tomado de librexpresion-mb.blogspot
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Por Evelyn Blanck y Miguel Ángel González

Si pudiéramos resumir el estado de la Libertad de Expresión en Guatemala con una sola afirmación, lo haríamos con la del titular de este artículo. Históricamente, tal libertad ha sido negada en Guatemala con el fin de mantener el statu quo, si bien las restricciones se muestran con rostros distintos. Tan solo en los primeros meses de 2013 han salido a luz varios casos, a los que nos referimos.

El primero salió a relucir luego de que el director de la revista digital Plaza Pública, el periodista Martín Rodríguez Pellecer, decidiera, a mediados de febrero, retirar del medio el blog La vida parcialmente examinada, dirigida por Wendy Salazar y Óscar Pineda. Rodriguez Pellecer argumentó que adoptó esa decisión porque una columna publicada en el mencionado blog contravenía las directrices editoriales que había compartido sobre la no “cobertura o la crítica o la fiscalización de la URL, los jesuitas o el Vaticano”.

De inmediato la medida fue cuestionada por las y los columnistas del medio, quienes asumieron distintas posiciones. Los menos, apoyaron la decisión del medio, otros renunciaron, argumentando censura, y además un grupo integrado por algunos que renunciaron y otros que se quedaron se reunió con el consejo editorial el 6 de marzo pasado. Les solicitaron que definan claramente los lineamientos editoriales hacia los columnistas, que haya representación de ellas y ellos en el consejo editorial. Asimismo, que haya reuniones periódicas entre ellos y el consejo, y que el director del medio consulte con el consejo antes de tomar decisiones drásticas, como la que disparó el episodio.

Todo indica que la comunicación entre el consejo editorial y el medio seguirá y que el caso no llegará al ámbito judicial, donde también se lucha por la vigencia de derechos y libertades. En el ínterin, salió a relucir un gran desconocimiento sobre aspectos relacionados con la Libertad de Expresión, como la censura, la autocensura, la censura previa, la autorregulación y otros. El caso referido enmarca claramente en la autorregulación propia de los medios, que no debería ser impuesta a los columnistas, pues entonces devendría en censura.

Otro de los casos que ejemplifica las violaciones es el de elPeriódico, cuyo presidente del Consejo Editorial, Jose Rubén Zamora, denunció recientemente ante el Procurador de los Derechos Humanos que la administración de gobierno de Otto Pérez Molina le ha cerrado todos los accesos a recibir publicidad del Estado, lo cual les ha afectado enormemente. Se indica que a la fecha elPeriódico solo tiene ingresos publicitarios de algunas entidades estatales descentralizadas. Esta denuncia de Zamora se suma a otras de medios que alegan que este gobierno les ha cerrado fuentes de financiamiento.

Más reciente aún es el caso denunciado por la periodista de ese medio Sofía Menchú, quien indicó que, durante la investigación de la salida irregular del militar Byron Lima del centro de detención llamado Pavoncito, un exministro la citó y trató de intimarla para que no investigara el caso. La denuncia de Menchú ha sido enviada a la Fiscalía contra el Crimen Organizado, pues será anexada al expediente abierto por la acción irregular de Lima, quien cumple una sentencia por el asesinato del obispo Juan José Gerardi Conedera. De momento, la periodista cuanta son seguridad.

Durante los encuentros recientes con periodistas a nivel nacional, Centro Civitas y Sala de Redacción han recibido denuncias de decenas de colegas que han recibido amenazas, acoso e intimidaciones.

El último caso modélico es el reflejado durante la Audiencia temática 147 de la CIDH, donde el Movimiento de radios comunitarias de Guatemala denunció las actuaciones que conllevan a la violación del derecho a la Libre Expresión de los pueblos indígenas, y donde el representante estatal tuvo que reconocer que el Estado guatemalteco ha incumplido con desarrollar una ley que reconozca y regule a las radios comunitarias.

El panorama de denuncias puede parecer abrumador, pero no es nuevo. Sin embargo, hay hechos que sí son positivos y novedosos: Uno, que un grupo de columnistas saliera en defensa de la Libertad de Expresión y se pronunciara en contra de la censura. Otro, que el Movimiento de radios comunitarias fuera escuchado por la CIDH. Quizá sea hora de salir del túnel hacia la luz, para que en Guatemala haya vigencia plena de la Libertad de Expresión.

Para aclarar conceptos
 
Cuando se aborda la temática de libertad de expresión,es frecuente entre periodistas y académicos confundir tres conceptos diferentes: censura, autocensura y autorregulación.
La censura es, ni más ni menos, cuando se limita a cualquier persona el derecho de opinar o expresarse, el cual incluye no ser molestado/a “a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”, como establece el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
 
La autocensura, de acuerdo con Javier Darío Restrepo,  profesor de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), es “la restricción al deber de informar que adoptan o el periodista o el medio, para proteger sus intereses y en detrimento del derecho del receptor a ser plenamente informado”.
 
Mientras tanto, la autorregulación o el autocontrol periodístico, anota Restrepo en “40 lecciones de ética”, no restringe el derecho del receptor, sino que “lo protege contra los excesos como deficiencias o incurias del periodista o del medio”. El experto colombiano sostiene que la autorregulación es un acto libre para imponerse disciplinas profesionales y evitar errores y la autocensura no.
 
“Quien se autocensura obedece a presiones externas o internas que le impiden decidir en libertad. Esas presiones son, generalmente, el miedo o algún interés. Miedos inducidos desde afuera, como las amenazas, o miedos autoinducidos, a ser agredido, o despedido del trabajo o a poner en riesgo la vida de los suyos”.
 
Por lo tanto, la medida profesional más adecuada es la autorregulación, la cual puede ser llevada a la práctica por medios de códigos de ética, manuales de estilo o defensorías del lector, y no solo por “el buen juicio periodístico”.

2 Comentarios para “En este país, decir ciertas cosas cuesta o no se puede”

  1. Oscar Pineda

    Muchas gracias por escribir al respecto de este tema y por hacer visible el caso de nuestro blog en Plaza Pública. :)

    Sólo que mi compañera de blog es Walda Salazar, no Wendy.

    ¡Saludos!
    Oscar

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  2. carlos lucio acosta

    Los que estamos inscritos en el negocio de la informacion tenemos el compromiso de entender el termino empresa, de lo contrario caemos en el romanticismo de la teoria. Todo medio de comunicacion sigue objetivos definidos. Nada es casual. Vivimos en un mundo de intercambio. Nuestras tribus le llamaban trueque. Ahora se le denomina publicidad o propaganda. El fin de toda empresa es el lucro en sus diversas denominaciones. Lo condenable es el lucro inmoderado, no el moderado. No desanimen. No son los unicos en la larga vista. Todo esto forma parte del conocimiento, de la experiencia y de la actualizacion sobre el comportamiento del mismo tema. Lo importante no es caer, sino levantarse y seguir, para derrumbar mitos, leyendas y tradiciones. Se dice facil, pero vale la pena el intento. La historia de nuestro continente esta plagada de independencias y revoluciones, pero no hemos logrado vencer la dependencia mental y espiritual. Adelante paso de vencedores. La patria os contempla orgullosa. Salud con tequila de Mexico.

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