Imagen: http://www.nodo50.org/
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En cuanto instrumentos estructurados y estructurantes de comunicación y de conocimiento, “los sistemas simbólicos” cumplen su función de instrumentos o de imposición de legitimación de la dominación que contribuyen a asegurar la dominación de una clase sobre otra (violencia simbólica) aportando el refuerzo de su propia fuerza a las relaciones de fuerza que las fundan, y contribuyendo así, según la expresión de Weber, a la “domesticación de los dominados”. Pierre Bourdieu.

Por: Herberth J. Pineda.

Analizar la calidad de los contenidos de los medios pasa por discutir cómo estos, en su calidad de sistemas simbólicos, refuerzan percepciones nocivas para el desarrollo social, tanto en sus espacios informativos, como comerciales y de opinión. Pareciera que géneros como el de la sátira quedan fuera de todo análisis, pues quienes los realizan sostienen que no hacen más que refrendar creencias populares, pero incluso este campo posee sus reglas de juego.

Durante el último proceso electoral se observó en los medios, de distintos formatos, secciones de sátira (como parte del género de opinión) donde el tópico político dominaba para la creación y difusión de imágenes, vídeos y otras expresiones donde la mofa o burla es el elemento principal del mensaje. Además de las elecciones generales, un contexto que abonó en la materia fueron los escándalos de corrupción de los ex mandatarios Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

El caricaturista guatemalteco Pablo Piloña, indica que en la sátira profesional “se abordan situaciones y temas, independientemente de sus protagonistas. Por eso una caricatura equilibrada o un buen chiste, no necesitan edificarse sobre la burla a una persona sino sobre la presentación de sus acciones, en una visión irónica, retórica, comparativa, o como nos resulte más clara para el propósito del humor”.

Sin embargo, al analizar los contenidos de los medios, ¿no es cierto que muchas veces la sátira se centra sobre las personas, exaltando prejuicios o estereotipos sociales que las afectan? Lo descrito por Piloña no es una regla ni constituye una práctica cotidiana, de la mayoría de quienes encontraron en este género una manera más de expresión de opinión.

El discurso

La reproducción de discursos sexistas, clasistas y racistas que descalifican a las mujeres, principalmente aquellas que participan en un ámbito público y político, está vigente en los medios guatemaltecos y en ocasiones, sin que estos o sus productores tengan consciencia plena de lo que hacen. Además, tiene otras consecuencias: “Esta clase de humor le arrebata a la risa su poder político de reivindicación frente a las acciones de las y los funcionarios”, señala la filóloga Maya Alvarado, quien integra el consejo editorial del periódico feminista La Cuerda.

La situación descrita no ha sido descubierta recientemente ni solo por quienes ven el análisis de los contenidos mediáticos como herramienta de interpretación de “lo social”. Ricardo Berganza, administrador de empresas que incursionó como columnista Plaza Pública, advirtió sobre estas prácticas en los medios. “(…). Pero antes de discutir sus ideas se recurre con frecuencia a la descalificación y se cuestionan aspectos personales como vida familiar, moral sexual, apariencia física, edad, etnia, adscripción religiosa y afición artística, pero ante todo se suele criticar la transgresión, concretamente su irrupción en campos reservados para los hombres. De ahí que las críticas más duras sean para las mujeres percibidas como autoritarias y que se encuentran en posiciones de poder”.

Las zorras, las puercas y las ratas

El martes 27 de octubre en la sección de opinión del impreso matutino Siglo 21, se encuentra publicada la caricatura de Guille, donde la protagonista es la excandidata a la Presidencia Sandra Torres, tras perder las elecciones. Se le observa atendiendo a un reportero, en la puerta de una habitación casi destruida, se ve un gato ahorcado o colgando de un ventilador de techo. Pero ella le dice al reportero que acepta “sus derrotas”, cuando en verdad se sugiere que perdió la cordura.

La sátira en Guatemala tiene dificultades para lograr un humor reflexivo, que provoque cuestionamientos sobre las actuaciones de los personajes públicos, mujeres u hombres, fácilmente se decanta por burlarse por la condición de género, de etnia (como la hace el Presidente electo cuando está en función de cómico con sus personajes), de clase, incluso de edad y de capacidades diferentes, señala Alvarado.

En el caso de la exvicepresidenta Roxana Baldetti, hubo expresiones misóginas y no solo en los medios. La socióloga Ana Silvia Monzón indica que “desde abril, cuando se empezó con todas las denuncias por corrupción, fue muy evidente el ataque directo a la señora Baldetti por ser mujer. Había cierta consideración hacia el presidente Otto Pérez. Incluso, se dejaban ir mensajes como ‘ella tiene la culpa porque lo manipuló’”.

En el programa Las Inolvidables, del canal Guatevisión, surgido este 2015 con media hora de duración y que incluye varios segmentos, hubo caracterizaciones de Torres y Baldetti, así como de la jueza Marta Sierra y de la exintendente de Aduanas Claudia Méndez Asencio, que rayaron lo burdo, lo descalificador y lo sexista.

