Opinión
La importancia del periodismo departamental
Mi experiencia personal y los testimonios recopilados me han demostrado que los medios nacionales no saben valorar a los reporteros de “la provincia”, como algunos acostumbran a llamarnos en forma despectiva.
Por Fredy Morales, periodista (*)
Los medios nacionales cuentan en la mayoría de regiones del país con hombres y mujeres que con frecuencia suelen enviarles información. Promedian entre los 20 y 40 años, y se convierten en voz, ojos y oídos de estos órganos informativos. Trasladan la información de primera mano con todos los elementos que hacen que sea captada claramente por los lectores, televidentes o radioescuchas.

Volcán de Pacaya, mayo 27 de 2010
La mayoría ha tomado al periodismo por vocación: les mueve el afán de informar a los núcleos poblacionales donde habitan. Se acostumbra llamarles “corresponsales”, “enviados especiales” o “colaboradores”.
Cuando se inician en la labor periodística lo hacen con gran voluntad. Pero con el transcurso del tiempo, al comenzar a notar que mucha de la información que envían a las salas de redacción no es publicada o que en ocasiones es “macheteada”, tergiversada o minimizadas, empiezan a bajar la guardia. Consideran que el tiempo, las distancias recorridas y los riesgos que han afrontado para obtener la información no son valorados. Se desmoralizan y buscan medios alternativos para continuar con sus inquietudes.
Sin preparación o buena paga
Mi experiencia personal y los testimonios recopilados me han demostrado que los medios nacionales no saben valorar a los reporteros de “la provincia”, como algunos acostumbran a llamarnos en forma despectiva.
En la mayoría de casos, acostumbran extenderles un carné que les acredita como parte del medio. Sin embargo, no les procuran capacitación adecuada y los lanzan al agua sin suficiente soporte técnico. Un porcentaje elevado —me atrevo a decir que un 85 %— de los cazanoticias departamentales son empíricos y cuando los medios los contactan sólo les preguntan si tienen una cámara fotográfica digital, una cámara de video o grabadora y les piden que manden las notas que tengan. “Nosotros nos encargamos del resto”, les dicen.
Otra situación que ocurre con frecuencia es que al periodista departamental no se le valora. Cuando consiguen notas de suma importancia, éstas son “pirateadas” por los periodistas de planta de los medios nacionales. “Por corresponsales” es la acreditación más frecuente al lado del nombre del redactor de planta, quien no reporteó en el lugar de los hechos.
Aspecto importante de recalcar es la remuneración económica. Salvo raras y muy contadas excepciones, la paga que reciben es baja, pues la mayoría labora por nota divulgada, aunque se haya esforzado por mandar varis decenas al mes. Cuando recibe el cheque o revisa su depósito bancario, se da cuenta de que la suma es menor a lo que esperaban.
En caso de convenir un salario —raro en el medio nacional—, éste no es el justo ni compensa todos los sacrificios por los que se atraviesa en la búsqueda de información.
Aunado a ello, no se cuenta con la protección del seguro social ni con cobertura médica. Si el corresponsal enferma o alguien de su familia, éste deber arreglárselas por sí solo.
Y aquí viene lo más triste. Cuando muere en acción un periodista, se convierte en el héroe del momento: su deceso llena los espacios del medio donde laboraba y de otros donde tenía colegas que han sufrido la verdadera pasión y vicisitudes el periodismo en Guatemala. La mayoría de organizaciones se pronuncia, envía condenas, ramos de flores y pésames para la familia. ¿Después?: solamente es recordado por sus familiares y por quienes lo apreciaban.
El caso del periodista departamental es más doloroso. En los años que tengo de ejercer esta profesión, he tenido el privilegio de compartir con grandes colegas que nada tenían que envidiarles a otros, ya que ejercían su labor en forma muy profesional. No obstante, su tiempo les llegó y tuvieron que marchar al más allá, al reino de la muerte, y lo único que ha quedado de ellos es el recuerdo de quienes les apreciamos.
Aprovecho el espacio para recordar a grandes periodistas escuintlecos que dejaron enseñanzas en mi vida. Entre ellos, mi maestro Julio César Coronado Espinoza, quien fue asesinado en 1981, durante el régimen de Romeo Lucas García; Salvador Hernández, batallador en diversos medios nacionales, y Víctor Manuel Pacheco Quiñónez, quien luchó contra la desigualdad social y tuvo que exiliarse, retornando a su patria sólo para morir anciano y sin protección social. También recuerdo a Víctor Manuel García Raguay, incansable en la divulgación del deporte por medio de su boletín semanal “Barrilito deportivo”.
Ellos dejaron huella en el periodismo escuintleco, pues supieron valorarse y navegar contra la corriente, creando y sosteniendo con sus propios recursos órganos informativos que aún se recuerdan en este departamento.
Es importante que quienes estamos en esta profesión informativa en los departamentos, sepamos valorarnos, pues valemos igual o más que otros, que no conocen nuestras capacidades.








