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Parece que en el periodismo, la ética es vista, muchas veces, como algo que debe guiar nuestros pasos, un lucero en el camino, más allá del horizonte. La hemos colocado en una vitrina, lejos del bien y del mal, y solo se la desempolva para mostrarla, cuando necesitamos hacer alarde de profesionalismo.

¿De dónde surgen las nociones universales que rigen el comportamiento de las personas sobre lo que es bueno y lo que es malo? ¿Por qué reconocemos el respeto, la solidaridad, la honestidad, la veracidad como valores y principios compartidos? Estas son preguntas que desvelaron a los primeros filósofos griegos, quienes se cuestionaban las presuntas directrices morales emanadas de unos dioses que no hacían más que inobservarlas, en vez de mostrarse como ejemplo.

La ética es práctica.¿De dónde surgen las nociones universales que rigen el comportamientodelaspersonas sobre lo que es bueno y lo que es malo? ¿Por qué reconocemos el respeto, la solidaridad, la honestidad, la veracidad como valores y principios compartidos? Estas son preguntas que desvelaron a los primeros filósofos griegos, quienes se cuestionaban las presuntas directrices morales emanadas de unos dioses que no hacían más que inobservarlas, en vez de mostrarse como ejemplo.

El asunto es que, venga de donde venga, esta llamada conciencia universal sobre lo bueno y lo malo existe, y que en todas las etapas históricas las sociedades han reconocido principios y valores que fundamentan la moral, misma que a su vez determina la ética.

En tanto constituyen ideas rectoras de sociedades marcadas por una cultura y unos procesos históricos, los principios y valores han adquirido preponderancia unos sobre otros, dependiendo de esos contextos cambiantes. Por eso no puede hablarse de una sola moral a lo largo de la historia ni de una misma moral en todo el mundo. Más bien esta ha sido reconocida como un constructo social, en gran medida; como un mecanismo social cambiante que permite la adaptación social y es influido por las dinámicas históricas.

Ética periodística

Para hablar de ética en un país como Guatemala, donde abundan las confusiones conceptuales, es necesario comenzar por los principios y valores. Los primeros son considerados ideas o normas rectoras de nuestros pensamientos o conducta. Los segundos, las ideas o normas aplicadas a las que se reconoce determinado valor. Por ejemplo, en el caso del periodismo, la veracidad y la credibilidad se convierten no solo en guías sino en valores fundamentales, incluso en materia de sostenibilidad financiera.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) contribuyó a establecer diez principios internacionales que deberían regir la conducta de las y los periodistas, denominadoCódigo de ética de la Unesco. La propuesta de la organización es que, dadas las circunstancias actuales en el ámbito comunicacional, sean estos principios los que conformen nuestra moral, que quedaría entonces marcada por la responsabilidad social de las y los periodistas con el fin de que se cumplan los derechos de las personas de informar y ser informados, de conocer la verdad, así como de acceder a la información pública.

Estos principios también perfilan la moral de un o unos periodistas que se reconocen como íntegros, profesionales, acuciosos, que respetan la intimidad y la dignidad humanas, que reconocen los valores de las distintas culturas (un principio de la no discriminación), que respetan y reconocen el interés público. Además,  que se entienden comprometidos con la no violencia y con la construcción de un orden informativo mundial más democrático.

Ahora es necesario aclarar que cuando hablamos de ética no nos referimos a guía, sino a práctica. La ética es, pues, y debe ser práctica cotidiana y se traduce en las decisiones y acciones que adoptamos en el día con día.

Por ejemplo, partiendo de estos principios de la Unesco, el del derecho de las personas a ser informada, la posibilidad de reservar determinada información para no poner en riesgo la vida de una persona motivaría a periodistas y medios a realizar una reflexión y una práctica ética. Deberían sopesar la situación y los principios involucrados. El resultado podría ser la reserva de la información para no arriesgar la vida del informante, si valoran más su derecho a la vida. O bien, publicar la información considerada valiosa socialmente y quizá, en todo caso, quedar pendientes de la seguridad del informante, si ponderan mejor el derecho a estar informados.

Tanto los periodistas, a nivel individual, como los medios, en tanto organizaciones, están llamados a realizar constantemente estas reflexiones éticas, para fundamentar sus decisiones. La ética personal se rige por los imperativos morales de cada individuo. Hay también una ética profesional, que se desprende de esos principios y valores que deberían regir las profesiones. De otro lado, la ética organizacional/empresarial debería guiarse por unos acuerdos sobre principios y valores compartidos a partir de cómo se concibe socialmente la función del medio de comunicación, en el caso que nos atañe.

En el ámbito periodístico guatemalteco, una de las discusiones más frecuentes sobre ética es con respecto al cobro del soborno o “fafa” por parte de los periodistas. ¿Pero es éste un problema ético o es una falta a la moral? Uno de los principios del periodismo profesional, y que además se convierte en un valor, es la honestidad. Si un periodista se rige por este principio ni siquiera debería preguntarse si es válido o no cobrar un soborno.

