Jaime Napoleón Jarquín, periodista de Jutiapa asesinado en marzo de 2013.  Imagen cortesía de la familia Jarquín Salguero.
Jaime Napoleón Jarquín, periodista de Jutiapa asesinado en marzo de 2013. Imagen cortesía de la familia Jarquín Salguero.

Publicado & archivado en Portada.

En Guatemala citamos con frecuencia estadísticas de periodistas agredidos e incluso asesinados. Sin embargo, pocas veces nos detenemos para reflexionar en las consideraciones más importantes: ¿Quiénes fueron? ¿Qué legados dejaron? O mejor aún, ¿por qué debemos exigir justicia, después de sus asesinatos? Por eso hoy, antes de hablar de los casos judiciales, preferimos hablar de las personas.

El clima de inseguridad para el ejercicio periodístico en el país se agrava. Esa fue la preocupación que organizaciones que defienden Derechos Humanos manifestaron en la audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), celebrada el 28 de octubre pasado, en Washington.

Ese día, Antonio Arenales Forno, responsable de la Secretaría de la Paz y de la Comisión Presidencial Coordinadora de la Política del Ejecutivo en materia de Derechos Humanos (Copredeh), negó que el Estado fuese cómplice de agresiones en contra de periodistas y comunicadores. El funcionario dijo también que las denuncias de sociedad civil eran “erróneas y calumniosas”.

No es la primera vez que un alto funcionario del Gobierno niega que el gremio periodístico esté amenazado. En agosto de 2013 el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla, aseguró prontamente que los asesinatos de los cuatro periodistas ocurridos ese año, “obedecieron a motivos de tipo personal”.El funcionario ofreció esas declaraciones el día en que se supo del asesinato de Carlos Alberto Orellana Chávez, periodista de Suchitepéquez.

Las afirmaciones de los funcionarios del actual Gobierno contrastan con los registros de la Unidad fiscal de delitos contra periodistas del Ministerio Público (MP). La Unidad reportó hasta el 30 de octubre 70 denuncias por ataques a periodistas e identificó que la mitad de los agresores son funcionarios estatales, de estos, la mayoría son agentes de seguridad pública.

Además, conforme el avance en las investigaciones de la fiscalía por los asesinatos de los cuatro periodistas en Zacapa, Jutiapa (2) y Suchitepéquez, se ha corroborado que sus muertes están relacionadas con su trabajo periodístico.

Estos asesinatos en 2013 y el incremento de las quejas por los ataques recientes, investigados por la unidad fiscal en relación con el año anterior, evidencia el alto grado de violencia que impacta negativamente en el ejercicio libre de la prensa en el país.

Entretanto, el Programa de Protección de periodistas, lanzado en noviembre de 2013, aun no provee de un mecanismo que proteja efectivamente a los trabajadores de la prensa.

Por Ligia Flores y Herberth Pineda

 Más de un año hace que asesinaron a Luis Alberto Lemus Ruano (61), Jaime Napoleón Jarquín (73), Carlos Alberto Orellana Chávez (72) y Luis de Jesús Lima (68), periodistas de Jutiapa (los dos primeros), Suchitepéquez y Zacapa, respectivamente. El proceso de investigación en la Unidad fiscal de delitos contra periodistas del MP, aunque lento, avanza.

En relación con los asesinatos en Jutiapa, hubo una captura de un presunto sicario de la banda “Cristo Negro”, que la fiscalía vincula con la muerte de los dos periodistas. Sobre la muerte del periodista de Orellana Chávez, las líneas de investigación podrían vincular otros ataques contra periodistas ocurridos recientemente.

El caso de Zacapa es más complejo. La muerte del periodista podría estar relacionada con otras muertes en el departamento, perpetradas por una misma banda de sicarios. En los cuatro expedientes que investiga la fiscalía habría indicios que vinculan a políticos con la muerte de los periodistas.

En esta edición de noviembre de Sala de Redacción compartimos relatos sobre la vida de los cuatro periodistas asesinados. Todos pertenecieron a una generación autodidacta que se dedicó al periodismo y a la locución atendiendo a un llamado vocacional. Algunos contribuyeron con la formación de otras generaciones de periodistas, como relataron sus colegas.

Luis Lima, “el mejor locutor de Zacapa”

Luis de Jesús Lima fue un periodista y locutor con mucho prestigio en la sociedad zacapeneca de finales de los años 70 y comienzos de la década del 80. Trabajó durante diez años en la capital para varias radioemisoras nacionales de renombre como La Voz de las Américas, Nuevo Mundo, La Cadena Azul y Radio Emperador, pero luego del terremoto de 1976 regresó a Zacapa. De vuelta en su departamento, como usufructuario de la frecuencia radioeléctrica de Radio Sultana de Oriente, inició una etapa que dejó huella.

Ser el director de una radio local y el prestigio que tenía por haber sido locutor en la capital le habría valido para entrar en círculos sociales exclusivos. Cuentan sus colegas que fue de los pocos periodistas que pudo convivir en actividades sociales de la Iglesia y el Ejército, en días en que el país estaba en guerra. “Todos los sectores sociales lo querían”, dicen algunos conocidos. Quizá su experiencia como locutor en Radio Miramundo, la voz del Ejército, le hubiese servido para ser aceptado en esos espacios.

Luis Lima fue un autodidacta que se dedicó al periodismo y a la locución durante 48 años, según la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG). Fue un maestro de profesión que enseñó por vocación a locutar a más de una decena de colegas; era un modelo a seguir, dicen periodistas que trabajan para medios e instituciones locales en la actualidad.

Rolando Pernillo Delgado (33), vocero de la comuna de Zacapa conoció a Lima en 1995, gracias a su padre, Rolando Pernillo Ardón, locutor en Radio Sultana, quien había aprendido el oficio con las enseñanzas de Lima, por eso, dice el relacionista de la comuna, sabía que Lima era un maestro nato que no rehusaría abrirle espacio en la radio a un muchacho de 14 años.

Mario Mendoza, Hugo Guillemo Zabaleta y Édgar Galindo son otros reconocidos personajes en Zacapa que se dedicaron a la locución, después que Lima les brindó la posibilidad de incursionar en Radio Sultana. Juan Carlos Aquino, corresponsal para el departamento oriental de Nuestro Diario, fue otro discípulo de Lima con quien trabajó durante muchos años en la radio.

“Un padre putativo

Rolando Pernillo Ardón conoció a Lima a los 17 años. Asegura que corrigió su mal vocabulario y adquirió el hábito de la lectura a raíz de los consejos que Luis Lima le ofrecía todo el tiempo. El locutor, ahora retirado, convivió durante 35 años con Lima, por eso, asegura, lo estimaba como a un padre putativo.

“Una vez, cuando (Lima) narraba un partido de futbol en el estadio de Zacapa Valentín del Cid, ante la emoción de la jugada gritó ¡gol!, pero la pelota no entró. Para distraer a la audiencia de su error comenzó a decir bobasadas y siguió como si nada con la narración”, recuerda Pernillo.

Lima era creativo y jocoso durante las transmisiones de sus programas o las narraciones de partidos de futbol. Tuvo personajes muy famosos. Uno de ellos, Chemita pocasangre, era el protagonista de su programa de música popular en la radio. Fue bastante versátil, pues también condujo un programa llamado Charlando con el ama de casa y otro muy famoso que nombró Cita con lo desconocido, en el que contaba historias sobre Ovnis. “Hasta hablaba de espiritismo (en la radio)”, comentan sus colegas.

“Güicho inventaba mucho, con sus babosadas uno estaba siempre riéndose”, dice Pernillo Ardón. Una de las anécdotas con las que se recuerda a Luis Lima es la del Brindis del bohemio, para Navidad. Ocurrente como siempre, dedicaba letanías y rimas a cada locutor.

Luis Lima también fue el primer locutor que comenzó a narrar en las ferias, jaripeos y partidos de futbol. “Fue muy aceptado por la gente porque era una novedad que eso se hiciera”, explica Pernillo Ardón.

El entierro de Luis Lima fue acompañado por una multitudinaria cantidad de personas. Dicen que se evidenció el sentimiento de la gente por haber perdido “al mejor locutor de Zacapa”.

