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Un análisis compartido sobre el enfrentamiento entre Zamora/elPeriódico y el Gobierno.

 

Por Evelyn Blanck, con información de L. Flores y M. González

¿Hacia dónde debemos llevar el debate sobre Libertad de Expresión en esta era marcada por una crisis generalizada de credibilidad de los medios de prensa? Puede resultar particularmente confuso defender la libertad antes mencionada de quienes son acusados, a su vez, de mostrar ellos mismos comportamientos antidemocráticos. Este parece ser el meollo del asunto en el caso Zamora/elPeriódico y el Gobierno, uno de los más resonados durante estos días no solo en Guatemala sino que también en instancias internacionales.

Las formas de ver

Como mencionara Jose Rubén Zamora, presidente del Consejo Editorial de elPeriódico, durante una entrevista recientemente publicada en la revista Crónica, las agresiones en su contra han sido una constante Gobierno tras Gobierno. Sin embargo, no habían llegado, como ahora, a los tribunales de justicia.

En la entrevista mencionada, Zamora expresa que las acciones en su contra por parte de este Gobierno subieron de tono el año pasado, a partir de la publicación del suplemento Un cuento de hadas sin final feliz, en el cual, indica el ejecutivo de prensa, “se describía el enriquecimiento, a velocidad de vértigo, de la vicepresidenta (Roxana) Baldetti. Hemos sufrido ataques severos contra nuestra página web –principalmente los fines de semana–, un boicot comercial en el que se ha amedrentado hasta nuestros anunciantes y hemos sido objeto de operativos de vigilancia a distancia. Todo lo hemos denunciado. (…) A finales del año pasado se dieron dos demandas penales en mi contra y, para poner la guinda al pastel, principian el año con acoso fiscal. Así que hemos sufrido todo tipo de persecución”.

Zamora fue acusado de coacción, extorsión, chantaje, violación a la Constitución y desacato a los presidentes de los organismos de Estado

En relación a señalamientos hechos en su contra sobre la inexactitud de sus publicaciones, Zamora Marroquín indica en el texto mencionado: “Jamás publico cosas en las que no creo y cuando me equivoco, cosa que me ha sucedido varias veces, pido, con humildad, disculpas”. Respecto del estilo con que transmite sus informaciones, comenta: “Suelen ser verdades que se saben hasta debajo de las piedras que, sin embargo, los ladrones y delincuentes de turno son unos artistas para esconder. El estilo periodístico de El Peladero no es nuevo, pero finalmente la libertad de prensa y de expresión no habla de estilos periodísticos. Si no, no existirían siquiera caricaturistas políticos”.

Sin embargo, no es esa la visión que comparten otros periodistas y analistas políticos. Gustavo Berganza, ex colaborador de elPeriódico y columnista de Contrapoder, opina sobre la sección El Peladero, una de las más cuestionadas, que “se nota (ahí) una baja exigencia de estándares éticos y técnicos. Por ejemplo, se recurre a apodos y no a nombres, a información que no parece verificada”.

Renzo Rosal, politólogo y director de Incidencia Pública de la Universidad Rafael Landívar, comparte en mucho estas apreciaciones al opinar sobre elPeriódico. “Me parece que sí se ha pasado de los límites del periodismo investigativo y de denuncia. Por ejemplo, las investigaciones a fondo han sido muy buenas, se ha identificado a personas y relaciones claves; pero en secciones como El Peladero o en las propias cartas editoriales del presidente del medio se desmerece su contenido cuando se hacen afirmaciones superficiales, juicios de valor, uso de palabras fuera de lugar, que restan contenido y credibilidad”, sostiene.

El estilo particular de Zamora tampoco es visto con buenos ojos en el ámbito de defensoras y defensores de Derechos Humanos. Claudia Samayoa, una de sus representantes, opina que “elPeriódico ha pasado por diversas etapas en el período de funcionamiento. En algunas, sus reportajes de investigación han reflejado un acercamiento profesional al hecho noticioso; sin embargo, es cada vez más común encontrar notas que no buscan diversas fuentes para contrastar opinión. Lamentablemente, el medio utiliza El Peladero para transmitir rumores o comunicar actividades de personajes públicos (sean funcionarios o no) que no tienen rigor periodístico y que buscan deslegitimar actuaciones y/o personas”.

Renzo Rosal, analista

Renzo Rosal, analista

A su juicio, “en los últimos años, el lenguaje utilizado es cada vez más procaz, insulta a la dignidad humana. Lo más grave es que el derecho de respuesta no es otorgado en la mayor parte de los casos. Asimismo, algunas columnas de opinión no pasan por revisiones que permitan evitar la publicación de apologías al delito, afirmaciones racistas y discriminatorias y/o publicación de calumnias. Esta ausencia de revisión se replica en lo que permiten que se publique en su blog. En este último caso, se observan amenazas de muerte y otros elementos contrarios a las normas del periodismo; pero cuando se coloca la palabra derechos humanos, en ocasiones el sistema no permite la publicación de una opinión”.

