El Editorial

Sobre femicidio y cobertura mediática

El miércoles 26 de agosto dos medios impresos dieron cobertura al hallazgo del cadáver de una mujer, cuya muerte, indicaba el asesino en una nota, se produjo “por haber sido infiel”. Al intento de justificación del agresor parecía sumarse el de la cobertura mediática, ya que en el contenido noticioso no se ponía en cuestión ni el hecho ni el mensaje dejado junto al cadáver. Leído así, la mujer aparece ante quien lee la información como “culpable”.

En Guatemala, las cifras oficiales establecen que en 2009 se han producido más de 530 muertes violentas de mujeres, muchas de ellas, asesinadas por sus maridos, novios y/o ex maridos quienes entienden que el asesinato es una acción legítima al ver cuestionados los pilares sobre los que la sociedad construyó la masculinidad. Es decir, en una relación de dominio hacia las mujeres y de subordinación por parte de ellas.

El femicidio, como continuum de violencia que culmina generalmente en la muerte violenta, es un delito basado en la consideración de que las mujeres son seres inferiores cuyas vidas son propiedad privada de los hombres. Mensajes como “la maté porque era mía” o “porque me era infiel” están fundamentados en ese imaginario y lo refuerzan cotidianamente.

Eso explica, además, la saña que evidencian los cadáveres: violación, mutilación y desmembramiento son las evidencias concretas del desprecio y odio que, más allá del hecho concreto de la muerte, los agresores quieren dejar como mensaje explícito hacia las demás. En ese sentido, entonces, estas muertes violentas funcionan como mecanismo de control hacia las mujeres.

Por todo esto, si bien es cierto que los medios han cumplido un importante rol en cuanto a hacer visible un problema que durante siglos apareció como “privado”, también hay que decir que el tratamiento informativo ha sido cuestionable por ser sensacionalista y por no contribuir al debate social profundo de la problemática.

El peso en agenda de este tipo de enfoques y coberturas, más que problematizar el fenómeno y contribuir a la exigencia pública del derecho a la vida produce un efecto adormecedor de conciencias que naturaliza el femicidio. Es importante comenzar a erradicar los estereotipos y prejuicios del imaginario colectivo de forma tal que no impacten en el ejercicio profesional y mejore la calidad de las piezas informativas.

No se trata de ser políticamente correctos y “enfocar” correctamente una nota, sino de una tarea general que permita analizar, investigar, equilibrar las fuentes, evitar los lugares comunes, las generalizaciones, el sensacionalismo y la sobredimensión del dramatismo. Reconocer la dignidad de las muertas en Guatemala por medio de coberturas serias y responsables no sólo fomenta un mejor periodismo, sino que promueve importantes cambios sociales.

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