Carlos Orellana, “como un tábano sobre la ciudad”

Carlos Orellana Chavez, periodista de Suchitepéquez, fue asesinado en agosto de 2013. Imagen tomada de www.prensalibre.com

Cada mañana, Carlos Alberto Orellana Chávez, de 72 años, tenía una rutina conocida por muchos. A diario salía de casa desde temprano hacia un parque público a dos cuadras y media de los juzgados, ubicados en residencial Villa Linda, zona 2 de Mazatenango, lugar poco concurrido, rodeado por predios baldíos. Allí aprovechaba para ejercitar sus piernas para que la enfermedad que tenía no lo dejara inmóvil. Luego leía los periódicos y preparaba sus notas para su programa de opinión transmitido por el canal local Óptimo 23, que conducía desde hacía diez años.

Cuando sus colegas y familiares recuerdan a Carlos Orellana hablan enfáticamente de la credibilidad que tenía ante la población, pese al episodio poco favorable en su paso por la alcaldía municipal de Mazatenango. En aquella experiencia, Carlos Orellana fue retirado de su cargo como alcalde municipal, por medio de un cabildo abierto en 2001. No era la primera vez que se interesaba en la política. Su primer intento por alcanzar un puesto público lo hizo a los 18 años, con el partido de extrema derecha Movimiento de Liberación Nacional (MLN), pero debido a su juventud no recibió el apoyo que deseaba.

En el 2000 llegó a la comuna postulado por el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), pero a un año de su gestión los vecinos exigieron su retiro de la alcaldía, por presuntas anomalías en una auditoría en las finanzas de la municipalidad. En el cabildo abierto se determinó que Orellana debía dejar su cargo, pero un juzgado lo amparó y fue restituido un año después para que concluyera su período. En el ínterin, fue señalado de ser responsable de varios robos en comercios locales propiedad de vecinos que promovieron su destitución.

Al concluir su período como alcalde de Mazatenango su imagen pública estaba muy desgastada, asegura su hijo, Juan José Orellana Lepe, por ello se mantuvo alejado de los medios y de la política. En 2003 retomó el trabajo y se integró al canal local Óptimo 23, donde trabajó hasta el día de su muerte, el 19 de agosto de 2013.

Antes de eso, trabajó en Canal 11 y radio Nuevo Mundo, en la capital. En Mazatenango, Suchitepéquez, fue locutor en varios medios locales que transmitían en Amplitud Modulada (AM): Radio Indiana, La Campesina y Radio Victoria, donde llegó a ser el director. Al frente de Radio Victoria, apoyó a muchos jóvenes que ahora ejercen el periodismo de manera empírica.

“Don Carlos no tenía titulo de Periodismo o de Ciencias de la Comunicación, pero sí los conocimientos para diferenciar los géneros periodísticos. Organizaba la información con su buen criterio y su experiencia”, asegura Cristian Soto, periodista local y corresponsal de un medio nacional, quien conoció a Orellana como director de Radio Victoria.

Algunos periodistas lo recuerdan por su compromiso y la singular frase que usaba al inaugurar su programa de televisión: “Dios me puso sobre vuestra ciudad como a un tábano sobre un noble caballo, para picarlo y mantenerlo despierto“. Tal enunciado, según sus colegas, era muy acertado, pues el periodista “mantenía en alerta a los diferente sectores”.

El programa de Orellana De la radio a la televisión tenía mucha credibilidad. Prueba de ello, dicen sus allegados, fue la experiencia vivida durante las elecciones generales de 2011. El canal transmitió en vivo durante toda la jornada y Orellana estuvo al frente de los informativos. A sus colegas les sorprendió que la audiencia llamara durante la transmisión que hizo el canal hasta la madrugada del siguiente día. “Eran las tres de la mañana y las llamadas no dejaban de sonar, eso nos dejó ver que la función (periodística) de Carlos Orellana era importante”, cuenta otro colega.

Siempre decía que había que trabajar en días feriados y de descanso para que la población pudiera ver buenos programas, cuenta Nery Morales, conductor del programa Noticias y Más, quien sufrió un ataque en febrero de este año. Morales compartió con Carlos Orellana desde que este comenzó con su programa en Óptimo 23.

