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La violencia es una raíz fuerte, difícil de cortar. Crece tanto que puede levantar una casa, escalar una pared y destruir todo lo que está en su camino. Es un delito tipificado en la Constitución de Guatemala, y en tratados y convenios internacionales. Todos los días hay indignación, golpes, maltratos, dolor, pero nada de esto nos hace reflexionar suficiente sobre qué estamos haciendo. ¿Debemos esperar a que los demás actúen? Es tiempo de cortar las raíces y detener la violencia.

Sofía Contreras, estudiante.

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