Fotografía: contrapoder.com.gt
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Publicado & archivado en La Columna de Olga.

Por Olga Villalta

A pesar de que desde el 2007 se han realizado campañas para motivar a las mujeres a que se postulen a cargos de elección popular, su presencia sigue siendo escasa. Sin embargo, en el padrón electoral se ha incrementado la presencia femenina, sobre todo de mujeres analfabetas. Y el porcentaje de mujeres que votan ha sobrepasado al voto masculino.

Los datos son reveladores. Respecto a las alcaldías, en las elecciones del 95, fueron electas 6 mujeres en un total de 332 municipios. En el 99, quedaron tres (en 333 municipios). En el 2003, quedaron 8. En el 2007, quedaron 7; en el 2011, quedaron 13. En el 2015, de 338 municipios quedaron 9.

Otro dato interesante, que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) reportó en el 2015, es que 4,556 mujeres se inscribieron a cargos de elección popular, representando el 18% del total de candidaturas. Las mujeres diputadas representan del 11% al 13% del total. Además, hay que tomar en cuenta que la mayoría de las diputadas tienen fidelidad hacia el partido y no hacia las demandas de las mujeres. Incluso, pocas de ellas logran entrar a las comisiones determinantes en el Congreso.

Entonces, nos preguntamos ¿por qué a pesar de los esfuerzos de diversas organizaciones, la cooperación internacional y el mismo TSE, para que las mujeres accedan a puestos de elección popular, ellas siguen siendo excluidas?

Buscando explicaciones, hurgo en algunos apuntes e investigaciones sobre participación política de las mujeres. En primer lugar, el derecho a ser electa y elegir sus representantes es un hecho reciente en la historia de las mujeres. Desde los albores del concepto de democracia en la Antigua Grecia, las mujeres, los extranjeros y los esclavos estaban excluidos del ejercicio de la ciudadanía. Ser miembro del demos sólo correspondía a unos cuantos.

Es en el marco de la Revolución Francesa que se declaró la igualdad universal de los derechos civiles y políticos, pero sólo de los hombres, y se dejó nuevamente fuera a las mujeres. Olimpia de Gouges lleva a la plaza pública su querella sobre la exclusión de las mujeres de la ciudadanía y redacta la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana.

Durante los siglos XVII y XVIII, los ideólogos de la democracia reafirmaron el principio de los derechos ciudadanos universales para los hombres, excluyendo a las mujeres, los sirvientes y los desadaptados mentalmente. El argumento para mantener a las mujeres excluidas era la naturalización de su sexo, de lo cual hay amplia literatura. Aunquepoco a poco comenzó a considerarse una insensatez la idea de que los trabajadores estaban representados por sus patrones, paradójicamentese conservaba con mucha fuerza la idea de que las mujeres estaban representadas por los hombres. A pesar de estos valladares, las mujeres continuaron luchando por ser consideradas ciudadanas y así nace el movimiento sufragista en Francia, que es trasladado a América a principios del siglo XX.

En Guatemala, las mujeres alfabetizadas adquirieron el derecho a votar en 1945 y es hasta 1965 que se declara el derecho universal al voto. Somos ciudadanas apenas hace 70 años las alfabetizadas y hace 50 años, todas.

A esta ciudadanía reciente tenemos que agregar otros elementos que dificultan el ejercicio de ser electas. Y estos tienen que ver con el diseño de la política vigente. El ejercicio del poder se identifica con el dominar a otros seres humanos; predomina el más fuerte, el que tiene más recursos económicos. Se valora al orador fogoso y con voz potente. Se acostumbra el caciquismo.

Algunas mujeres aprenden a manejarse en los partidos con esas reglas del juego. Aunque son criticadas, en ocasiones logran asumir posiciones de poder, pero también pagan un costo muy alto.

Esto nos hace pensar en la necesidad de diseñar un ejercicio diferente del poder, en el que el objetivo no sea dominar a otros seres humanos, sino adquirir la corresponsabilidad de la conducción de la Cosa Pública buscando el bienestar de toda la ciudadanía. En este transitar es importante el apoyo familiar para la participación política de las mujeres, fomentar su formación política y la reflexión profunda sobre la condición, situación y posición de género.

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