Fotografía de Ssociologos.com
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Por Ligia Flores (*)

 

Los medios de comunicación son instituciones que pueden aportar al fortalecimiento de la democracia en cualquier sociedad. Esta premisa se cumple si los contenidos en sus publicaciones ofrecen información plural, de voces diversas a la ciudadanía, y que propicien debate público de opinión crítica sobre temas fundamentales.

Guatemala atraviesa por un momento de su historia reciente que algunos medios califican como una crisis política y otros, como una crisis institucional. Lo cierto es que la ciudadanía precisa de información que le oriente en la compresión de los procesos sociales y políticos, así como del funcionamiento de las instituciones y sus implicaciones en la vida cotidiana, para tomar decisiones mejor calificadas.

Analistas consultados por Sala de Redacción ofrecieron sus impresiones sobre la coberturas que medios tradicionales de comunicación han efectuado en esta coyuntura. A criterio suyo, hay deudas en los abordajes. Asimismo, estiman que el rol de la academia y la ciudadanía en general, son prioritarios para que los medios cumplan con su función en una sociedad democrática. También se refieren al aporte de los medios digitales y al potencial de las redes sociales.

De lo ligero a lo insondable

Algunos analistas explican la coyuntura actual como una situación que se puede comprender desde dos dimensiones. Una de ellas estaría conformada por una crisis de tipo político y la otra, por una crisis del sistema.

El politólogo Luis Fernando Mack estima que las reacciones provocadas en diversos espacios políticos y sociales, luego de que se conociera que altas autoridades del actual gobierno están involucradas en el caso conocido como La Línea, se puede ver como la dimensión “más inmediata” de la crisis.

Pero en una compresión más profunda, según Rosalinda Hernández, periodista feminista y editora de La Cuerda, se podría hablar de otros actores, de otras estructuras que precisan ser escrutadas de manera más incisiva. Se debería analizar que hay personajes históricos, hechos y condiciones en situaciones similares anteriores.

Para Renzo Rosal, analista político independiente, la dimensión profunda “es una dimensión híbrida de una crisis del sistema que se expresa en la coyuntura frente al gobierno”. Rosal enfatiza que se trata de una crisis que no se termina de conformar.

Narraciones distintas desde lo digital

A criterio del profesor Silvio Gramajo, el aporte desde algunos medios digitales propicia narraciones distintas a las ofrecidas por los medios tradicionales. De igual forma opinan Mack y Rosal. Para ellos, estos medios han propiciado que un sector de la ciudadanía sea más crítico en la coyuntura actual.

Rosal considera que: “(…) los medios digitales que han surgido en últimos años han ayudado a conectar actores, contextos y agendas, pero están aislados”. En un orden similar de ideas, Mack opina que “estos medios están en contracorriente. Están ubicados en la capital y solo difunden sus ideas por medio del internet”. Según este analista, “quizá en unos años esto haga la diferencia, dependiendo de cómo madure la sociedad”.

Los entrevistados consideran que las redes sociales son un recurso más de la ciudadanía para informarse y generar opinión. Sin embargo, hasta ahora no se les da buen uso. Gramajo explica que: “(…) únicamente privilegian mensajes cortos y muchas veces incompletos que, en aras de buscar discusión o debate, sólo generan una espacio de preguntas que no logran entrar a un debate serio y profundo”.

Algunos de los medios mencionados por los entrevistados son: Plaza Pública, Nómada, El Salmón y el Centro de Medios Independientes (CMI).

Más allá de la euforia

Los analistas coinciden en que los medios tradicionales de comunicación, tanto impresos, radiales y televisivos, como sus versiones digitales, concentran sus coberturas en hablar de la primera versión, en ofrecer visiones coyunturales.

Luis Mack considera que hacen falta miradas estratégicas desde los medios, pero que se termina por reproducir una apuesta por “soluciones mágicas”.

“Los medios tienen muy poca capacidad de visión de largo plazo”, explica el politólogo. “Todo el mundo se enfoca en el ahora y no se ve el mañana porque está muy lejos. Es parte de la idiosincrasia del guatemalteco que siempre busca soluciones mágicas, porque no importa planificar”.