La confusión se origina, al parecer, porque dicho cobro ha estado históricamente validado, incluso por empresas de medios que los han permitido para evadir el reclamo del pago de salarios justos. Muchos periodistas han aprendido a justificar la fafa, argumentando que del periodismo no se vive. Pero este fenómeno no apela a la ética, sino habla de fallos morales desde el periodismo, las empresas e incluso desde la sociedad misma.

Otro de los problemas frecuentemente relacionado con la ética es el de periodistas que para subsistir se ven obligados a trabajar en un medio y al mismo tiempo para personas u organizaciones que pudieran comprometer su independencia: políticos, alcaldes, empresas, etcétera.

Ya sea por la violación de sus derechos laborales o por la precariedad de las empresas de medios, sobre todo las locales departamentales, centenares de periodistas guatemaltecos que desean realizar un ejercicio profesional, pero trabajan también como voceros o relacionistas, se ven obligados a un constante vaivén de reflexiones éticas para tomar decisiones acertadas que no empañen su credibilidad, ya que, al final, esto es lo más importante con lo que cuentan; la credibilidad es, sin dudas, un valor. Las respuestas no siempre son fáciles y estos periodistas deben acostumbrarse a vivir con la sospecha permanente sobre sus actuaciones.

¿A la sociedad o al medio?

Otro gran detonante de preocupaciones éticas en el país lo constituye el hecho de que la sostenibilidad y crecimiento de los medios son contrapuestos casi siempre al servicio que los periodistas y los medios deben brindar a las sociedades. Muchos acuden al sensacionalismo y a la defensa de intereses empresariales para conservar rentables sus medios, a la vez que censuran las voces de quienes piensan que podrían perjudicar sus ingresos. Las consecuencias de las decisiones que se adoptan son a veces peligrosas.

El pasado 4 de octubre, soldados dispararon contra manifestantes que representaban a los 48 cantones de Totonicapán y seis personas murieron  como consecuencia. La noticia repercutió rápidamente a nivel nacional e internacional.

Lo que casi no circuló fue la agresión a un periodista por parte de pobladores, quienes lo acusaron de divulgar información falsa, y que este periodista –cuyo nombre omitimos porque no hemos podido hablar con él – habría salido prácticamente desterrado del departamento.

Fuentes de organizaciones sociales de esta occidental región indican que las agresiones contra el comunicador ese día no se produjo tanto por sus actuaciones durante la jornada, sino por los comentarios que realizaban, desde la capital, los presentadores de la conocida cadena de radios para la que labora como corresponsal. Pero señalan, además, que el periodista en mención ha suscitado las molestias de la población por el periodismo irrespetuoso y poco profesional que ha venido realizando.

Las circunstancias en las que se produjeron las agresiones aún están por ser dilucidadas y no se puede llegar a juicios. También es importante anotar que ninguna mala práctica periodística justifica una agresión violenta. Lo que definitivamente sí cabe es una profunda reflexión ética sobre los intereses a los que debe servir el periodismo en un país como Guatemala, atenazado por muchos sistemas de dominación y por la presencia de grandes poderes fácticos.

La responsabilidad social y la necesidad de construir un nuevo orden mundial de la comunicación que sea democrático, considerados en el código de la Unesco, parecen buenos principios para desempolvar la ética, iniciar la reflexión y asumir la práctica.

Entrevistas con Protagonistas:

Entrevista Edgar Domínguez

Entrevista Erick Maldonado

Entrevista Wilmer Coyoy

Entrevista Vinicio Jiménez

Un Comentario para “La ética periodística: De norma a forma de vida”

  1. Victorino Tejaxún

    Expresiones como los utilizados por algunos medios al final de las notas periodísticas por sus reporteros incitando a la no violencia y a la paz quedan en expresiones sin fundamento, cuando los editores dejan notas de lectores con altos indices de racismo y de recriminación en contra de actores sociales, especialmente del área rural pero con mayor énfasis cuando son poblaciones indígenas, son falsos esos llamados cuando lo que se hace con los comentarios es aumentar el morbo y el racismo, justificando estereotipos en contra de estas poblaciones y lo que hace el editor del medio es validar ese violencia, justificar que como poblaciones rurales no pertenecemos a este espacio que se llama Guatemala (voz nahuatl y significa lugar de arboles o de bosques) y los únicos que tienen la razón son las poblaciones urbanas.

    Cuando se menciona el caso de “Toto” así es conocido en nuestro ambiente rural, ningún reportero hasta ahora, ha hecho publico una disculpa por tratar con palabras peyorativas en sus notas a los actores del hecho, no es nuevo, ha pasado con los casos de Livingston en el 2008, durante el estado de sitio y masiva marcha de San Juan Sacatepéquez de los últimos años; por el paso del Cilindro de la Mina Marlyn por los Encuentros Sololá. El sensacionalismo ha justificado el puesto de muchos de los reporteros.

    Hay casos ejemplares en medios digitales en donde se hace una revision objetiva de los comentarios sobre las notas y eso no sucede en nuestro país.

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