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Cesó el griterío electoral y tras la resaca comienza, dicen muchos, una nueva era en Guatemala. Presuntamente, esta era está marcada por una ciudadanía más fiscalizadora del quehacer político y por un mandatario no representativo del político tradicional. ¿Es esta una visión optimista?

Si bien es poco conocido en términos de propuesta política a nivel nacional, Jimmy Morales, licenciado en Administración de Empresas (Usac), quien además es presentado como doctor en Administración de Medios (Upana), no es completamente un novato. En 2011, se postuló a la Alcaldía de Mixco por el partido Acción de Desarrollo Nacional (ADN) y perdió contra Otto Pérez Leal, luego de obtener menos del 10% de los votos. Sin embargo, proponer cómo dirigir una alcaldía no es ni por asomo igual que pensar en cómo regir los destinos de un país.

Con esta alta investidura y las tareas que enfrentará, Morales necesitará de todas las capacidades y conocimientos, y deberá ser muy cuidadoso en sus manejos políticos.

Desafortunadamente, en lo que a Libertad de expresión se refiere, no ha comenzado con buen pie.

Aparte de los señalamientos que ya le acompañaban de contribuir a reproducir un discurso racista, los cuales no ha sabido responder adecuadamente, algunas de sus declaraciones recientes evidencian su incomprensión en la materia señalada. En un tuit emitido de su cuenta, y publicado el 26 de octubre por Prensa Libre, expresa: “Habrá libre expresión en los medios, siempre y cuando se respalde con la verdad”.

En primer lugar, la Libertad de expresión no puede estar condicionada. Es absoluta. En segundo, la Declaración de principios para la Libertad de Expresión (2007) consigna en uno de estos fundamentos que los Estados no pueden condicionar el ejercicio periodístico a situaciones “tales como veracidad, oportunidad o imparcialidad”, pues pueden ser restrictivas de la Libertad de expresión.

Morales también ha alborotado el cotarro al señalar que restringirá la pauta a medios de comunicación social, mientras allegados a él comentan que será drásticamente disminuido el presupuesto de la Secretaría de Comunicación Social.

Probablemente lo pensaría dos veces si tuviera claridad de cómo la pauta publicitaria puede contribuir efectivamente a la democratización de los medios de comunicación social, y de cómo el rol de la secretaría mencionada va mucho más allá de lo que al parecer piensa. Ojalá nos equivoquemos y la gestión de Morales no represente un atraso en términos de las libertades de Prensa, Expresión y Opinión.

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