Publicado & archivado en Invitado/a, Opiniones.

Periodista Asier Andrés.

 

Desde que comencé a trabajar en la revista Contrapoder, hace unos tres años, me he encontrado en muchas ocasiones en la posición de defender al accionista mayoritario de la empresa, Erick Archila, actualmente reclamado por la justicia guatemalteca. Me he visto en esta situación sin quererlo ni planificarlo, simplemente porque mis amigos y amigas me cuestionaban por trabajar en un medio propiedad de un ministro, alguien comprometido con un partido político, lo que en Guatemala es casi siempre un sinónimo de delincuente. En muchas ocasiones nos encontramos asumiendo roles que no deseamos asumir, pero que siempre acabamos haciéndolo aunque nos prometamos a nosotros mismos no volver a hacerlo. Esto es lo que me ocurría siempre a mi, cada vez que me preguntaban por la relación entre Contrapoder y Erick Archila, o por qué en Contrapoder se anunciaban empresas a quiénes Archila como ministro tenía que supervisar.

Yo, casi con desgana, repetía los mismos argumentos, una y otra vez. Que ninguna empresa eléctrica o minera jamás creó una campaña específicamente para anunciarse en Contrapoder que, si bien era cuestionable el conflicto de interés que representaba para Archila beneficiarse de empresas a las que tenía que controlar, en Contrapoder siempre aparecían los mismos anuncios que en el resto de medios comerciales. También insistía en que Archila solo en contadas ocasiones había intervenido en el contenido de la revista, a diferencia de lo que es habitual en otros medios, y que nunca se había opuesto a la publicación de un artículo construido sólidamente, con argumentos irrefutables, a pesar de que en muchas ocasiones esas notas afectaban a sus compañeros de gabinete, funcionarios a los que él tenía que enfrentarse.

Jamás quise convencer a nadie de que Archila fuera buena gente o un excelente ministro, o que estuviese libre de corrupción. Solo quería hacer entender a los demás que Contrapoder tenía que ser juzgado por su contenido y que su contenido era solo atribuible a quienes hacen la revista, el grupo de periodistas que trabajan allí. He trabajado en Contrapoder varios años y nunca sentí que trabajara para un ministro, si no que trabajaba con un equipo del que formaban parte algunos de los mejores periodistas del país.

Quería explicar a los demás que si Contrapoder tenía algún sesgo ideológico, que evidentemente lo tiene, o tiende a favorecer alguna óptica determinada de la realidad, algo que también ocurre, se debe exclusivamente a quienes hacen o deciden sobre la revista. El primer responsable es el director Juan Luis Font. Los reporteros vamos después. Erick Archila, con quien he hablado en mi vida en una ocasión, siempre ejerció una influencia desde la lejanía. Las decisiones siempre se tomaban en la reunión de edición de cada semana, una “asamblea” de periodistas abierta, en la que todos siempre pudieron opinar y proponer temas.

Siempre escuchaba el comentario de que nosotros defendíamos el punto de vista pro-empresarial y contrario a los intereses populares que Erick Archila también sostenía como ministro. Si esto es cierto, les garantizo que nunca se debió a la influencia del accionista mayoritario de la revista. Aunque muchos lectores solo piensen en nosotros los reporteros como asalariados al servicio de un poder, somos personas normales, capaces de tener ideas propias, malas y buenas, prejuicios propios, errores propios. Tenemos la capacidad, incluso, de ser unos imbéciles sin que nadie nos lo pida.

Esencialmente, siempre quise reivindicar que medios serios como Contrapoder son, en gran parte, un reflejo de los periodistas que los hacen, no de los propietarios, que raramente toman decisiones editoriales y que normalmente solo tienen la influencia suficiente como para elegir algunos columnistas y evitar que se les investigue o critique abiertamente a ellos mismos.

Creo que mis argumentos nunca tuvieron mucho éxito. La principal prueba de ello es que me veía obligado a repetirlos una y otra vez.

Todo empeoró cuando Manuel Baldizón lanzó sus medios y entonces comenzó la guerra contra Contrapoder y los otros medios de Erick Archila. Ver que mucha gente entendía este conflicto como un enfrentamiento entre iguales, entre dos grupos políticos disputándose el poder, me generó una profunda desazón. La gente era incapaz de diferenciar entre el periodismo, aún con sus sesgos y errores, y la propaganda política. Me preguntaba de quién era la culpa. Si de una sociedad ciega que no quería ver en Contrapoder más que los intereses de su propietario principal. O si la culpa era de los reporteros, que habíamos sido incapaces de hacer un trabajo lo suficientemente independiente como para que los ciudadanos entendiesen la diferencia entre los panfletos de Baldizón y la revista que consumía 12 horas diarias de mi vida.

Entonces me quedé sin argumentos. Exactamente lo que me ocurre ahora que Erick Archila es acusado, más o menos, de sobornar a Otto Pérez y Roxana Baldetti, o de compartir su botín con ellos, y es reclamado por la justicia. Sigo creyendo en todo lo que siempre dije. Pero sé que mis argumentos ya no surtirán ningún efecto.

No puedo garantizar que el dinero que sirvió para crear Contrapoder, sea “limpio”. La revista fue fundada con unos 400 mil dólares, una suma que Archila pudo perfectamente asumir dado que su patrimonio asciende a varias decenas de millones de quetzales. Es lo único que les puedo decir.

Es cierto que nunca investigamos expresamente a Archila. También es cierto que nunca se detuvo una investigación en su contra por órdenes superiores. No voy a ser tan cándido como para decir que el hecho de que él fuese el propietario de la revista no influyó en nada. Probablemente, ninguno de los reporteros quiso adentrarse en la gestión de Archila porque sabía que el tema no sería publicado. Pero también creo que es muy probable que si Archila no hubiese sido el accionista mayoritario, tampoco hubiese salido ninguna investigación en su contra, de la misma manera que ningún medio lo hizo. Y estoy seguro que ningún medio investigó a Archila, no por nada en particular, si no porque simplemente estuvieron ocupados haciendo otras cosas o no supieron hacerlo. La investigación es costosa en tiempo y recursos, más para un medio chiquito como Contrapoder. Por eso no abunda. Por eso los medios independientes eligen solo unas pocas batallas que luchar.

Guatemala es un país el que prolifera el crimen y la injusticia allá donde se elija mirar. Nosotros elegimos no miramos a Erick Archila, pero no por eso dejamos de describir el sistema político y económico de esta país con honestidad. Eso no se puede obviar.

Además, sí cubrimos temas que concernían a la actividad del ministerio que dirigía Archila de manera crítica. No pretendo ser exhaustivo ni atribuirme el mérito, pero puedo recordar un artículo que hice, explicando como la implantación de las regalías voluntarias a las empresas mineras no tendría un gran impacto en la recaudación, ya que el pico de producción de la Mina Marlin, la principal del país, ya había pasado, a pesar del triunfalismo del gobierno. También publiqué un largo articulo sobre las comunidades que se verían afectadas por la construcción de la hidroeléctrica Xalalá, en Ixcán, un proyecto que Archila promovía como ministro. Este artículo implicó viajar en dos ocasiones al valle del río Copón, un lugar considerablemente remoto, y pasar allí en total una semana. En otras palabras, fue un artículo no precisamente barato de producir, que fue financiado por Erick Archila sin que él si quiera preguntase de qué se trataba.

Nuestro trabajo pudo ser mejor, seguro. Si eso no sucedió, fue por culpa nuestra. De hecho, quizás debimos dedicar nuestros mejores esfuerzos a investigar a Archila desde el principio y forzar nuestra salida de su grupo. Imaginen que algo así hubiese ocurrido. Sin duda habríamos ganado credibilidad o prestigio como periodistas. Pero, ¿creen que hubiésemos contribuido a describir de una manera más veraz la realidad guatemalteca? ¿Creen que hubiésemos cumplido mejor con nuestra obligación de informar a los lectores?

Creo que no. Creo que eso ya lo hicimos dedicando considerables esfuerzos a la investigación de acciones del gobierno en el que Archila participaba.

En todo caso, yo sostengo que el socio mayoritario nunca fue el problema. Él es el problema ahora.

Atrévanse alguna vez a criticar a los reporteros y no siempre a sus jefes. Somos seres pensantes, a veces dóciles, a veces perezosos. En muchas ocasiones no entendemos lo fundamental que es nuestro trabajo. Empiecen a hablar de nosotros. Dejemos de hablar de conspiraciones de silencio o comparar a Contrapoder con los canales de Ángel González. Sepan ver el bosque. Juzguen a Contrapoder por lo que publica. Así, quizás, no me vuelva a ver en la posición de tener que defender a Erick Archila.

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