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Por Evelyn Blanck

 

Era un soleado 25 de abril de 2015 en la ciudad de Guatemala. Miles de personas se dieron cita en la Plaza Central para exigir la renuncia del binomio presidencial. No solo era visible el hartazgo de las y los manifestantes hacia la dirigencia del Ejecutivo, sino también una especie de euforia por haberse lanzado al fin a las calles, a expresar su sentir sobre la clase política guatemalteca.

Horas después, incluso ya entrada la noche, muchas personas aún expresaban activamente sus vivencias durante la jornada, por medio de las redes sociales. A eso a las 19:23, la periodista Cindy Espina publicó en su sitio de Facebook un tuit emitido desde la cuenta de Nómada, en el que su colega Martín Rodríguez, director de ese medio, publicó: “No todos los periodistas salieron a protestar. Por censura en sus medios. Sí estuvo @PlazaPúblicaGT @contrapodergt @lahoragt #RenunciaYa”. Espina comentó: “Esto también es desinformar, Nómada La mayoría de reporteros de eP estaban presentes junto a su familia. También vi muchos compañeros de PL”.

Durante el intercambio entre periodistas que aclaraban al director de Nómada que sí estuvieron presentes en la marcha, se mencionó también el derecho de las y los periodistas a participar de la protesta ciudadana y se ratificó que aparentemente sí se produjeron prohibiciones, pero solo a miembros del telenoticiero Guatevisión. Alguno de los participantes en el intercambio aclaró que sí había visto colegas de ese medio en la Plaza.

Intrigados por el asunto de las aparentes prohibiciones, Sala de Redacción se comunicó con directivos del medio televisivo y recibió la explicación siguiente: Cuando se produjo la marcha de las camisas blancas exigiendo justicia por el asesinato de Rodrigo Rosenberg, personal del telenoticiero participó en dicha actividad. Como resultado, se señaló al medio de haber conspirado contra el gobierno de Álvaro Colom. Fue a partir de entonces que en Guatevisión se dictó una política de no participación en este tipo de actividades de rostros públicos del canal, con el fin de que no se viera comprometida su imparcialidad.

La explicación del telenoticiero abrió un caso de análisis interesante: ¿Puede la política de un medio, que busca asegurar su imparcialidad, restringir la participación ciudadana de los periodistas que laboran allí? De manera alguna es una discusión acabada. La credibilidad de los medios es el más preciado de sus bienes, y la participación ciudadana, la más valiosa herramienta de las personas para la democracia. Además, el debate en el caso específico de Guatevisión presenta un aspecto interesante: La mayoría de sus reporteros, si no todos, son rostros públicos, por lo que la puesta en marcha de la política mencionada posee un alcance considerable.

Nuevos contextos

Las crisis políticas actuales han evidenciado que los llamados medios tradicionales ya no poseen el monopolio de la mediación social, específicamente de la política, si bien aún lo conservan en gran medida. La Internet y las redes sociales se han convertido en grandes canales de expresión ciudadana. Incluso han posibilitado un incremento de las exigencias de transformaciones del sistema comunicacional global, para asegurar los derechos a la comunicación y a la participación política de todas las personas. En este contexto, es más valorada la participación ciudadana y, por ende, la Libertad de expresión.

Hay ejemplos locales de cómo impactan estas transformaciones y revaloraciones. En Guatemala, cuando recién explosionaba el Facebook, hubo medios como Prensa Libre que durante un periodo no permitieron el acceso a esa red social a sus trabajadores desde sus equipos, presuntamente para evitar pérdida de tiempo laboral y que las opiniones expresadas por estos comprometieran al medio. La medida, implementada en el contexto de la instalación de un nuevo programa informático, desapareció y ahora varios periodistas de ese medio son muy activos a título personal en las redes. La política más importante del diario cuando las usan institucionalmente es que solo pueden publicar información, no opinión, comenta su Community manager, Axel Vicente.

Pero si volvemos al caso de Guatevisión, ¿por dónde debería ser encausado el debate? Este propone, sin lugar a dudas, una discusión ética, pues se trata de ponderar con respecto a los intereses organizacionales, la credibilidad, o los individuales/sociales, la participación ciudadana y la Libertad de expresión.

