Fotografía obtenida en Plaza Pública.
Fotografía obtenida en Plaza Pública.

Publicado & archivado en Invitado/a, Opiniones.

Por Rosalinda Hernández Alarcón*

La emisión de mensajes en los procesos comunicacionales lleva una orientación, una intencionalidad, misma que en los medios está contenida en las líneas editoriales, agendas periodísticas, manejo del lenguaje e imagen, inclusión o exclusión de fuentes. Los enfoques que se subordinan a las reglas del mercado, e ignoran la función social que le corresponde a los medios, violenta los derechos de las audiencias.

La intencionalidad se refleja desde el titular o una palabra; asimismo, se concreta en el lugar y espacio que se le asigna a la noticia: puede ocupar una primera plana o ser una nota breve, puede abordarse o simplemente ignorarse. Ningún medio es neutral cuando en sus líneas discursivas selecciona el sustantivo “bochincheros” en lugar de manifestantes, o “disturbios” en vez de acciones de protesta. Algunos aplican doble parámetro, dependiendo de la coyuntura. Ejemplo de ello se observa claramente en algunos reportes referidos al rechazo a la minería y las grandes hidroeléctricas, los que contrastan con las manifestaciones recientes que repudian los actos de corrupción descubiertos por la CICIG. Las primeras fueron criminalizadas y las segundas las informan como actos ciudadanos.

Si se quiere hacer un periodismo ético y de calidad, se requiere difundir relatos que incluyan un contexto para situar la información, así como diferentes fuentes pertinentes y oportunas. Hay que tener presente que la razón de ser de los medios de comunicación social es informar asuntos de interés para todos los sectores; dar a conocer los abusos de poder de políticos, militares o grupos económicos; abordar temas de repercusión nacional y realidades diversas; ser tribunas de fiscalización a las instituciones del Estado y entidades empresariales; favorecer la creación de corrientes de opinión balanceadas en las que tengan cabida diferentes actores, incluyendo mujeres, pueblos indígenas, juventudes, etcétera.

En otras palabras, la historia que se transmite mediante el ejercicio periodístico, tiene que incluir distintas voces sin privilegiar las conservadoras, empresariales o de entidades públicas. Es necesario tener en cuenta los derechos de las audiencias que demandan los enfoques críticos, las visiones diversas, los referentes históricos, la visibilización de actores y sujetos políticos ejerciendo sus derechos ciudadanos.

Para el director de la revista mexicana emeequis, Ignacio Rodríguez Reyna, la mayoría de medios masivos en América Latina se ha convertido en instrumento para obtener ganancias o bien favores de gobiernos o de grupos políticos, y un enfoque social implica exigir a los gobernantes que ejecuten políticas públicas en beneficio de la población.La primera lealtad debe estar con los ciudadanos, no con los grupos fácticos de poder económico.[1]

*Periodista mexicana residente en Guatemala.

[1]http://www.plazapublica.com.gt/content/muchos-propietarios-hacen-de-sus-medios-un-instrumento-para-chantajear-coaccionar-y-obtene-0

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