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Por Silvia Trujillo y Bernardo Euler.

Lo más gratificante para mí es que alguien se vaya de la exposición cuestionándose y haciendo una introspección

Hasta el sábado 15 de marzo estuvo abierta al público la exposición del artista Edgar Navarro, titulada “Cultura, en búsqueda de la identidad ladina en Guatemala y Latinoamérica”.

"Aquí también duele" (instalación) Autor. Édgar Navarro. Foto: Bernardo Euler.o

“Aquí también duele” (Instalación). Autor: Édgar Navarro, foto. Bernardo Euler.

Un título por demás provocador en un país donde el debate sobre la identidad no ha perdido su vigencia y lo identitario aún se vive como mito o como estereotipo, más que como proceso de exploración de lo que puede complementarse y lo que, sin lugar a dudas, son singularidades.

Sin embargo, Navarro, artista contemporáneo de la nueva generación, quiso iniciar la  búsqueda de las raíces de la cultura que le permitiera dar cuenta de algunos patrones que han definido la identidad colectiva. Para algunos éste es un debate que ya está superado, y es probable que a nivel académico se haya producido un caudal importante de investigación y bibliografía al respecto, pero para los artistas jóvenes la pregunta se renueva al calor de la influencia de la postmodernidad, el mundo globalizado y los medios masivos de comunicación.

Al respecto el artista explicó que “la obra surgió de la búsqueda constante de identidad que me impongo en el día a día. A lo largo de mi vida me he dado cuenta que no encajo en muchos de los estándares sociales y eso me ha obligado a preguntarme ¿adónde pertenezco?”. Y muchas veces definirse implica poner cotos, obligarse a entrar en determinados corsés que nunca terminan de ser cómodos, colocarse una “etiqueta” que de alguna forma resuma quien es cada ser humano, mutilando las heterogeneidades y obligando a que las particularidades se subsuman en el todo. La identidad no puede ser estática ni unidireccional, menos inamovible. Por eso el artista opina que “al definir mi identidad entro en conflicto, soy una persona que maneja una estética bastante andrógina y ‘alternativa’”, en definitiva un guatemalteco que busca tratar temas de interés común por medio del arte y con una necesidad de expresión bastante peculiar”

Por eso ha elegido el arte como vía para canalizar sus inquietudes, aprovecha las distintas vertientes de las cuales se ha nutrido, “me divido dentro del ámbito del diseño, el arte visual y escénico”, dice, y ello quedó plasmado en la exposición, ya que utilizó distintos elementos, distintas técnicas y logró un resultado equilibrado en cuanto a propuesta estética y posicionamiento personal sobre el contenido desarrollado.

Las distintas piezas conducen a su intento por profundizar en su propia historia y la del colectivo social en el cual se siente incluido, historia de silencios y  sumisiones, de posiciones genéricas inamovibles y madres como figuras emblemáticas a quienes se les ha endilgado la transmisión de los valores culturales. De lo personal a lo colectivo, decidió, por tanto, incluir el término ladino “como una búsqueda para tratar de encontrar esos elementos que identifican a un grupo dentro de la sociedad y que, a criterio nuestro, no cuenta con una identidad sólida ni establecida dentro del país. Tratar de descentralizar el enfoque “cultural” como únicamente indígena, no tenía como objetivo reproducir una separación, sino hablar un poco sobre una parte de la sociedad que no está identificada con lo nacional, por así decirlo, y busca constantemente adquirir símbolos de otras culturas extranjeras para llenar su necesidad de identidad”.

El arte tiene la potencialidad de ayudar en la comprensión de los problemas sociales y de reducir las polarizaciones que muchas veces se producen por la incomprensión y la falta de dialogo. Esta muestra puede servir de motor o de excusa para que las distintas generaciones retomen el debate sobre la identidad, los mestizajes, la diversidad y la multiplicidad de enfoques. El tiempo resultó escaso para el debate, ojalá que el autor pueda volver a presentar la exposición en otros escenarios. Abajo, una de las obras de Navarro: “Las dos madres”.

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