En la visión de Gustavo Berganza, periodista, columnista de Contrapoder y catedrático universitario, no hay contrapuntos. Él opina que el de “manifestarse sobre temas nacionales es un derecho ciudadano que no debe limitarse. Es un componente de la ciudadanía. Es absurdo que sean precisamente los medios, que se suponen son vehículos para formación de ciudadanía, los que contradigan su función limitando ese derecho”.

Olga Lozano, Editora creativa de la Silla vacía, medio colombiano, parte de la consideración del rol público de quienes ejercen el periodismo: “No se trata de un tema de derechos y deberes, creo yo, sino de uno ético y de transparencia con las audiencias. No se trata de que los periodistas no tomemos decisiones, no tengamos análisis propios o estemos impedidos para ser ciudadanos activos. Lo que se exige es claridad, sobre todo en cuanto a si sus afinidades personales impactan en el cubrimiento que realiza habitualmente en su actividad periodística. Si los periodistas deciden abrir espacios de expresión propia, para fijar posturas o lanzar opiniones, deben identificarlos como tales y dejar claro que lo allí contenido no representa la postura de los medios para los que trabaja”.

Las consideraciones de June Erlick, periodista estadounidense, editora en jefe de ReVista, The Harvard Review of Latin America y autora del libro “Desaparecida”, la historia de Irma Flaquer, muestran que incluso hay aspectos culturales que impactan en el tipo de decisiones adoptadas, como la de la objetividad: “En los Estados Unidos, ha existido mucha controversia sobre este punto. Hay editores que no votan porque creen hay un conflicto de interés. La regla mas general hoy en día es que uno no debe ser activista en un campo que tiene que ver con tu fuente. Por ejemplo, si cubres la fuente de educación, no debes estar protestando por mejores escuelas ni apoyando el sindicato de maestros. Eso aplica dentro y fuera de horas laborales. Igual, si cubres una comunidad, no debes tener un puesto político, pagado o voluntario. Evita cualquier cosa que parece conflicto de interés, o un punto de vista comprometido, en una área en que debes ser lo más objetivo posible”. Ella opina que la libre expresión de un periodista puede reñir con esa pretendida objetividad y, por eso, “la gente que debe tener opiniones firmes y públicas trabaja en las páginas editoriales”. También, afirma que es válido el derecho del medio a buscar proyectar una imagen imparcial restringiendo la participación del periodista, “pero solamente si la posición activista tiene que ver con la fuente [que cubre]”.

Para periodistas que trabajan en contextos políticos más complicados, la toma de decisiones es también más compleja. Carmen Sofía Alonzo, Reportera de Economía y Negocios del diario El Nacional, de Venezuela, expresa que en el caso de su país, “que está sumamente polarizado, dividido en dos mitades, cumplir con las obligaciones con los lectores, y ejercer nuestro derecho a expresarnos, es en ocasiones complejo y difícil. Con frecuencia toca cubrir una noticia con la que no se está de acuerdo. Pero, hay que hacer el esfuerzo por imponer las obligaciones con los lectores, pues como periodistas ese es el deber ser. Sin embargo, no todas las veces se logra. La polarización es muy marcada. A veces los medios son usados como desahogo del descontento”.

Alonzo destaca que, de todas maneras, quienes laboran en un medio de prensa ya tienen la ventaja de contar con una plataforma para expresarse como ciudadanos: “no todos tienen ese portaaviones. Ejerciendo ese derecho, cumplimos con nuestros lectores. Pero no hay que perder de vista que en nuestro rol de periodista no podemos contaminar las informaciones con opiniones, juicio o críticas personales; no es ético”.

Para algunos, entonces, los derechos no se negocian. Para otros, es posible analizar la situación en una escala de grises, tomando en cuenta las necesidades organizacionales, culturales y de los públicos. Según esta última visión, lo deseable podría ser que las decisiones éticas fueran adoptadas primando la participación de las y los periodistas que laboran en los medios, permitiendo con esto extender límites y no imponer restricciones, y tratando de asegurar que no primen los intereses ciudadanos sobre los organizacionales.

Un Comentario para “¿Credibilidad del medio versus participación ciudadana de periodistas?”

  1. Mario Morales

    En el medio donde trabajo existen ciertas políticas en cuanto al uso de redes. Comparto que cada quien es responsable de sus opiniones en sus cuentas personales. No estoy de acuerdo con sensurar ni limitar a los periodistas en asuntos relacionados con la participación ciudadana porque viola los derechos fundamentales y es contradictorio puesto que los mismos medios abogan porque no se vulneren los derechos de la población.

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