hermano, colega, describes una situación centroamericana, laboré por diez años en periódicos de circulación nacional en El Salvador, y eso que describes es una gran realidad, claro habemos quienes también luchamos por nuestros derechos como trabajadoras y trabajadores; pero los hay también quienes sólo son las “antenas” como les llaman en el diario de hoy a los corresponsales.
Es una realidad, de hecho aquí sólo los que están contratados en los dos periódicos gozan de beneficios el resto es historia ya conocida por vos. que buen artículo!!!
Escelente compañero!
Entendemos claramente lo que escribe, pues pasamos por lo mismo.
Es muy cierto que no se valora el trabajo que desde la provincia se realiza, no se dan los creditos a quienes se esfuerza y se exponen a muchos riesgos con el afan de informar a la población.
Desde Izabal nuestros mejores deseos.
Alva Batres
Presidenta
Asociación de Periodistas de Izabal
QUE BUENA NOTA DEBERDAD TODO LO QUE DICE ES MUY SIERTO,FELICIDADES
Me permito compartir un poquito más que un comentario; si me lo permiten comparto algunas reflexiones sobre este asunto.
El “valor” del servicio que realiza todo periodista es incuantificable, aunque claro, es importantísimo, tal cual lo menciona el autor (F. Morales), que todos tengamos presente lo invaluable que es el privilegio de servir informando en una población/territorio específica. Sea para la “provincia”, lo rural, lo citadino, nacional, regional, internacional, en fin… independientemente de en cuál territorio cobertura informamos, es necesario ejercer nuestro trabajo como una vocacion/profesion que al mismo tiempo nos represente también un plan/proyecto de vida sostenible.
Quienes conocemos la tarea de servir informando en provincia, somos los primeros que habríamos de tener presente que la pronvicia, en su estricto sentido, más allá de ser el “interior” del país es sobre todo “un territorio conquistado” (lat. provinciae) y eso nos desafía, pues resulta que hoy en pleno siglo XXI, el planeta entero es en alguna forma nuestra nueva provincia.
En el contexto de esta interesante nota publicada en SaladeRedaccion, habría que mencionar que si esperamos a que sean los medios nacionales u de otra cobertura quienes atiendan eso de “valorarnos”… les aseguro que nos quedaremos esperando. Si optamos por ser periodistasde los que ejercen siendo empleados de X empresa de información (nacional o de otra índole) ps… “esos son otros cien pesos”… y cada quien cumpla con lo que se compromete o sencillamente, encuentre (o diséñese) cada quien opciones que le resulten cada vez mejor. Esto tiene una lógica territorial, que esplicaría así:
La dinámica de un medio nacional está planteada para atender una lógica administrativa para lo nacional, o plantiémolo mejor así: ¿acaso un medio de cobertura departamental le daría prioridad a informar acontecimientos propios de una sola aldea o un solo barrio? R: Claro que no, pues su dinámica está “pensada” para incluir equilibradamente (se supone) lo que interesa en todo su territorio departamental, y no se va a detener informando solo lo de alguna aldea, barrio o municipio en particular, de hacerlo así dejaría de ser departamental y tendría una lógica de cobertura específica distinta, una cobertura para ese territorio local de aldea o barrio (insisto, “cobertura específica”, ni reducida, ni más pequeña, ni más ni menos, solo específica, diferente).
Entonces, hoy los periodistas (como todos) estamos en un territorio provinciano (conquistado) en el que estamos sujetos a los temores de siempre, temores que desde el periodismo necesitamos asumir, desafiar y superar, por ejemplo: el temor de que nuestro servicio no es valorado, cuando en realidad el primero que lo valora es uno mismo, y por otro lado el temor de que deje de ser justamente remunerado y recompensado por los demás, y en ese sentido aseguro que además quienes mejor estiman (o valoran) nuestro trabajo son aquellos y aquellas que son los beneficiados directos e indirectos durante el ejercicio cotidiano de nuestro trabajo… ¿a “quiénes” servimos pues?
Opino que lograr que un periodista se sienta “valorado” y cuente con las remuneraciones, las prestaciones, que como en todo trabajo se tiene Derecho, es un logro directamente proporcional al nivel de identificación que en su respectivo territorio cultivará cada periodista; pues lo que hace rentable este oficio del periodismo no son los salarios, prestaciones u honorarios con que se cuente, sino la habilidad de hacer de la pasión periodística un negocio legítimo, una “empresa” íntegra en su más estricto sentido, aún a pesar de todas las circunstancias adversas y las consecuencias alérgicas que eso significa cuando “tocamos” intereses obscuros.
En conclusión, la importancia del periodismo departamental es sumamente trascendental, y hoy, como siempre, esa importancia va amarrada al hecho de que quienes tomamos la bandera de informar con la verdad, no dejemos que nada, ni nadie, someta este servicio tan noble y privilegiado. Sabidos estamos de que en alguna manera somos más “vulnerables” en territorios de provincia, pero también es cierto que, necesitamos asumir ese riesgo, de lo contrario recítese el requiem por el finado “Periodismo” en provincia y en todos lados.