cambios en la estructura de la lengua que deforman su modo de ser”.

Añade la nota que el documento publicado por Del Bosque recibió el apoyo masivo de la Real Academia Española y de otras academias de la lengua. Con esto, el autor de la nota busca darle peso a los criterios emitidos por del Bosque acerca de guías de redacción con lenguaje incluyente.

Una medida arbitraria

Antes de existir la SEPREM, una de las propuestas era la creación del Instituto de la Mujer, como un ente autónomo. Esta propuesta se quedó congelada en el Congreso de la República, y por ello el Presidente de ese entonces, Alfonso Portillo, creó mediante acuerdo gubernativo la Secretaría de la Mujer. Si bien ésta no era el mecanismo más idóneo, precisamente porque puede ser eliminado por medio de otro acuerdo gubernativo, en los tres períodos, con altas y bajas, la existencia de la SEPREM permitió impulsar una serie de acciones que apuntan a la mayor participación política, social y económica de las guatemaltecas.

Los medios de comunicación, incluso los alternativos, transmitieron información sobre este dilema caracterizándolo como un “pleito de mujeres” ante lo cual, el jefe de gobierno toma una decisión aparentemente legal, para evitar consultar a la población aglutinada en las organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres.

De protagonismos femeninos

En dos medios matutinos, para mi sorpresa, encontré dos piezas informativas en las que se entrevistaba a mujeres que en este momento ocupan altos cargos en el aparato estatal. Dos páginas dedicadas a ellas. Me parece loable que la mirada de los medios se interese por las mujeres, ya que como se ha evidenciado con diversos estudios, ellas como género han permanecido discriminadas a lo largo de toda la historia.
Sin embargo me parece curioso que, a pesar de que percibo un gesto de buena voluntad en los editores al ubicar en la agenda mediática estos temas, se les hacen preguntas no en su calidad de funcionarias, sino indagan, por ejemplo, si tuvieron o no dificultades para llegar a donde están en la actualidad, lo cual a estas alturas es intrascendente. Algunas dirán que no, otras que sí. El ajo del problema lo encontramos en todo el sistema social y político, el cual está diseñado para seres humanos hombres. Así que cuando una mujer quiere irrumpir en este orden, lo que le toca es jugar las reglas del juego que ahí se establecen, tendrá que trabajar más, esforzarse más y demostrar —lo cual es desgastante— que es eficiente, para que la acepten.

Una medida arbitraria

Antes de existir la Seprem, una de las propuestas era la creación del Instituto de la Mujer, como un ente autónomo. Esta propuesta se quedó congelada en el Congreso de la República, y por ello el Presidente de ese entonces, Alfonso Portillo, creó mediante acuerdo gubernativo la Secretaría de la Mujer. Si bien esta no era el mecanismo más idóneo, precisamente porque puede ser eliminado por medio de otro acuerdo gubernativo, en los tres períodos, con altas y bajas, la existencia de la Seprem permitió impulsar una serie de acciones que apuntan a la mayor participación política, social y económica de las guatemaltecas.

Los medios de comunicación, incluso los alternativos, transmitieron información sobre este dilema caracterizándolo como un “pleito de mujeres” ante lo cual, el jefe de gobierno toma una decisión aparentemente legal, para evitar consultar a la población aglutinada en las organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres.

Jóvenes Comunicadores

Por: Olga VIllalta
Periodista Feminista

Estudiantes de Ciencias de la Comunicación
Ha comenzado el 2012, y con él decenas de jóvenes estudiantes de los diversos niveles regresan a las aulas universitarias. Este año, fui invitada a impartir dos cursos en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar, con cierto temor y gusto me dispongo a acompañar a las/os integrantes de dos cursos en el proceso de aprendizaje en el campo de la comunicación, el cual me parece siempre apasionante.
El primer grupo con el que comienzo la aventura, son de primer año, la mayoría acaban de dejar el ambiente de estudios secundarios, algunos se han cambiado de carrera y ya saben como es la Universidad. Inicio la clase preguntándoles por qué escogieron la carrera de Comunicación. Algunas/os manifiestan que les gusta comunicar ideas, que son habladores, otros porque les gusta escribir o porque quieren hacer periodismo deportivo, los menos todavía no saben por qué. Un par de estudiantes, con mucha seriedad, expusieron que no les satisface el periodismo actual, por lo tanto quieren hacerlo mejor. Este ejercicio me permitió acercarme a las inquietudes de estos jóvenes y valorar sus sueños.
Al finalizar esta primera clase, reflexiono sobre los planteamientos de estos futuros comunicadores, y lo primero que salta ante mis ojos y oídos es la diferencia de intereses de acuerdo al sexo. La mayoría de las jóvenes manifestaron interés en la televisión a diferencia de los muchachos que les interesaba la producción de programas televisivos o de radio. Detrás de estos intereses puedo intuir que lo que las chicas buscan es el oficio de presentadoras de noticias en la televisión, labor para la cual quienes dirigen toman en cuenta el aspecto físico de acuerdo a los cánones de belleza que predominan en nuestra cultura occidental. Los jóvenes buscan espacios en los cuales pueden desarrollar la creatividad y habilidad para dirigir en los medios. Podríamos decir que se cumple el mandato de ser un ser para otros –gusto y deleite de las/os televidentes- asignado a las mujeres y el ser para si, mensaje recibido por los hombres.
Otro elemento que emergió en el discurso de las/os jóvenes fue su rechazo a leer los medios impresos. En años anteriores he escuchado esta misma aversión en alumnas/os de la Universidad de San Carlos. ¿Tendrá que ver esto solo por el auge de internet o los periódicos son tan malos que no resultan atractivos a esta generación? Sería bueno discutirlo.