Una zorra roja o líder (Baldetti), otra zorra naranja (Méndez), una rata (Sierra) y una puerca (Torres), fueron las caracterizaciones. Otto Ángel, productor de dicho programa y del segmento que se presenta en el noticiero Guatevisión los viernes, accedió a aclarar el porqué de esas comparaciones.

Según el periodista, se creó un mundo ficticio para contar lo que sucedía en el país sin perder el sentido del humor. “Realmente nos preocupamos más en no excedernos desde un punto de vista político y dejamos de lado una evaluación más reflexiva de las imágenes o comparaciones que haríamos con los personajes”.

En dicha sección la población en general es representada como conejos y los policías con cocodrilos, por mordelones, explica Ángel. Ahí los abogados son ratas, los diputados son vacas y los políticos son cerdos. También hubo un cerdo disfrazado de pollo (probable referencia a Alfonso Portillo).

Otto Ángel indicó que así es como por ejemplo Sandra Torres fue representada como una cerda, sin embargo, no es una cerda común, pues en una escena se vio como dicha cerda se da un baño en una olla y ofrece “carnitas solidarias”.

Mientras, sobre la referencia de Roxana Baldetti y Claudia Méndez como zorras, Ángel explica que en efecto no reflexionaron sobre las connotaciones que implica tal analogía. Sin embargo, el productor aclara que no fue intencional el hecho de que se interpretara como una denigración de las mencionadas como mujeres, pues la intención era criticar las acciones en las que ellas se vieron involucradas.

El recurso fácil

Los estereotipos en la sátira y el humor, son un “recurso fácil” señala Ana Silvia Monzón. “Se cae en el cliché de decir que las mujeres son unas zorras, no se complejiza y se recurre al estereotipo. Definitivamente los medios tienen un gran poder en la forma de cómo colocan discursos, imágenes y narrativas para dónde convenga. El hecho de tener un lápiz o un teclado en la mano es un gran poder, que expresa las relaciones de poder”, agrega la académica.

El sociólogo Pierre Bourdieu, ya fallecido, llegó a manifestar que lo medios de comunicación ejercen la violencia simbólica de manera perniciosa. Sus postulados teóricos explican que la violencia simbólica es ejercida para mantener la hegemonía de clases y alimentar los discursos que sostienen la legitimidad del sistema dominante, en este caso la sociedad patriarcal.

Monzón explica que al hecho de ser mujer se le sigue atribuyendo esas características que el orden patriarcal plantea con respecto a ellas; es decir, los prejuicios y estereotipos alrededor de que las mujeres son manipuladoras, chismosas, que no son juiciosas, que no se puede confiar en ellas, etc. “Eso se acentúa en el manejo de los medios y de los mensajes políticos”, señala la socióloga.

¿Lo que la gente quiere?

Según Monzón, los medios se excusan, por ejemplo, de la cobertura excesiva de hechos violentos con la frase “es lo que la gente quiere”. La comunicadora explica que la prensa “ya está asumiendo esto como una idea, como una postura. Y claro, las personas van consumiendo imágenes, discursos, narrativas en la medida que es eso lo que se les está dando; sin contrapeso”.

Para Piloña “un buen caricaturista debe cuidar la calidad del trabajo que produce, tanto en la parte gráfica como en el argumento, la idea y el desarrollo textual. Claro que lo más simple sería dejarse guiar y amalgamarse al ánimo de la audiencia, por ejemplo insultando al funcionario que todos rechazan. Pero eso sería irresponsable y no ético, además que no aportaría ninguna visión nueva ni constructiva”.

No se debe entonces primar el cliché, con el fin de generar efervescencia. Para el caricaturista vale más permanecer que reducir la labor a un momento y ánimo definido, pues es una auto sentencia al olvido.

“No es difícil manejar y diferenciar la creatividad de la agresión, porque la creatividad es más exigente y de ideas más elaboradas”, Pablo Piloña.

El desafío

No se puede apelar a la falta de creatividad y tampoco a la poca reflexión previo a realizar un trabajo de este tipo. Incluso, no es excusa la ausencia de mujeres en estos espacios ni garantía que sí estén presentes en los procesos creativos.

“Ciertamente las mujeres hemos ganado espacios en los medios, pero todavía no definimos las líneas editoriales ni los discursos, mismos que evidentemente nos están descalificando y justifican la violencia contra las mujeres. Incluida la violencia simbólica, que no es tan tangible, pero ahí está”.

Que un personaje público, representativo del poder, se atreva públicamente a agredir a una mujer envía un mensaje a la población de que la violencia y las agresiones de cualquier tipo hacia las mujeres “están bien”, aduce la socióloga.

Otto Ángel, de Guatevisión, lamentó que las animaciones hayan alcanzado ese nivel o contenido estos elementos discursivos, aseguró que en lo personal está dispuesto a dialogar y conocer tales posturas (las feministas) para evitar en la medida de lo posible que estos mensajes se sigan reproduciendo de manera descuidada.

“Es importante hacer ese llamado a quienes están en los medios, que tienen ese grande compromiso y responsabilidad. Apelar nuevamente a que debe haber cierta ética de cómo expresarnos porque llegamos a muchísimas personas. Es importante cuestionar que se siga promoviendo esa descalificación y agresión hacia las mujeres en términos mediáticos”, concluye Monzón.

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