Fotografía por Sayda Chiñas Córdova.
Fotografía por Sayda Chiñas Córdova.

Publicado & archivado en Noticias para los medios, Sin categoría.

Por Sala de Redacción

Un pueblo informado tiene mejores argumentos para exigir el respeto de sus derechos fundamentales. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el derecho a estar informado se viola por medio de amenazas, agresiones y el asesinato de periodistas? El caso atañe a toda la sociedad, pero por lo general es asumido sólo por los periodistas.

Una excepción es quizá el caso de Verónica Guerin, una periodista asesinada en Irlanda por narcotraficantes hace 20 años (cumplidos el pasado 26 de junio). El entonces primer ministro irlandés, John Bruton, calificó el hecho como “un crimen contra la democracia”. Hubo un absoluto clamor popular para exigir justicia por la muerte de Guerin y por acabar con la impunidad de la red criminal que ella investigaba.

El asesinato de la periodista irlandesa en una autopista en las afueras de Dublin, a manos de un sicario motorizado, colocó su muerte y su trabajo periodístico en la mira nacional y mundial. Cuando eso no sucede y el ataque contra periodistas que afectaron intereses económicos o políticos se pierde en el alud diario de noticias de violencia, la única salida para estos y sus colegas es tomar un papel proactivo para visibilizar los casos al público—aunque ello implique un precio.

La periodista mexicana Sayda Chiñas Córdova fue despedida del diario Notisur de Veracruz, en enero pasado, por exigir a la gobernación de ese estado, principalmente en redes sociales electrónicas, esclarecer el asesinato del periodista Gregorio Jiménez y el secuestro de su colega Moisés Sánchez. Según Chiñas, quien actualmente escribe para La Jornada, un periodista no debe involucrarse en los hechos que cubre para no perder perspectiva. Aun así, afirma que la violencia contra el gremio periodístico obliga a una defensa pública del gremio, para visibilizar la situación y defender el derecho ciudadano a estar informado.

Chiñas dice que el problema en México es que los medios de comunicación quieren quedar bien con las fuentes de gobierno, porque dependen de los fondos estatales que reciben por diversas publicaciones. En este sentido, el académico y periodista boliviano Erick Torrico explica que “la libertad de expresión y el pluralismo en los medios son más discurso que [una] realidad”. Torrico además advierte que los periodistas no protestan la censura para conservar su empleo.

En el caso de Chiñas, Notisur es propiedad del ex alcalde de Coatzacoalcos, el priista Marcos Theurel Cotero, y Marcelo Montiel, delegado federal de la Secretaría de Desarrollo Social. La periodista trabajó para este medio durante cinco años, pero después que comenzó a exigir públicamente el esclarecimiento de los casos de sus colegas, la despidieron porque no producía “resultados informativos”, y no le pagaron sus prestaciones. Chiñas conversó con Sala de Redacción respecto al conflicto entre los intereses empresariales de los medios de comunicación y la libertad de prensa.

¿Dónde terminan las obligaciones del periodista con sus lectores y el medio al que representa, y dónde empiezan sus derechos ciudadanos de expresarse libremente?

Un periodista tiene el deber de informar los hechos de acuerdo con una agenda ciudadana y la línea de cada medio, pero sigue siendo un ciudadano más afectado por lo que pasa a su alrededor. En general, los periodistas en México solo cubrimos los movimientos sociales y no nos involucramos para no perder perspectiva, pero ante el incremento de la violencia contra nosotros, hemos tenido que salir a las calles también a denunciarlo.

Los asesinatos, secuestros y agresiones contra nosotros nos han obligado a movilizarnos para defendernos como gremio, pero también para defender el derecho del ciudadano a estar informado. Por ejemplo, en Veracruz,  tenemos 12 periodistas asesinados en la administración del gobernador Javier Duarte; no es normal lo que pasa, y no podíamos seguir aceptando que las agresiones aumenten. En ningun país del mundo, aun en los que tienen conflictos armados, se contabilizan tantos [periodistas] muertos. Salir a las calles y visibilizar la situación ante el mundo era la única opción que teníamos. Los periodistas de Veracruz y de México no dejamos de informar lo que sucede, pero tampoco dejamos de denunciar lo que pasa [con los periodistas] en nuestros estados. Eso no afecta nuestro trabajo.

¿Riñen la objetividad que el periodista le debe a su público con su derecho a expresarse?

No creo que riña con la objetividad y su trabajo, siempre y cuando se guarde las buenas prácticas del periodismo. Podemos escribir sobre algún tema con el que estamos comprometidos, pero sin hacer editorial, tomando las diferentes vertientes. Muchos compañeros hacen trabajo sobre temas migratorios, por ejemplo, y se están preparando en la materia para hacer trabajos más profesionales.

¿Cuán válido es el derecho de un medio a querer proyectar una imagen imparcial y a querer evitar que sus periodistas sean vistos como simpatizantes con una u otra causa, o que las fuentes les cierren las puertas por creer que están parcializados?

El problema de los medios en México es que quieren siempre quedar bien con sus fuentes porque dependen del dinero que les dan los gobiernos. Los periodistas tienen el derecho de manifestarse y tener intereses personales. No todos los plasman en los medios donde trabajan, y muchas veces tienen que buscar espacios que tengan mayor apertura.

En mi caso, mi activismo incomodó a los empresarios y políticos que estaban detrás del medio; obedecieron a las líneas que les marcó el gobierno, pero no fue mi trabajo lo que reclamaban, porque las acciones y las notas que publicaba [exigiendo justicia para los colegas] no se publicaban en el diario donde laboraba. Cuando secuestraron a nuestro compañero Gregorio Jiménez, la misma empresa inició la defensa y pidió su regreso con vida, pero después de varias llamadas y acuerdos con el gobierno de Javier Duarte, decidieron que debíamos parar nuestras protestas porque afectábamos la imagen del mandatario. Decidimos seguir hasta encontrar a Gregorio, vivo o muerto, a pesar de las presiones, porque era una situación de emergencia. Un año después, [luego del] secuestro de Moisés Sánchez, decidieron despedirme sin motivo alguno pues siempre respeté la línea editorial. No creo que sea válido que despidan a los periodistas [así]. Desgraciadamente los despidos siempre vienen por presiones de los gobiernos o empresarios que se sienten incómodos por lo que publican los periodistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *