Publicado & archivado en Editorial.

Si de juzgar a partir de los comentarios expresados en la internet se tratara, en Guatemala hay una férrea defensa de la Libertad de Expresión, tan férrea que cualquiera diría que se trata de una sociedad sumamente respetuosa de la misma. Sin embargo, en las mismas redes sociales es posible observar el doble rasero con que se actúa: se exige respeto a la opinión propia, pero no de la ajena. Basta con recordar el incidente ocurrido en a mediados de marzo, luego de que el comentarista deportivo mexicano David Faitelson menospreciara, en un comentario vía Twitter, a la selección nacional de fútbol.

 

Antes de verse obligado a ofrecer disculpas a Guatemala por el simple hecho de manifestar una opinión, Faitelson manifestó sentirse aterrado por la reacción del presidente Jimmy Morales y además lamentó que “sus hijas tengan que leer tanto odio y tanta intolerancia hacia él, ya que no es un mundo que quiere para ellas”. Bienvenido a Guatemala, señor Failteson.

 

Los espacios mediáticos abiertos al público en este país están plagados de violencia verbal. Las ideas no se discuten con otras ideas, no hay contraargumentos ni despliegue de inteligencia, de diálogo o de debate. Por el contrario, la descalificación y los insultos hacia las personas son utilizados como estrategia para descalificar a quien emite un comentario que disgusta. De esa manera se hace, a veces, una defensa hasta irracional de lo indefendible

 

Loa medios de comunicación social, las y los periodistas no pueden cerrar sus espacios a dichos comentarios, sería irrespetar la libertad de expresión de sus públicos. Sin embargo, sí pueden abrir otros para promover un diálogo de calidad, que forme e informe sobre asuntos relevantes para la democracia, donde se haga gala de saberes y opiniones informadas. Son espacios que se echan mucho, mucho en falta.

Screen Shot 2016-05-05 at 5.23.50 PM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *