Publicado & archivado en De la casa, Opiniones.

Carlos Morales Monzón*

La campaña electoral ya está en marcha. El Tribunal Supremo Electoral –TSE- dio el banderazo oficial de salida el pasado 2 de mayo. Sin embargo, antes de esa fecha, los partidos políticos hicieron gala de derroche financiero y hasta de absurdos sexuales, en lo que se ha dado en llamar campaña anticipada, principalmente para Semana Santa.

Pero los partidos políticos cuentan con varios cómplices en esta burla legal. En primer lugar, con la misma ley, pues carece de los dientes afilados que le den al TSE la fortaleza necesaria para hacer sentir su peso de fiscalizador. ¿O no resulta absurda la imposición de multas por US$125 dólares a quienes violan la prohibición de hacer campaña antes de que se convoque a las elecciones?

Esto no es todo. La ley favorece callejones “legales” para que los partidos puedan burlar la norma. Uno de ellos es el no sancionar a quienes se presten al juego de la campaña previa a la convocatoria.En este grupo están los medios de comunicación, que valiéndose de la falta de sanciones a quienes publican la propaganda, hacen uso de su libertad constitucional de empresa. Ello genera un perverso juego antiético, pues mientras en los espacios informativos se generan críticas a la práctica de la campaña anticipada de los políticos, en sus espacios comerciales aceptan la propaganda que les genera ingresos para sus finanzas.

Nadie puede decir que lo anterior sea ilegal, pero sí se puede hablar de acciones deontológicas criticables. Por ello, y para evitar esas disyuntivas, es necesario y urgente acelerar un proceso de reformas a la ley electoral y de partidos políticos.

Si se es más específico en cuanto a la prohibición de la propaganda política antes de que se haga la convocatoria al proceso electoral, entonces los medios no podrían publicar absolutamente nada y, de paso, se anularía esa dualidad chocante que genera problemas éticos.

El dinero para los medios ya vendrá, sin problemas, una vez oficializada la convocatoria. Pero antes, serán lo que en la mayoría de sus audiencias se espera de ellos: ser el ejemplo de acción para tener la solvencia moral suficiente para la crítica.

Mi memoria quizás no sea la mejor, pero recuerdo muy bien que en la historia reciente solo un medio se ganó esa credibilidad de su público al no aceptar propaganda política, ni antes ni después de la convocatoria: la revista Crónica, en su primera época.

*Periodista y catedrático universitario.

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