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Los periodistas, por lo general, somos de las primeras personas en llegar al sitio de una tragedia o donde se produce una situación de peligro. Sin embargo, pocas veces medimos los riesgos para nuestra integridad física y emocional.
Por Miguel González Moraga

Pulse sobre la foto para leer y descargar entrevista con Marco Antonio Garavito sobre periodismo y salud mental.

“En una emergencia, la peor consejera es la adrenalina”, sostiene Ricardo González, de Artículo 19, una ONG global que desde su oficina en México organiza cursos de seguridad para periodistas, que incluyen recomendaciones y prácticas sobre primeros auxilios, disminución de riesgos físicos, salud mental, formación de supervivencia y seguridad digital, entre otros aspectos.

En lo que va del año, Artículo 19 ha reunido a casi medio centenar de reporteros/as, la mayoría mexicanos, quienes han reflexionado sobre sus prácticas actuales y cómo sostenerlas o mejorarlas. No se trata de exacerbar la paranoia ni de brindar falsas sensaciones de seguridad, sino de facilitar conocimientos en pro de una adecuada labor de los periodistas, la cual es un oficio de alto riesgo, resume González.

Con el objetivo de medir el control de los periodistas en situaciones de riesgo y que pueden derivar en episodios de pánico, el curso incluye prácticas en un edificio en llamas, con fugas de gas propano y agua (con los ojos vendados), evacuación de un sótano (a obscuras y donde la movilización es en cuclillas o pecho a tierra, debido a lo reducido de los espacios) y navegación terrestre (movilizarse a una zona boscosa, de noche y con lluvia, juntar fuego, elaborar un refugio y captar agua para beber). Cuatro días después de intensas jornadas de 12 horas de trabajo, los periodistas han calibrado sus prácticas y llegan a conclusiones colectivas e individuales que les ayudarán a mejorar su labor y a valorar más su seguridad.

Deficiente planificación y protección

Una muestra de que la adrenalina es uno de los principal resortes de los/as periodistas y no la planificación ni el buen juicio se observa siempre en la cobertura de tragedias, como el terremoto del 7 de noviembre en San Marcos.

A ese lugar fueron enviados o se movilizaron decenas de colegas capitalinos y de departamentos cercanos apenas con sus instrumentos de trabajo, pero no con suficientes equipos básicos de protección (cascos, por ejemplo). En la televisión se pudo observar cómo algunos reportaban en ropas más adecuadas para estar en oficinas o en sitios urbanos que para la fatiga (por ejemplo pantalones tipo cargo —con más bolsas de lo normal —, botas antideslizantes, guantes y chumpas térmicas).

Además, no se previó disminuir los problemas para que los colegas pudieran alimentarse: a no pocos se les envió con dinero, pero sin instarles a que adquirieran barras energéticas, comida enlatada y suficiente agua o líquidos (raciones frías). De esa cuenta, quienes fueron destacados a áreas rurales para constatar los daños del sismo atravesaron problemas para obtener comida, pues en situaciones críticas los víveres escasean.

Conviene, por lo tanto, estar preparados para situaciones de emergencia con una mochila que incluye ropa, alimentos, líquidos y medicinas básicas. Debe estar a mano en la sala de redacción o en la casa del periodista.

Posterior a la tragedia en San Marcos hubo reporteros que quisieron sumarse a las labores de rescate, pero como la mayoría no cuenta con los conocimientos ni la preparación necesaria, se convirtieron en obstáculos para la labor de los rescatistas.

“Los periodistas pueden ayudar, pero necesitan ser capacitados”, sostiene Oscar Cáceres, experto del Cuerpo de Respuesta Humanitaria a Emergencias y Desastres en Guatemala (CRHED), organización que desde octubre y hasta diciembre coordina con Centro Civitas/Sala de Redacción una serie de talleres denominados “Prensa, mejorando nuestro rol en la gestión del riesgo de desastres”.

Apoyo emocional

Observar personas fallecidas, sitios donde había cuerpos soterrados y familias que perdieron sus posesiones materiales provocó sentimientos de vulnerabilidad y de angustia emocional en decenas de colegas en San Marcos, pero no todos los externaron, como Gerson Ortiz, de elPeriódico.

Afectada por tragedia en San Marcos. Fotografía hecha por Carlos A. Barrios, periodista marquense.

“Me quedé sentado a su lado y guardé la libreta: me negué a escribir y abracé a la mujer de 70 años que perdió al amor de su vida en el terremoto. Lloré junto a ella, pero supe que solidarizarme no era suficiente, quizá era egoísta, pero yo también tenía el alma desgarrada”, escribió en Sala de Redacción Gerson tras volver a la capital.