No se dice desde los medios, insiste Mack, que el sistema, “mal que bien, es funcional para muchos actores y lo que se busca es cambiar las cosas para que quienes están arriba caigan. Pero otros quieren tener esas prebendas”, afirma.

Rosal coincide en este punto. “(Los medios tradicionales) se han manejado con una agenda inmediatista que responde a la estrategia histórica que es comercial. Buscan vender la coyuntura”, sostiene.

De igual forma, Ricardo Barrientos, Economista Senior del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), recuerda casos recientes que pudieron relacionarse con este episodio de crisis, para ofrecerle a la ciudadanía coberturas más contextualizadas, que hilaran un relato histórico más complejo.

“Este no es el primer escándalo grande de corrupción, y probablemente no será el último. Están los casos de Marco Tulio Abadío, de MDF, el Ministerio de Gobernación, el IGSS. Lo que marcó los temas fueron los personajes: la captura del superintendente en funciones. Recordemos la captura de Abadío cuando lo encontraron en una finca, todo sucio, en el monte, que fue más dramática, pero [el caso actual] es más impresionante (…)”, expone Barrientos.

Más allá de los matices culturales de la sociedad guatemalteca, los entrevistados enfatizan el sistema de medios que permite alta concentración de la propiedad. Tal problema se refleja en que los medios privilegian en sus agendas determinados intereses que poco contribuyen a la construcción democrática de un país.

El profesor de Comunicación Política, Silvio Gramajo, habla sobre los actores involucrados en este contexto: “El problema general que estamos viendo, (…) es el tránsito de políticos a empresas comunicativas o empresarios de medios metidos en política, y eso por obvias razones condiciona las noticias. Este fenómeno genera publicaciones sesgadas y/o interesadas en privilegiar unos hechos sobre otros”, puntualiza.

Hay, entonces, aspectos de fondo que atañen a los medios de comunicación en esta crisis. Considerarles instituciones ajenas a la realidad compleja del país es ignorar que son actores clave en la generación de cambios sociales.

Sin duda, los medios tradicionales hacen aportes fundamentales a la democracia, consideran los analistas, quienes concuerdan en que el papel de estos puede mejorar en el largo plazo. En lo inmediato deben proponer vías alternas de solución a la crisis, deben ir más allá de generar euforia en la ciudadanía. Eso implica decirle a la gente, apunta Rosal: “que esta dinámica debería prolongarse hacia algo más profundo”.

(Lea también: ¿Credibilidad del medio versus participación de periodistas?).

Rol complementario: Ciudadanía-Medios

Que los medios de comunicación desempeñen su rol en la apuesta por una sociedad democrática es una responsabilidad compartida con la sociedad. No es exclusiva de las instituciones mediáticas, afirman los analistas.

Es necesario que los medios sean autocríticos y ofrezcan cambios en su estructura (más personal calificado, mejores condiciones laborales para los periodistas, por ejemplo), opina Mack. Este analista considera que la ciudadanía debe reclamar información calificada y rendición de cuentas a los medios.

“Todo el mundo habla de las instituciones y del estado fallido, pero como sociedad no nos hemos puesto de acuerdo qué le vamos a exigir a los medios, a los políticos, a las instituciones”, acentúa, el politólogo.

Mientras tanto, Rosal cuestiona el rol de la academia en procesos sociales y políticos complejos. A su criterio, hay interés genuino, pero es distante de estos actores. “Se camina en una posición contemplativa o generando opinión tangencial o coyuntural; esta reflexión requiere de una visión más estratégica y la academia juega un poco complaciente (…). La coyuntura rebasó a la academia”, aduce.

Sin embargo, estima que el momento que atraviesa la sociedad es propicio para que ciudadanía y medios discutan conjuntamente sobre sus aportes en el fortalecimiento de la democracia. “Tiene que haber algún medio que toque a los otros. Debe haber alguien que lo inicie”, concluye Rosal.

(*) Con información de Julie López y Herberth Pineda

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