Por medio de su programa en la televisión Orellana se proyectó socialmente. Organizaba actividades caritativas y se pronunciaba siempre en rechazo a señalamientos de políticos, agresiones y ataques directos que otros periodistas sufrían en su departamento, como el ocurrido contra Fredy Rodas, corresponsal de AlDía. “Por eso, cuando fue sepultado decíamos que él era nuestro papá porque siempre nos defendía”, narra con nostalgia el periodista Soto.

Al terminar su programa en la televisión dejaba sonar la canción de Ricardo Arjona “Fuiste tú”. Sorprendidos sus colegas del canal por la insistencia de Orellana por escuchar la melodía, durante más de un mes, le preguntaron a qué se debía: “Nos dijo que estaba enamorado, fue poco tiempo antes de morir”, cuentan.

Hoy, Juan José Orellana Lepe, hijo de Carlos Orellana, es muy cauto al hablar. Asegura que su familia decidió tomar distancia del proceso de investigación. “No estamos involucrados bajo ningún punto de vista, desde un primer momento se lo dijimos al Ministerio Público”, advierte con dejo de recelo.

Su voz ya no se tensa cuando recuerda su niñez en compañía de su padre durante las transmisiones en cabina de Radio Victoria o durante los días en que Deportivo Suchitepéquez, jugaba como local en el estadio Carlos Salazar Hijo.

“Cuando el equipo jugaba de local salíamos desde las seis de la mañana para el estadio. Para que me dejaran entrar gratis mi papá me daba unos cables (que usaba en la transmisión). Ahí estaban los locutores y el propietario de la radio. Mi papá narraba las notas de los anunciantes. Fue muy bonita esa experiencia porque pasábamos todo el día juntos”, relata el abogado Juan José Orellana.

Las oficinas de Radio Victoria estuvieron ubicadas en la avenida de La Libertad, en el centro de Mazatenango, Suchitepéquez. A Juan José le gustaba mucho visitar a su padre en la cabina durante esa época. Recuerda que caminaba por un pasillo de unos10 metros de largo, desde la entrada hacia la cabina de cristal que estaba al fondo. Ahí encontraba siempre a su padre cuando era horario de las noticias o de los anuncios, le gustaba verlo narrar.

El día del asesinato de Orellana sus colegas estaban consternados. Les costaba creer que aquel hombre de 72 años, que se apoyaba en un bastón para caminar, había sido asesinado. “No se merecía haber sido arrebatado de esa manera. Él siempre le dio mucha importancia a la libertad de expresión y eso no le gustó a algún sector. Esa mañana no podíamos creerlo”, lamenta Cristian Soto.

Luis Lemus, el polifacético “Güicho”

Luis Alberto Lemus fue asesinado en abril de 2013. Imagen cortesía de la familia Lemus.

Luis Alberto Lemus fue asesinado en abril de 2013. Imagen cortesía de la familia Lemus.

Luis Alberto Lemus Ruano (62) fue un hombre de negocios que participó en política y en el periodismo. Sus colegas lo recuerdan como visionario y emprendedor. La familia de Lemus cuenta que desde pequeño fue trabajador. A los 10 años tuvo una venta de naranjas que llevaba a los campos de fútbol donde, además de comerciar, aprovechaba para jugar un poco.

También fue propietario de varias farmacias en la localidad, de una empresa de cable, de un canal de televisión, y poseía la licencia de una frecuencia radial en FM. Además, fue uno de los principales productores de café del departamento. Tenía entre sus planes, dice su familia, la construcción de un colegio

Como político,Lemus participó en tres procesos para elección de alcalde municipal de Moyuta, pero no logró llegar a la alcaldía. “La gente no pudo reconocer sus cualidades”, justifican sus colegas y amigos. Hizo sus primeros dos intentos 2003 y 2007, en el 2011 no pudo ganarle al político Roberto Marroquín, de Unión del Cambio Nacional.

Durante el gobierno de Álvaro Colom, entre 2008-2010, fue Gobernador de Jutiapa. Habría recibido ofertas de otros políticos para que ocupara una diputación, pero no la aceptó, según sus familiares, porque le interesaba trabajar en su municipio.

Allegados cuentan que en 2011 una jueza de asuntos municipales falló a favor un adversario político de Lemus, que demandó al periodista con la intención de sacar del aire a sus medios de comunicación. Periodistas del lugar aducen que el hecho trascendió en medios departamentales y nacionales. “No lograron callar la voz del pueblo, pues tras un proceso judicial Lemus logró tener a flote su radio y su canal de televisión”, afirma un periodista cercano a Lemus.