El sociólogo Luis Fernando Mack, del Instituto de Investigación y Análisis Independiente de Guatemala (Inaig), señala que el problema de fondo en el caso de Zamora es que se incomprende lo que significa la libertad de expresión, pues con frecuencia transgrede sus límites, realiza ataques sistemáticos a determinadas personas y muestra poca imparcialidad, como en el caso de la vicepresidenta Baldetti. “Que Jose Rubén Zamora utilice mal su medio daña la libertad de expresión, porque pone en cuestión la utilización de los medios y su instrumentalización para fines particulares”.

Mack señala lo complicado que resulta auditar socialmente la sección El Peladero, pues “no va firmado con nombre y apellido y es mucho más difícil establecer veracidad”.

¿Y entonces?

El punto es que sotto voce se cuestiona en muchos círculos sociales la credibilidad del medio, más por las publicaciones de las cuales es responsable Zamora, a quien se atribuye manipular el medio para logro de intereses particulares. Estos cuestionamientos se han producido incluso en el mismo blog del medio.

En un sistema democrático, la credibilidad de un medio de prensa relevante es asunto de interés público y la sociedad debe discutirlo y poner sus contrapesos, porque a la larga la falta de la misma puede llegar a representar la muerte de un medio, como ya habría sucedido en Guatemala. “Recuerdo el caso de El Gráfico, un periódico que tenía cierta presencia en la política, pero Jorge Carpio, su director, incursionó en el ruedo partidista y comenzó a usarlo para sus fines particulares. Él atacaba a sus contrario y se hacía propaganda directamente. Pero la gente, sus lectores, identificaron el exceso que cometió el periódico y comenzaron a comprarlo menos. El castigo para un medio que se sobrepasa es que va perdiendo credibilidad y presencia”, señala Mack.

Claudia Samayoa, Udefegua

Ahora bien, independientemente de que se incurra o no en fallos profesionales y éticos, ¿deben justificarse las acciones emprendidas contra elPeriódico? Claudia Samayoa opina: “Las acusaciones penales realizadas por el presidente y la vicepresidenta de la República, así como la actuación de jueces contrarias al derecho, ordenando medidas coercitivas en contra de Jose Rubén Zamora, constituyen una violación a la libertad de expresión del afectado y del acceso a la información de la ciudadanía, en general. Es un caso más y, no el más grave, de violaciones a la libertad de expresión en contra de periodistas y defensores de derechos humanos”.

Agrega: “Desde la perspectiva de la defensa de derechos humanos, independientemente de que defensoras y defensores seamos víctimas de la difamación y calumnia, así como de la articulación de un discurso del odio que publica el medio bajo su dirección, la violación contra Zamora se produjo y debe ser condenada, de la misma forma que las violaciones cometidas en contra de reporteros y corresponsales, así como los procesos judiciales infundados abiertos en contra de articulistas como Francisca Grijalva, de Prensa Libre, y otros defensores de derechos humanos”.

Para Renzo Rosal, las acciones contra Zamora tienen fines ulteriores. “El Gobierno, especialmente la Presidencia, quiere hacer de sus roces con elPeriódico un caso emblemático para marcar el terreno en su relación con las pocas expresiones que tenemos de prensa independiente. Aunque han querido hacer verlo como un asunto casi entre el binomio presidencial y Zamora, en esencia es una muestra de precaución para todo aquello que suene a denuncia, investigación periodística, poner contra las cuerdas a funcionarios y personas de peso en sus relaciones de poder. (…) llama la atención la tendencia que se ha mostrado con otros casos donde han sido afectados, incluso muertos, periodistas departamentales que han denunciado desmanes”.

Todos afectados

Cuando los medios de prensa son instrumentalizados, la sociedad pierde. Gustavo Berganza opina que “los medios deben moverse y buscar equilibrio entre intereses económicos, ideológicos y profesionales. Debido a su necesidad de supervivencia, es evidente que se debe transigir, por ejemplo, con anunciantes y políticos, lo cual redunda en la calidad de la información que se divulga. Eso borra las fronteras entre los tres tipos de intereses mencionados, pues en la práctica no priva el interés profesional, sino los otros dos”.

Gustavo Berganza, columnista de Contrapoder

Él opina que “en el fondo, la calidad de los medios está sujeta a lo que les ‘gusta’ a los dueños. Eso se refleja, por ejemplo, en el tipo de columnistas en los medios impresos o en los conductores de programas de radio o televisión –ejecutivos de empresas que se dedican a la explotación de recursos minerales que criminalizan a quienes se oponen a esa actividad –. En el caso concreto de Jose Rubén Zamora, considero que él no ha sabido estructurar de manera adecuada su medio. Por ejemplo, durante la mayor parte del tiempo, desde su fundación, dividió la dirección en dos (Silvia Gereda y Juan Luis Font), con estilos diferentes, y en la actualidad lo dirige un periodistas que se especializó en sucesos. Además, más que al periodismo, parece que (Zamora) se dedica a la actividad política”.

