Sala de Redacción
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Publicado & archivado en De la casa, Opiniones.

Por Carlos Morales Monzón*

Los medios de comunicación son, por excelencia, fuente de información básica para la toma de decisiones. Ello significa que tienen una enorme responsabilidad para con su audiencia, pues ésta basará buena parte de sus decisiones en los datos que reciba a través de los medios de comunicación.

Los procesos electorales, ya que estamos en medio de uno, pueden ser un ejemplo perfecto para demostrar lo anterior. Sin duda alguna, Manuel Baldizón, candidato presidencial del partido Libertad Democrática Renovada (LIDER), se mantuvo en la picota de las preferencias electorales durante mucho tiempo gracias a la millonaria inversión que hizo en los medios de comunicación. Sí, una inversión que se vio reflejada en pauta propagandística, pero también, en algunos casos, en favores que los medios le hacían publicando o no informaciones que podían afectarle positiva o negativamente.

El primero de los casos no tiene absolutamente nada de extraño ni de incorrecto, para ello existen espacios de comercialización en los que suele agregarse al mensaje político la frase CAMPO PAGADO. Pero el segundo sí, pues lleva implícito un manejo antojadizo de la información que atenta contra la libertad de informarse correctamente que tienen las audiencias de estos medios.

Si los medios en realidad quieren ser vehículos para fortalecer la democracia de este país, deben abandonar esas prácticas que, además, atentan gravemente contra la ética periodística y contra su propia credibilidad, última cualidad que es la base de sustento para un medio verdaderamente responsable y profesional.

Los medios de comunicación no pueden jugar a ser jueces y parte en materia informativa. Y si pretenden hacerlo, pues deben ser claros y abiertos para no engañar a nadie. No deben fomentar esa dualidad perversa de criticar las acciones corruptas de los gobernantes, los políticos, los empresarios y la sociedad civil, si a la par también favorecen actitudes de esa naturaleza.

Por ejemplo, no puede criticarse al gobierno por invertir millonarias cifras en propaganda, si esa se difunde en sus páginas, espacios o pantallas. Tampoco puede criticarse a los partidos políticos que sobrepasan sus techos de campaña, si ese dinero, en su mayoría, es invertido en los mismos medios de comunicación.

Los medios, colectivamente, deben entender que actuando correctamente no sólo mantendrán incólume su credibilidad, sino cumplirán con su papel de informar verazmente. Los clientes, como suelen llamarles a quienes pautan en sus espacios, deberán aceptar sus condiciones, pues de lo contrario no tendrán donde transmitir sus mensajes. Pero esta debiera ser una actitud colectiva, pues con uno sólo que se salga de esta línea, los corruptos y extorsionistas encontrarán asidero para sus turbias intenciones. Si todos actúan en bloque, la publicidad y la propaganda estarán siempre allí. Y los ganadores seremos todos, porque los anunciantes tendrán donde ofrecer sus productos, servicios o ideas, el público recibirá información de interés público y también comercial, mientras los medios contarán con los recursos necesarios para financiarse.

* Periodista y Profesor Universitario.

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