La voz de la Sociedad Civil

Sobre cómo se crea y se alimenta lo disfuncional

Sea para no comprometerse, quedar bien con sectores, desgastar a otros, equiparar sus agendas con el temario tradicional, ajustar sus compromisos a los intereses de los gobiernos de turno, los medios regulan el termostato según los momentos y las oportunidades.

Por Renzo Lautaro Rosal, politólogo

La censura hacia los medios de comunicación está en boca de gobiernos y sectores de interés a lo largo del continente americano. Se vocifera si los medios deben o no ser sujetos de limitaciones en la captación y reproducción de opiniones. Ese asunto transciende las fronteras ideológicas de los gobiernos y tanto los conservadores como los progresistas parecen estar de acuerdo con limitar las voces de todo aquello que extreme su volumen y supere los “límites de lo políticamente válido”.

Ahora bien: ¿qué pasa con la otra cara de la moneda? Los medios imponen censura, con mayor fuerza y desde hace décadas. Ponen en marcha una serie de estrategias, especialmente en sociedades poco desarrolladas en materia de periodismo democrático e investigativo, con distintas orientaciones. Sea para no comprometerse, quedar bien con sectores, desgastar a otros, equiparar sus agendas con el temario tradicional, ajustar sus compromisos a los intereses de los gobiernos de turno, los medios regulan el termostato según los momentos y las oportunidades. Pensar en agendas abiertas y receptivas para todo el abanico de colores y sabores, es pura utopía.

En el país, un común denominador de la mayoría de medios tradicionales es dar la espalda a lo que sucede en las profundidades de nuestra dispar sociedad. Las coberturas periodísticas se reducen al plano urbano, bajo enfoques tradicionales que atienden lo que ofrece noticia esporádica, sin análisis y contrastes. Los escenarios de conflictividad social han logrado colarse, parcialmente, en las agendas de los medios pero desde enfoques que apuntan a su carácter “disfuncional”. Se trata, entonces, de apelar a una agenda acotada, a conveniencia mutuas entre medios y sectores de poder, interesados en minimizar todo cuanto se salga del supuesto molde.

Lo sucedido en Santa Cruz Barillas y en San José del Golfo, en las áreas donde existen inconformidades de fondo sobre las explotación de recursos naturales, lo relativo a las consultas comunitarias, aparece a cuenta gotas; generalmente, a manera de informaciones dispersas y donde el peso de las opiniones recogidas se orienta a las supuestas acciones violentas de las propias comunidades, sus resistencias al desarrollismo, las manipulaciones de las que son objeto y las motivaciones de fondo que inspiran esa suerte de rechazo alimentado desde afuera. Mientras tanto, los inversionistas, los referentes ideológicos de ese tipo de pensamiento y los sectores proempresariales del Gobierno hacen fiesta.

Eso no es todo; se allana el camino para que las iniciativas que apuntan a la normalidad, al aislamiento de las tonalidades y al empecinamiento y vigencia del modelo social, político y económico que apuesta por la continuidad y los reacomodos de poder, se instalan con total fuerza.

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