Y con respecto a actividad política, Claudia Samayoa señala que: “Las acusaciones y decisiones judiciales en contra de Zamora han levantado una reacción nacional e internacional fuerte, particularmente de las asociaciones encargadas de velar por la libertad de expresión. Lamentablemente, el mismo medio no apoya a sus reporteros e investigadores cuando son amenazados, tal es el caso de Sofía Menchú, quien tuvo que llevar el caso con el acompañamiento de otros sectores, o el caso de Francisca Gómez Grijalva que no ha tenido similar acompañamiento, a pesar de estar siendo objeto de acusaciones y decisiones judiciales”.

Samayoa expresa: “Es claro que existe un criterio de doble estándar para medir quien merece el apoyo de todos y quien no. Es así como en Udefegua (Unidad de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de Guatemala) hemos acompañado casos y hemos visto que la solidaridad es escasa y muchas veces el agraviado termina siendo víctima de más agresión por parte de sus colegas. Esperaríamos que el renovado interés producido por la defensa de la libre expresión se convierta en acción solidaria para todos los periodistas, comunicadores, corresponsales y defensores de derechos humanos perseguidos por tal ejercicio”.

¿Y qué hay de las acciones del Gobierno? Acá no se trata solo de ver las actuaciones particulares, sino los intereses sociales. En este revuelo de opiniones producido en torno a las acciones contra elPeriódico ha interesado más señalar al Gobierno, que el mal uso del medio, dice Luis Fernando Mack. De otro lado, también opina que si bien Zamora hace un uso cuestionado del medio, nada justifica el intento del Gobierno de acallarlo. “Se nota que Zamora confundió el plano personal con el institucional y llevó la riña al punto de usar el medio para cubrir sus intereses, y eso es detestable. Pero la vicepresidenta también lo hace; utilizando su posición mueve una serie de aparatos institucionales para reprimirlo. Es exactamente el mismo caso de los dos lados. La teoría de juegos llamaría a este caso “pierde-pierde”, porque sea cual fuere el resultado, la sociedad en su conjunto pierde, pues estamos hablando de dos extremos muy malos”.

En todo caso, como respuesta social y en tanto los medios de prensa sigan desempeñando un rol importante en los procesos políticos, cabría tanto la de defensa de la libertad de expresión, como la sana crítica y el pronunciamiento contra empresas y periodistas que falten a la ética, al profesionalismo, incluso para la propia credibilidad y sostenibilidad del gremio periodístico. Es una tarea obligada que, ojalá, comience a ser mejor comprendida socialmente.

2 Comentarios para “Es un pierde-pierde para la sociedad guatemalteca”

  1. Jorge Arriaga

    Hay opiniones con las que no estoy de acuerdo. Por una sección como el Peladero no se puede deslegitimar toda la publicación. Ademas que yo sepa, Rubén Zamora, no esta en ningún partido político. En fin son visiones de este problema sobre la libertad de expresión. El artículo me gusto y lo voy a compartir. Saludos y adelante.

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    • Sala de Redaccion

      Estimado Jorge, muchas gracias por su comentario. El objetivo de hacer este análisis compartido, no solo del punto de los periodistas que observamos a los medios, sino de politólogos y sociólogos que conocen este ámbito, así como de quienes defienden derechos humanos, como en este caso, Claudia Samayoa, es precisamente el de obtener miradas más profundas. Estas miradas enfatizan en el tema del Peladero, pero, si usted lee con detenimiento, también señalan otros problemas, como la censura de opiniones relacionadas con la defensa de los DDHH, la no publicación de respuestas a publicaciones, tal y como obliga la ley, y la parcialización o politización en algunos contenidos. Son problemas de calidad que presentan casi todos los medios en Guatemala, pero no todos están aparentemente en la mira de esta Presidencia. El caso de elPeriódico ha obligado a una profunda reflexión entre analistas de medios y quienes hacen la defensa de los DDHH en el país, pues refleja lo que sucede con medios y gobierno autoritarios o con propuestas de transformación de estructuras sociales en países como Venezuela o Ecuador. Ahí las sociedades discuten un poco más sobre la prensa que desean defender, situación que lamentablemente no sucede en Guatemala. No se trata de “deslegitimar” algo cuya legitimidad está en duda, sino comenzar a dialogar sobre qué es legítimo y qué tenemos derecho de exigir. En una sociedad democrática, el fin de la crítica de los medios es proponer una mejor prensa, es un mecanismo de retroalimentación. Pero hoy hay otro panorama que antes no existía y que está transformando muchos modelos de convivencia a nivel mundial, el que demarca la llegada de la internet. Como usted sabrá, el número de periódicos impresos va en una caída vertiginosa y los medios de prensa tradicionales han dejado de ser los líderes por excelencia de la opinión. ¿Sobrevivirán los medios impresos? Es una pregunta difícil de responder, porque la sociedad misma está en un proceso de transformación y mutan sus necesidades. Como editoras y editores de este medio pensamos que sobrevivirán los medios que mejor se adapten y mejor sepan interpretar las necesidades de sus públicos y que siempre la calidad será una exigencia válida. Visto este ángulo del fenómeno, es al Periódico al que más debería interesarle escuchar la crítica. Saludos y esperamos seguir recibiendo sus comentarios. Evelyn Blanck.

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