A título personal

Bajos salarios, empresas ineficientes

Por Evelyn Blanck, periodista

Según el Instituto Nacional de Estadística de Guatemala (INE), este año el precio de la canasta básica alimentaria alcanzó los Q2,494. La canasta básica vital ­–que además del mínimo alimentario incluye el pago de servicios como luz, agua, transporte, de salud, y gastos como los de recreación y vestuario– llegó a los Q4,551.56.  Hablamos del cumplimiento de necesidades básicas para poder sostener una vida digna.

Según los promedios obtenidos de una encuesta que Sala de Redacción desarrolla, en la cual han participado ya cerca de 100 periodistas departamentales, el salario promedio devengado por ellas y ellos actualmente es de Q2,000. No hay más palabras qué decir, en términos de la posibilidad de realización de una vida digna para los periodistas y sus familias.

Aunque en otros países hay panoramas más alentadores, lo cierto es que los salarios de los periodistas son generalmente muy bajos, realidad que ha abierto un debate a nivel mundial, en el que se ven reflejadas las más inverosímiles posiciones.

Robert Picard, analista y profesor de economía de los medios de comunicación social, ha sido muy crítico al respecto: “Los periodistas se merecen un sueldo bajo. Los salarios son una compensación por crear valor, y los periodistas hoy día no crean mucho valor. Hasta que asuman esto, ni los blogs, ni Twitter ni los micropagos van a resolver sus fracasados modelos de negocios”.

Continúa expresando Picard: “Hoy, cualquier persona común puede observar e informar de las noticias, reunir el conocimiento de los expertos, determinar su importancia, añadir imágenes y sonidos y publicar ese contenido con facilidad. Y todo ello gratis. Hasta que los periodistas puedan redefinir el valor de su trabajo por encima de este nivel, merecen un bajo salario”.

“Para que un trabajo esté bien remunerado, los empleados deben poseer alguna habilidad o conocimiento únicos (…). Lamentablemente, el trabajo periodístico se ha convertido en un ‘commodity’. La mayoría de los periodistas comparten las mismas habilidades y los mismos enfoques de las historias, buscan las mismas fuentes, se hacen las mismas preguntas y producen historias muy similares”.

Es interesante escuchar las críticas de Picard, reflejan muchos de los problemas que las y los periodistas guatemaltecos discutimos hoy y que se refieren a los modelos de negocios impulsados por las empresas mediáticas. Los periodistas hondureños descubrieron que de nada les sirvió formar un colegio profesional que postulaba que sólo periodistas colegiados podían trabajar en los medios, porque las empresas los ignoraban y contrataban a quienes cobraran menos.

Uno de los componentes principales de la ola de señalamientos hacia los medios en América Latina es precisamente la falta de calidad de los reportes periodísticos producidos, situación relacionada con la falta de especialización, de una carrera profesional y de salarios dignos.

En Guatemala existe un salario mínimo para periodistas que no ha sido actualizado y aún así se incumple. Es hora de que este problema que vemos como de periodistas pase a ser un problema de las empresas de medios, a las que corresponde, pues lo que nos muestran los tiempos actuales es que de esto depende su sobrevivencia, como bien indica Picard.



Información y Educación

Por Sergio Reyes Mazariegos

Jutiapa

Sin libertad no hay justicia, sin justicia no hay paz y los medios de comunicación están llamados a ser uno de los pilares fundamentales que sostienen estos bastiones de la democracia, para que podamos vivir en plena convivencia entre los seres humanos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “La libertad, la justicia y la paz en el mundo se basan en el respeto a los Derechos Humanos y de la dignidad humana”.

Sin embargo, cotidianamente apreciamos que en muchos medios de comunicación escritos, televisivos o radiales, en vez de imperar esta visión, prevalece la del lucro y, como consecuencia, nos brindan muy poca  formación que permita el desarrollo de una cultura general del lector, radioescucha, así como del televidente.

Cuando vemos la radio, nos resulta increíble su penetración en  pleno siglo XXI. Este medio continua vigente como nunca, su magia envuelve a niños, jóvenes y adultos, ¿dónde no está presente un receptor? Su valor es imprescindible en una sociedad sedienta de ponerse al día en los acontecimientos cotidianos, la música, el deporte,  entrevistas, en fin, llena un espacio que no lo puede ocupar otro medio de comunicación social. La televisión es, sin lugar a dudas la cajita mágica que cautiva a la sociedad, ya que nos brinda ante nuestros ojos el movimiento y el color de las cosas y objetos que actúan, pero no tiene aún la misma cobertura que la radio. La prensa escrita, a pesar del esfuerzo realizado por los empresarios, tampoco cubre a la mayoría de los habitantes de un país, sino que más bien llega a buen porcentaje del área urbana. Es importante señalar  a la internet, que también beneficia a un grueso  sector estudiantil y profesional para sus investigaciones. Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿Cuál de estos medios informa y educa?

Las personas tenemos los derechos de informar y de ser informados, pero en este sentido debemos hacer constar que los medios presentan fortalezas y debilidades.

El periodismo puede ser casi una ciencia, es un arte, es el vehículo por excelencia que informa y educa, pero también debemos aceptar que el periodismo es emoción, es democracia, es solidaridad, es parte de uno mismo. No cabe duda que, por ello, muchas veces los medios de comunicación se exceden y no juegan papel al que están llamados en una sociedad necesitada de que medios y periodistas asumamos de manera responsable el reto histórico de contribuir con el desarrollo.