Al colega le hizo bien expresarse, pues liberó estrés. “Quizá entregarme al llanto y vivir el dolor ajeno fue necesario para intentar explicar la muerte sin lastimar a otros, sin lastimarme a mí mismo”, escribió como parte de un ejercicio de catarsis. Hubo colegas utilizaron las redes sociales para descargarse —“Quiero llorar” y “Mi casa va a ser demolida” contaron dos colegas de San Marcos en Facebook—, contrario a otros que prefirieron mostrarse “más duros” y excusaron que ver el sufrimiento ajeno sin involucrarse es parte del trabajo del periodista.

En el curso de Artículo 19 se recomienda a los periodistas que forme grupos de autoayuda y liberen tensión. Es bueno hablar entre colegas y aliviar el estrés, sostiene Damián Dorantes, experto mexicano en manejo psicológico de incidentes críticos.

A su juicio, el estrés también se puede controlar de otras maneras, como la práctica deportiva y técnicas de relajación. No obstante, en casos graves, el reportero debe acudir con un profesional de la psicología, pues la angustia puede deriva en alcoholismo, pérdida de sueño, problemas de alimentación, fatiga, falta de concentración y problemas en las relaciones interpersonales, añade Dorantes. “A los periodistas no les debe dar temor acudir con un experto, pues lo anormal es acumular angustias”.

La ciberseguridad también es importante

Además de procurar mantener adecuados niveles de salud física y mental, es conveniente que los/as periodistas pongamos especial atención en nuestra privacidad digital, la cual parece estar bastante descuidada.

Es frecuente que perdamos en cualquier sitio una memoria USB (Universal Serial Bus), que se eche a perder el disco duro de nuestra computadora, que se formatee el teléfono celular o que nos hackeen la cuenta de correo electrónico y perdamos decenas de fotografías o documentos de los cuales no tenemos copia. En un instante, el trabajo de meses o años desaparece por no aplicar sencillos procedimientos de protección.

Una de las primeras acciones de seguridad digital a implementar es la instalación de un antivirus en la computadora, como recomienda el experto Sergio Araiza: “Uno de los mejores y además gratuito es el Avast, el cual requiere un registro cada 14 meses”. Asimismo, insta a contar con herramientas contra el software espía (spyware) y cortafuegos (firewall). Para cada caso, dos de los más recomendados son Spybot y Comodo Firewall.

Otra buena medida de seguridad es contar con claves seguras. Las que tienen más de 10 signos, letras (mayúsculas y minúsculas) y números son difíciles de violar, sostiene Araiza, quien exhorta a cambiar las claves cada tres meses. Dos ejemplos de contraseñas seguras por su estructura: p3r10d1s7A$ (tiene cinco letras, cinco números, un símbolo y se lee “periodistas”) o c@$t1770V3rde (tiene seis letras, cinco números y dos símbolos y se lee “castilloverde”.

Cuesta acostumbrarse a las contraseñas complejas y largas, pero son más efectivas que una fecha de nacimiento, un número de teléfono o el nombre de un familiar. Las palabras clave no deben ser compartidas con nadie, a menos que sea estrictamente necesario. Como es difícil memorizar los paswords de los correos electrónicos, Skype, Facebook y la computadora, Araiza recomienda abrir una cuenta en Keepass, donde se pueden guardar diversas contraseñas.

Es importante contar con antivirus, cortafuegos, herramientas contra el sofware espía y buenas contraseñas, pero no es suficiente: nuestra información la podemos perder por ataques de piratas informáticos, derrames de líquidos sobre nuestros equipos u olvido de contraseñas, entre otros inconvenientes. Por lo tanto, es adecuado contar con respaldos de nuestros documentos en dispositivos extraíbles (un disco duro removible) o en espacios virtuales (Google Drive o Dropbox).

En la Red podemos encontrar programas que nos ayuden a hacer respaldos de nuestros datos, como el Cobian Backup. Como la mayoría de periodistas contamos con más de una dirección de correo electrónico, es recomendable administrarlas desde aplicaciones como Mozilla Thunderbird, pues desde una sola bandeja de entrada se puede revisar más de una cuenta de e-mail.

En resumen, los/as periodistas debemos estar atentos para disminuir los riesgos, los que pueden tener consecuencias físicas, mentales o digitales. Por lo tanto, nunca está de más dedicarles unas horas al mes a la prevención y al análisis, pues de esa manera se podrá informar mejor.

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