No era para menos, de niño, aseguran quienes lo conocieron, Luis Alberto Lemus siempre soñó con ser locutor. Tenía un radio de baterías que compró con el dinero de su venta de naranjas, pero su padrastro le decía que no pensara en tonterías porque “no lo iba a lograr”. El padrastro terminó por romperle el radio, pero no los sueños, dice Keny Lemus, su hijo.

Dirigió desde 2005 la radio Stereo Caffe, que transmitía por la frecuencia 96.7 FM, del Grupo Sabrosona. Daba espacios para la transmisión de programas cristianos, tanto católicos como evangélicos. También producía el programa llamado Dialogando con usted, desde el cual hacía entrevistas a autoridades o representantes de instituciones públicas. El programa dejó de transmitirse luego de su fallecimiento.

La Mochila era el programa de noticias que Lemus conducía cada lunes, se difundía en su canal de televisión por cable, Café TV. El programa radial aún se transmite, pero ya no es tan crítico como cuando Lemus lo lideraba, porque “el miedo ha rondado de cierta manera a los que lo producen y conducen”, narran algunos de sus colegas.

Periodistas que trabajaron para Lemus en Café TV cuentan que “como todo jefe era exigente”, sin embargo, era muy accesible y buscaba siempre la forma de tener en la radio contenidos apropiados y aceptados por la población. Sus colegas dicen que su participación activa en la Asociación de Periodistas de Jutiapa (APJ), de donde era vicepresidente, les inspiró para unirse y fortalecer el gremio.

Luis Alberto Lemus Ruano fue asesinado el 7 de abril de 2013 cuando se encontraba en una de sus farmacias en Jutiapa, según informaron varios medios de comunicación. A pesar que dos de sus hijos fueron secuestrados en ese departamento, Lemus nunca contrató seguridad privada. “En Moyuta la gente lo veía como un hombre de paz, que no le gustaba andar con seguridad privada, pues confiaba en el dicho el que nada debe, nada teme”, asegura su hijo Kenny Lemus.

Jaime Jarquín, el huésped distinguido

Jaime Napoléon Jarquín (73) fue un hombre con liderazgo en Moyuta, Jutiapa. Era originario de Chiquimula, pero desde su llegada a Moyuta fue muy activo. Durante 17 años participó en los Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes) y trabajó como maestro durante 40. Familiares lo describen como un hombre cuidadoso y reservado en su actuar, aunque solidario y servicial. La actitud de servicio que le atribuyen le habría valido su nombramiento como “Huésped distinguido”, en 19 departamentos del país.

Cuentan sus parientes que buscó mejorar las condiciones de las escuelas públicas y la instalación de servicios básicos. Habría sido por su gestión que varias comunidades lograron instalar servicios de agua y electricidad en sus hogares, en la aldea El Paraíso en Moyuta.

Aseguran que lideró las gestiones para que la aldea Ciudad Pedro de Alvarado pudiera convertirse en el municipio número 18 de Jutiapa.

Jaime Jarquín se dedicó al periodismo y locución durante 25 años. En el campo de la comunicación encontró otra forma para apoyar a su comunidad, aseguran algunos periodistas allegados. Abel Alvarado, colega y amigo de Jarquín, lo describe como un hombre autodidacta, interesado en el desarrollo del periodismo local. “Le gustaba participar en talleres y siempre compartía sus experiencias, ideas y conocimientos en apoyo a la profesionalización del periodismo en Jutiapa”, asegura Alvarado.

Fue un hombre muy activo, dicen algunos periodistas locales, también se integró a la Asociación de Periodistas de Jutiapa. Colaboró con el medio local El Costeño y fue corresponsal de Nuestro Diario. Incluso, apoyaba a Luis Alberto Lemus en sus programas radiales y televisivos, como lo hace en ocasiones su hijo Gustavo Jarquín, ahora corresponsal para Nuestro Diario.

Gustavo aprendió de su padre la pasión por la locución y la fotografía. Pero el asesinato de este le enseñó a ser más reflexivo y cuidadoso, ahora dice, debe “calcular más la situación”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *