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En Guatemala, como en muchos países del mundo, casi cualquiera puede llamarse periodista: basta con tomar una grabadora, un micrófono, una cámara fotográfica o de video y formular dos o tres preguntas, no siempre las más indicadas.

Por Evelyn Blanck, con información proporcionada por Ligia Flores, Miguel González Moraga, Silvia Trujillo y Mirza Colindres

¿Es periodista alguien por reportear y publicar en un medio, aunque no posea el más mínimo conocimiento ni aplique la técnica periodística?, ¿lo es quien publica en un medio, quizá un artículo o una columna de opinión?, ¿o la persona recién salida de una universidad, pero sin experiencia para analizar su realidad circundante? ¿Es periodista quien trabaja en una revista de modas o una publicación de autos?

En todo caso, valdría la pena preguntarse también por qué resulta tan importante, gremial y socialmente, responderse esta pregunta sobre quiénes están o no autorizados para llamarse y ser reconocidos como periodistas.

Discusión de viejo cuño

Este debate sobre quién debe o no ser reconocida o reconocido como periodista surge siglos después de la publicación del primer periódico impreso. Cabe señalar que en el país, el primero fue la Gaceta de Goathemala, fundada en 1729. En el ínterin, muchas y muchos grandes personajes del periodismo nunca tuvieron un título que los acreditara como tal y las redacciones funcionaron como sus escuelas por excelencia.

Lo que sí es cierto es que no cualquiera ingresaba en una redacción. Para ser periodista había que mostrar ciertas cualidades como vida intelectual propia –por eso la vida bohemia siempre fue asociada a la profesión –, así como capacidad de interpretar y trasladar la realidad contenida en los hechos noticiosos. Por esas cualidades, muchos grandes personajes como Winston Churchill, Ernest Hemingway, Antonio Gramsci y Miguel Ángel Asturias también fueron periodistas.

Hay quienes aseguran que la formación de periodistas más bien decayó cuando la academia creó las carreras, pues se perdieron el rigor y la atención personalizada. Cuestión de criterios. En Guatemala, el consejo superior universitario de la USAC aprobó a finales de la década de 1940 la creación de la Escuela Centroamericana de Periodismo, la cual inició actividades en 1952, adscrita a la facultad de Humanidades. David Vela fue uno de los personajes del periodismo guatemalteco que obtuvo ese año su título de licenciatura en periodismo.

El colega periodista José Elías Tárano, corresponsal del diario español El País, recuerda que la idea de convertir dicha escuela en una facultad surgió en 1975. A finales de ese año fue aprobada en la Usac la Escuela de Ciencias de la Comunicación. De ahí surgen los títulos universitarios que amparan la profesión del periodismo actual en Guatemala, mismos que también pueden ser obtenidos ahora en universidades privadas, muchas de las cuales cuentan con sedes regionales.

Pero una vez establecido el desarrollo del periodismo en el país desde los medios y desde la academia, vale la pena preguntarse: ¿Puede alguien ser considerado periodista solo por el hecho de contar con uno de estos títulos? ¿O puede dejar de serlo porque se ha formado únicamente en una redacción?

Si preguntamos en general quién puede ser considerado periodista, lo más probable es que obtengamos cierta especie de retrato heroico: es quien enfrenta al poder y a los poderosos, dispuesta o dispuesto a sacrificar su vida en aras de informar, quien, comprometido con la verdad y la ética, derrumba los obstáculos y busca todos los caminos para llegar a Roma, posee visión de rayos X para ver lo que otros no pueden, es capaz de resistir todas las cargas de adrenalina, para luego, procesar racionalmente un texto. Es quien –se dice popularmente desde hace algún tiempo–, corre hacia donde suenan las balas, mientras que toda persona cuerda huye de estas (se supone que correr hacia los proyectiles es bueno y deseable en el caso de los periodistas).

La mayoría de las y los periodistas guatemaltecos tienen criterios propios para definir quién es un periodista  y fuera del país también hay muchas definiciones al respecto, algunas de las cuales surgen más a partir de fallos observados en el ejercicio, que de aciertos. Ryszard Kapuscinsky, uno de los grandes personajes del periodismo a nivel mundial, publicó, en una crítica implícita, que “los cínicos no sirven para este oficio”. Y a la vez que profundizó el concepto, resaltó la gran trascendencia social del periodismo: “Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad. De allí se deriva que una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con los otros”.

La discusión sobre quién puede o no ser considerado periodista parece darse, en realidad, más a partir de las falencias que de las virtudes mostradas. Haciendo uso de la sátira, el periodista español Manuel Vincent decía: “Periodista es ese tipo que escribe a toda velocidad de cosas que generalmente ignora y lo hace de noche y la mayoría de las veces cansado o borracho y que no teniendo talento para ser escritor ni coraje para ser policía se queda solo en un chismoso o en un simple confidente”.

Vincent refleja una realidad muy observada y reflexiones como la de él han motivado declaraciones como la del decano del Colegio de Periodistas de Murcia, España, Juan Antonio Heras, quien dijo: “La definición de quien es periodista no puede quedar a merced del mercado”.

Pero ha sido precisamente el mercado el que ha tenido la última palabra en decidir en Guatemala, no hay organizaciones gremiales que validen o invaliden a alguien en el ejercicio. A muchos empresarios de medios les importan poco las cualidades profesionales, buscan primordialmente que el o la trabajadora de medios estén dispuestos a devengar bajísimos o ningún salario (no importa si lo complementan con fafas), así como a no realizar cuestionamientos. Son estos empresarios quienes han puesto en manos de personas poco formadas y sin ética los micrófonos, las grabadoras y las cámaras, y han vuelto de este campo laboral uno de los más movibles, y donde más se violan derechos gremiales y sociales.

Los que sí son

Foto: Wilder López

Un periodista es, en primer lugar, una o un profesional, alguien que posee conocimientos y habilidades especializadas. En este caso, quien lleva a la práctica la teoría. Muchos consideran la teoría del periodismo está aún en construcción, sobre todo en estos tiempos de la Internet cuando los medios tradicionales dejaron de ser los mediadores sociales por excelencia. Pero hoy por hoy, esta teoría nos dice que el periodismo es una manera de interpretar la realidad, con fines de mediación social, donde este relato es presentado de forma discontinua y donde lo pasado se indica como presente y en voz activa.

Esta teoría contempla un método que pasa por la selección, evaluación e interpretación de las noticias, a partir de preguntarse sobre su importancia. Por eso se menciona con frecuencia que un periodista es un operador semántico. Luego, esta operadora u operador semántico, basado en ciertos supuestos como los de que es posible fragmentar la realidad y que esta puede llegar a ser interpretada por públicos amplios y heterogéneos en tiempos distintos, se apoya para seguir desarrollando su labor en otros supuestos: que esa realidad interpretada puede ser encajada en tiempos y espacios (una columna, un segmento) y ser vertida de manera que pueda facilitarse su comprensión (redacción y géneros periodísticos).

Por supuesto que, antes de eso, tuvo que haber podido seleccionar a las fuentes idóneas y saber interactuar con estas, en el marco de un riguroso ritual para garantizar veracidad, así como haber observado la técnica, que en el caso del periodista está completamente imbricada con la ética. Además, por supuesto, tuvo que haber investigado, porque el periodismo no es la simple publicación de rumores.

Suena fácil, pero no lo es, no cualquiera posee la vocación ni la experiencia o conocimientos para seleccionar, jerarquizar, interpretar e incluso generar hechos noticiosos, no cualquiera posee la habilidad de redacción periodística, de investigación, mucho menos en formatos especializados.

Pero sobre todo, las personas que realmente destacan en este medio, en función de su profesionalismo, son quienes se casan con la ética y saben servir a sus públicos, como trayectoria de vida y sin importar si lo que informan es sobre cultura, deportes, ocio, moda, belleza o política.

¿Puede un ciudadano realizar un ejercicio periodístico? Sí. ¿Es válido? Sí. ¿Lo convierte eso en periodista? No. ¿Pueden un médico o un abogado publicar sus opiniones en un medio? Sí. ¿Los convierte eso en periodistas? No. Toda vez domine el género, un periodista puede escribir opinión, pero un columnista de opinión no siempre es un periodista. Si seguimos a García Márquez, quien se refirió al periodismo como un oficio, el mejor del mundo, diríamos que en este hay aprendices y maestros, y que a veces los aprendices han pasado por las universidades y los maestros, no necesariamente.

En el tapete

A nivel mundial y en Guatemala, varios asuntos han puesto en el tapete la discusión sobre quién es o no un periodista. Uno de estos ha sido el surgimiento de la Internet, pues muchas más personas hoy realizan algún que otro ejercicio periodístico. Varias pasaron de ejercicios simples y discontinuos a crear nuevos medios y redefinir los géneros. Por lo general, responden más a necesidades sociales que las empresas de medios tradicionales.

Estos nuevos emprendimientos periodísticos están poco atados a la censura y autocensura impuestas por el mercado, pero ciertamente tienen frente a sí el reto de la sostenibilidad y no pueden simplemente abandonar la teoría. Por otro lado, la misma crisis de los medios tradicionales empuja a muchas sociedades a legislar sobre quién está autorizado a ejercer el periodismo, incurriéndose en muchas ocasiones en violaciones de la Libertad de Expresión.

Otro de los asuntos que ha puesto la discusión en la mesa es quiénes integran las organizaciones gremiales y se ven protegidos por estas o por los Estados, sobre todo porque en países como Guatemala hay menos periodistas profesionales de los que se quisiera ejerciendo el periodismo. Por eso es frecuente que de las asociaciones de periodistas se pase a las de comunicadores sociales, con el fin de incorporar a todas y todos aquellos otros trabajadores especializados que laboran en las empresas de medios: locutores, caricaturistas, fotógrafos (aunque estos últimos también han sido reconocidos como periodistas gráficos), camarógrafos, ilustradores, etcétera. En países como Argentina, el concepto “periodista” se extiende a todas estas otras profesiones.

Quizá las mismas organizaciones de prensa hayan abonado a esa discusión en el país, pues una de sus anomalías más señalada es que acogen a personas que nunca se dedicaron al periodismo. La periodista Lucía Dubón, actual presidenta del Instituto de Previsión social el Periodista indica que en 2012, luego de un análisis jurídico, se decidió cancelar la afiliación de una persona “que no se desempeñaba en el campo del periodismo y se comprobó que las pruebas aportadas para su afiliación, no sustentaban haber subsistido del periodismo como tal, por lo que el litigio llegó hasta la Corte de Constitucionalidad que declaró sin lugar el amparo que interpuso el ex afiliado, resolución que precisamente recibimos el pasado 10 de marzo/2014”.

Ella agrega que: “Cuando un periodista presenta su solicitud de afiliación y documentos que comprueben su ejercicio periodístico, el expediente es evaluado en primera instancia por la Comisión Revisora y Precalificadora para emitir dictamen y posteriormente remitido al Consejo Directivo. Es requisito indispensable tener por lo menos 5 años de ejercicio en el caso de periodistas de medios de comunicación y subsistir del periodismo como actividad principal”.

La discusión sobre quién es o no periodista también ha sido impulsada en los últimos tiempos en otros países y en Guatemala por la necesidad de hacer valer las Libertades de Expresión y de Prensa. Fuentes de la sociedad civil organizada han expresado su temor que se incurra en grave exclusión al no considerar como sujetas y sujetos de protección a todos estos trabajadores especializados que laboran en los medios, así como a aquellas personas que, vengan de donde vengan, son agredidas en función de realizar un ejercicio periodístico.

Esto significa que un programa de protección de periodistas debería estar enfocado en la protección de quien ejerce su libertad de expresión, pero desde un ejercicio periodístico o relacionado con éste, no únicamente de quienes son reconocidos como periodistas profesionales.

Como se ve, responder a la pregunta “¿Quién es periodista?” resulta un reto, pues la realidad es compleja. Si debemos hacerlo desde la teoría y en función de quien debería reportar desde un medio, diríamos que aquella persona con la capacidad de llevar la teoría periodística a la práctica, con conocimiento suficiente de su entorno y habilidades en materia de redacción para poder mediar la realidad, con capacidad de realizar ejercicios éticos y con plena consciencia de su rol social.

Pero si hablamos en términos de protección, abriríamos el espectro: una persona debe ser tutelada en tanto se ve afectada cuando, de la manera que sea, ejerce su Libertad de Expresión desde un medio o realiza un ejercicio periodístico.

Carlos Morales, profesor universitario y periodista

“Un periodista no es aquel que escribe eventualmente en un periódico, tiene un programa de opinión en la radio o comenta en la televisión. Para ser periodista se necesita técnica periodística y aplicarla. Los periodistas no solo recaban información, también la ordenan, la sistematizan, la procesan, la analizan y la difunden basados en una serie de requerimientos, según el género que decidan utilizar para transmitir la información.

Un periodista se dedica a la profesión, por vocación, y no sólo eventualmente porque “analiza” hechos para un medio de comunicación. Un periodista es aquel que se ha preparado profesionalmente para procesar información de interés público, la identifica y la difunde. Es alguien perspicaz, que se prepara previamente para enfrentar un tema o una entrevista. Es quien sabe ofrecer a su audiencia la información que necesita y responde a sus inquietudes básicas. Si solo de escribir o externar nuestra opinión se tratara, entonces quienes escriben las cartas al lector también serían periodistas. Muchos periodistas conocen mucho sobre medicina o leyes, pero no por eso pueden llamarse médicos o abogados”.

¿Quién es periodista?

En Guatemala, como en muchos países del mundo, casi cualquiera puede llamarse periodista: basta con tomar una grabadora, un micrófono, una cámara fotográfica o de video y formular dos o tres preguntas, no siempre las más indicadas.

Por Evelyn Blanck, con información proporcionada por Ligia Flores, Miguel González Moraga, Silvia Trujillo y Mirza Colindres

Ejercitado desde la sociedad civil, el periodismo puede ser una importante herramienta de participación y transformación social. Casi podemos afirmar que existe un derecho ciudadano a labor periodística, pero realizarla, ¿convierte a cualquier persona en periodista?

¿Es periodista alguien por reportear y publicar en un medio, aunque no posea el más mínimo conocimiento ni aplique la técnica periodística?, ¿lo es quien publica en un medio, quizá un artículo o una columna de opinión?, ¿o la persona recién salida de una universidad, pero sin experiencia para analizar su realidad circundante? ¿Es periodista quien trabaja en una revista de modas o una publicación de autos?

En todo caso, valdría la pena preguntarse también por qué resulta tan importante, gremial y socialmente, responderse esta pregunta sobre quiénes están o no autorizados para llamarse y ser reconocidos como periodistas.

Discusión de viejo cuño

Este debate sobre quién debe o no ser reconocida o reconocido como periodista surge siglos después de la publicación del primer periódico impreso. Cabe señalar que en el país, el primero fue la Gaceta de Goathemala, fundada en 1729. En el ínterin, muchas y muchos grandes personajes del periodismo nunca tuvieron un título que los acreditara como tal y las redacciones funcionaron como sus escuelas por excelencia.

Lo que sí es cierto es que no cualquiera ingresaba en una redacción. Para ser periodista había que mostrar ciertas cualidades como vida intelectual propia –por eso la vida bohemia siempre fue asociada a la profesión –, así como capacidad de interpretar y trasladar la realidad contenida en los hechos noticiosos. Por esas cualidades, muchos grandes personajes como Winston Churchill, Ernest Hemingway, Antonio Gramsci y Miguel Ángel Asturias también fueron periodistas.

Hay quienes aseguran que la formación de periodistas más bien decayó cuando la academia creó las carreras, pues se perdieron el rigor y la atención personalizada. Cuestión de criterios. En Guatemala, el consejo superior universitario de la USAC aprobó a finales de la década de 1940 la creación de la Escuela Centroamericana de Periodismo, la cual inició actividades en 1952, adscrita a la facultad de Humanidades. David Vela fue uno de los personajes del periodismo guatemalteco que obtuvo ese año su título de licenciatura en periodismo.

El colega periodista José Elías Tárano, corresponsal del diario español El País, recuerda que la idea de convertir dicha escuela en una facultad surgió en 1975. A finales de ese año fue aprobada en la Usac la Escuela de Ciencias de la Comunicación. De ahí surgen los títulos universitarios que amparan la profesión del periodismo actual en Guatemala, mismos que también pueden ser obtenidos ahora en universidades privadas, muchas de las cuales cuentan con sedes regionales.

Pero una vez establecido el desarrollo del periodismo en el país desde los medios y desde la academia, vale la pena preguntarse: ¿Puede alguien ser considerado periodista solo por el hecho de contar con uno de estos títulos? ¿O puede dejar de serlo porque se ha formado únicamente en una redacción?

Si preguntamos en general quién puede ser considerado periodista, lo más probable es que obtengamos cierta especie de retrato heroico: es quien enfrenta al poder y a los poderosos, dispuesta o dispuesto a sacrificar su vida en aras de informar, quien, comprometido con la verdad y la ética, derrumba los obstáculos y busca todos los caminos para llegar a Roma, posee visión de rayos X para ver lo que otros no pueden, es capaz de resistir todas las cargas de adrenalina, para luego, procesar racionalmente un texto. Es quien –se dice popularmente desde hace algún tiempo–, corre hacia donde suenan las balas, mientras que toda persona cuerda huye de estas (se supone que correr hacia los proyectiles es bueno y deseable en el caso de los periodistas).

La mayoría de las y los periodistas guatemaltecos tienen criterios propias para definir quién es un periodista (enlazar) y fuera del país también hay muchas definiciones al respecto, algunas de las cuales surgen más a partir de fallos observados en el ejercicio, que de aciertos. Ryszard Kapuscinsky, uno de los grandes personajes del periodismo a nivel mundial, publicó, en una crítica implícita, que “los cínicos no sirven para este oficio”. Y a la vez que profundizó el concepto, resaltó la gran trascendencia social del periodismo: “Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad. De allí se deriva que una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con los otros”.

La discusión sobre quién puede o no ser considerado periodista parece darse, en realidad, más a partir de las falencias que de las virtudes mostradas. Haciendo uso de la sátira, el periodista español Manuel Vincent decía: “Periodista es ese tipo que escribe a toda velocidad de cosas que generalmente ignora y lo hace de noche y la mayoría de las veces cansado o borracho y que no teniendo talento para ser escritor ni coraje para ser policía se queda solo en un chismoso o en un simple confidente”.

Vincent refleja una realidad muy observada y reflexiones como la de él han motivado declaraciones como la del decano del Colegio de Periodistas de Murcia, España, Juan Antonio Heras, quien dijo: “La definición de quien es periodista no puede quedar a merced del mercado”.

Pero ha sido precisamente el mercado el que ha tenido la última palabra en decidir en Guatemala, no hay organizaciones gremiales que validen o invaliden a alguien en el ejercicio. A muchos empresarios de medios les importan poco las cualidades profesionales, buscan primordialmente que el o la trabajadora de medios estén dispuestos a devengar bajísimos o ningún salario (no importa si lo complementan con fafas), así como a no realizar cuestionamientos. Son estos empresarios quienes han puesto en manos de personas poco formadas y sin ética los micrófonos, las grabadoras y las cámaras, y han vuelto de este campo laboral uno de los más movibles, y donde más se violan derechos gremiales y sociales.

Los que sí son

Un periodista es, en primer lugar, una o un profesional, alguien que posee conocimientos y habilidades especializadas. En este caso, quien lleva a la práctica la teoría. Muchos consideran la teoría del periodismo está aún en construcción, sobre todo en estos tiempos de la Internet cuando los medios tradicionales dejaron de ser los mediadores sociales por excelencia. Pero hoy por hoy, esta teoría nos dice que el periodismo es una manera de interpretar la realidad, con fines de mediación social, donde este relato es presentado de forma discontinua y donde lo pasado se indica como presente y en voz activa.

Esta teoría contempla un método que pasa por la selección, evaluación e interpretación de las noticias, a partir de preguntarse sobre su importancia. Por eso se menciona con frecuencia que un periodista es un operador semántico. Luego, esta operadora u operador semántico, basado en ciertos supuestos como los de que es posible fragmentar la realidad y que esta puede llegar a ser interpretada por públicos amplios y heterogéneos en tiempos distintos, se apoya para seguir desarrollando su labor en otros supuestos: que esa realidad interpretada puede ser encajada en tiempos y espacios (una columna, un segmento) y ser vertida de manera que pueda facilitarse su comprensión (redacción y géneros periodísticos).

Por supuesto que, antes de eso, tuvo que haber podido seleccionar a las fuentes idóneas y saber interactuar con estas, en el marco de un riguroso ritual para garantizar veracidad, así como haber observado la técnica, que en el caso del periodista está completamente imbricada con la ética. Además, por supuesto, tuvo que haber investigado, porque el periodismo no es la simple publicación de rumores.

Suena fácil, pero no lo es, no cualquiera posee la vocación ni la experiencia o conocimientos para seleccionar, jerarquizar, interpretar e incluso generar hechos noticiosos, no cualquiera posee la habilidad de redacción periodística, de investigación, mucho menos en formatos especializados.

Pero sobre todo, las personas que realmente destacan en este medio, en función de su profesionalismo, son quienes se casan con la ética y saben servir a sus públicos, como trayectoria de vida y sin importar si lo que informan es sobre cultura, deportes, ocio, moda, belleza o política.

¿Puede un ciudadano realizar un ejercicio periodístico? Sí. ¿Es válido? Sí. ¿Lo convierte eso en periodista? No. ¿Pueden un médico o un abogado publicar sus opiniones en un medio? Sí. ¿Los convierte eso en periodistas? No. Toda vez domine el género, un periodista puede escribir opinión, pero un columnista de opinión no siempre es un periodista. Si seguimos a García Márquez, quien se refirió al periodismo como un oficio, el mejor del mundo, diríamos que en este hay aprendices y maestros, y que a veces los aprendices han pasado por las universidades y los maestros, no necesariamente.

En el tapete

A nivel mundial y en Guatemala, varios asuntos han puesto en el tapete la discusión sobre quién es o no un periodista. Uno de estos ha sido el surgimiento de la Internet, pues muchas más personas hoy realizan algún que otro ejercicio periodístico. Varias pasaron de ejercicios simples y discontinuos a crear nuevos medios y redefinir los géneros. Por lo general, responden más a necesidades sociales que las empresas de medios tradicionales.

Estos nuevos emprendimientos periodísticos están poco atados a la censura y autocensura impuestas por el mercado, pero ciertamente tienen frente a sí el reto de la sostenibilidad y no pueden simplemente abandonar la teoría. Por otro lado, la misma crisis de los medios tradicionales empuja a muchas sociedades a legislar sobre quién está autorizado a ejercer el periodismo, incurriéndose en muchas ocasiones en violaciones de la Libertad de Expresión.

Otro de los asuntos que ha puesto la discusión en la mesa es quiénes integran las organizaciones gremiales y se ven protegidos por estas o por los Estados, sobre todo porque en países como Guatemala hay menos periodistas profesionales de los que se quisiera ejerciendo el periodismo. Por eso es frecuente que de las asociaciones de periodistas se pase a las de comunicadores sociales, con el fin de incorporar a todas y todos aquellos otros trabajadores especializados que laboran en las empresas de medios: locutores, caricaturistas, fotógrafos (aunque estos últimos también han sido reconocidos como periodistas gráficos), camarógrafos, ilustradores, etcétera. En países como Argentina, el concepto “periodista” se extiende a todas estas otras profesiones.

Quizá las mismas organizaciones de prensa hayan abonado a esa discusión en el país, pues una de sus anomalías más señalada es que acogen a personas que nunca se dedicaron al periodismo. La periodista Lucía Dubón, actual presidenta del Instituto de Previsión social el Periodista indica que en 2012, luego de un análisis jurídico, se decidió cancelar la afiliación de una persona “que no se desempeñaba en el campo del periodismo y se comprobó que las pruebas aportadas para su afiliación, no sustentaban haber subsistido del periodismo como tal, por lo que el litigio llegó hasta la Corte de Constitucionalidad que declaró sin lugar el amparo que interpuso el ex afiliado, resolución que precisamente recibimos el pasado 10 de marzo/2014”.

Ella agrega que: “Cuando un periodista presenta su solicitud de afiliación y documentos que comprueben su ejercicio periodístico, el expediente es evaluado en primera instancia por la Comisión Revisora y Precalificadora para emitir dictamen y posteriormente remitido al Consejo Directivo. Es requisito indispensable tener por lo menos 5 años de ejercicio en el caso de periodistas de medios de comunicación y subsistir del periodismo como actividad principal”.

La discusión sobre quién es o no periodista también ha sido impulsada en los últimos tiempos en otros países y en Guatemala por la necesidad de hacer valer las Libertades de Expresión y de Prensa. Fuentes de la sociedad civil organizada han expresado su temor que se incurra en grave exclusión al no considerar como sujetas y sujetos de protección a todos estos trabajadores especializados que laboran en los medios, así como a aquellas personas que, vengan de donde vengan, son agredidas en función de realizar un ejercicio periodístico.

Esto significa que un programa de protección de periodistas debería estar enfocado en la protección de quien ejerce su libertad de expresión, pero desde un ejercicio periodístico o relacionado con éste, no únicamente de quienes son reconocidos como periodistas profesionales.

Como se ve, responder a la pregunta “¿Quién es periodista?” resulta un reto, pues la realidad es compleja. Si debemos hacerlo desde la teoría y en función de quien debería reportar desde un medio, diríamos que aquella persona con la capacidad de llevar la teoría periodística a la práctica, con conocimiento suficiente de su entorno y habilidades en materia de redacción para poder mediar la realidad, con capacidad de realizar ejercicios éticos y con plena consciencia de su rol social.

Pero si hablamos en términos de protección, abriríamos el espectro: una persona debe ser tutelada en tanto se ve afectada cuando, de la manera que sea, ejerce su Libertad de Expresión desde un medio o realiza un ejercicio periodístico.

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