La voz de la Sociedad Civil

Despertemos nuestra alerta a lo que sucede en nuestro territorio

Estamos comenzando un nuevo gobierno. Como todos, con nuevas propuestas, nuevas características que, por supuesto, tendrán sus efectos en las propuestas que las organizaciones hemos impulsado a lo largo de los años para lograr lo que finalmente queremos: el bienestar de las mujeres y el desarrollo de sus capacidades que generen la vida de todas y todos y de la naturaleza.

Por Sandra Morán(*)

Lo que ya hemos vivido es para nosotras algo que nos implica luz roja. Sobre todo, porque muchas de nosotras tenemos en la memoria de nuestro cuerpo los efectos de los gobiernos militares, la presencia militar en las calles, la persecución, la masacre, la violencia sexual y el intento de controlar nuestras vidas y pensamiento.

Concretamente, vemos al nuevo gobierno como un gobierno militar, no solo con un presidente militar. Un gobierno militar que, junto a la oligarquía y el pensamiento conservador religioso, buscará generar control de quienes desde nuestras vidas, organizaciones y comunidades estamos en la construcción de un modelo distinto al capitalista, que hoy busca reforzarse y generar mejores niveles de vida para la mayoría de la sociedad.

Este retroceso lo vemos desde quiénes son parte del gabinete y desde las primeras acciones que el gobierno generó. Quitar la bandera de los pueblos indígenas, a pesar de que era algo simbólico, porque en la realidad los pueblos indígenas poco han cambiado, era un paso adelante al reconocimiento de un Estado multiétnico y pluricultural. Hoy se habla de reforzar la identidad nacional, que sabemos es excluyente, racista y discriminatoria, sobre todo en contra de las mujeres que son quienes a través de sus trajes y luchas permanentes reciben más las expresiones de racismo en forma cotidiana.

Lo vemos en la decisión autoritaria de la reforma a los acuerdos gubernativos de la Secretaría Presidencial de la Mujer (Seprem), que quita un proceso democrático de participación de organizaciones de mujeres, para generar una lista de 10 mujeres propuestas para la Secretaría y 10 para la Subsecretaría. Este cambio lo hicieron, según dicen, en nombre de las mujeres y para “ampliar la participación de un proceso que calificaron excluyente”. Finalmente, un hombre decide cambiar un proceso imperfecto que mujeres desde nuestra condición de sujetas habíamos construido entre nosotras. Si el proceso era excluyente e imperfecto, este se realizaba entre nosotras las sujetas de los procesos, quienes lo teníamos que mejorar.

Al mismo tiempo, el cierre del programa “Mujeres en Frecuencia”, que tenía casi dos años de estar en la TGW, porque desde la opinión de la dirección no coincidía con la línea editorial que ahora tendrá la radio, cuando desde la perspectiva de la democracia la libre expresión del pensamiento tendría que ser un principio fundamental en la radio nacional.

Lo vemos y lo estamos viviendo en los cambios de actitudes democráticas a autoritarias que se están viviendo en todos lados, tanto en las comunidades como en las acciones gubernamentales. Son actitudes que fácilmente se reconectan con la escuela contrainsurgente de la cual vienen la mayoría de los que hoy forman el gobierno, la Escuela Kaibil.

Entonces, por ello, la remilitarización del país, el llamado de la juventud a ser parte del ejército y el fortalecimiento de las ideas identitarias racistas, discriminatorias y de control, son un riesgo para caminar hacia un futuro que más parece el pasado.

(*) Percusionista, militante del movimiento de mujeres y feminista a través del Colectivo Artesana, de la Alianza Política Sector de Mujeres y de su trabajo artístico.

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