Cita con la prensa

Forjado en las cabinas de radio

José Luis Gómez Velásquez, originario de Huehuetenango, se ha forjado en las cabinas de radio y en las páginas de numerosos medios locales y nacionales. Empezó como un desconocido locutor cuando formaba parte del grupo teatral “Cuenta Conmigo”.

Por Yecenia Enriquez, periodista

Cita con la prensa, edición 77La primera oportunidad de Gómez en medios llegó en 1987, cuando comenzó a conducir los radioperiódicos “Expreso de la Noche” y “Expreso Dominical”, transmitidos en La Voz de los Cuchumatanes, en su natal departamento.

Periodista de profesión y de vocación, cuenta que desde niño le gustó escuchar noticias. “Mi familia tenía la costumbre de sintonizar el noticiero transmitido por Radio Nuevo Mundo y fue entonces donde despertó en mí la pasión por la profesión: mi sueño era ser locutor de noticias”.

Con sus triunfos iniciales en las cabinas vinieron otros retos y rápidamente se convirtió en reportero, redactor y conductor de los noticiarios más escuchados en Huehuetenango. El siguiente paso fue buscar la profesionalización y se inscribió en la Universidad Francisco Marroquín, sede Quetzaltenango, donde se graduó de técnico en Ciencias de la Comunicación Social.

En medio de trifulcas

La práctica del periodismo cotidiano también ha puesto en riesgo su vida. Uno de los momentos más dramáticos lo vivió, cuenta, cuando acudió a una comunidad de Todos Santos Cuchumatán, en el centro de Huehuetenango, para cubrir el linchamiento de dos supuestos asaltantes. En esa ocasión la turba también intentó capturar a Gómez y a otro periodista, lo que no pasó a más debido a la intervención de las fuerzas policiales.

Otro hecho que este periodista recuerda es un conflicto entre vecinos y el alcalde municipal de Nentón, en el norte de su departamento. Cuando él y otros reporteros llegaron al lugar fueron atacados a balazos por algunos comunitarios. “Huimos de inmediato”, relata.

Para Gómez, en la provincia se corren riesgos que complican la tarea de informar. Como ejemplo, señala que durante el conflicto armado los comunicadores se autocensuraban para resguardar su vida. En la actualidad, los peligros continúan y los comunicadores departamentales le temen a lo que define como “narcodelincuencia” y optan por no informar de temas relacionados con ésta, añade.

A juicio de Gómez, otros factores que inciden de forma negativa en el desarrollo de un buen periodismo son la impunidad, la corrupción, la desigualdad y, muchas veces, la concentración de medios.

Recorrido

A lo largo de 18 años, Gómez ha trabajado en diversos noticiarios transmitidos en destacadas radios, entre ellas la TGAG, La Voz de Huehuetenango, y Radio Coltepec, Coatepeque, Quetzaltenango.

También ha sido coordinador de noticias y jefe de redacción del periódico El Regional, en Huehuetenango y Quetzaltenango. Además, corresponsal, en varias épocas, de los diarios El Nuevo Quetzalteco y El Quetzalteco. En este último, también ocupó el cargo de editor de noticias de los suplementos Mi Región Huehue, Mazate y Coatepeque. Actualmente, es corresponsal de la agencia Cerigua y del matutino Nuestro Diario.



“El periodismo puede ser curativo”

Geraldinho Vieira dirigió durante siete años la Agencia de Noticias por los Derechos de la Infancia (Andi), una ONG brasileña cuya misión es contribuir, a través de los medios, a una cultura que promueva y defienda los derechos de los niños y los adolescentes.

Por Claudia Navas Dangel, periodista

Geraldinho VieiraVieira es, además, pionero de la expansión de Andi en el continente. Fue director de Comunicación para América Latina de la Fundación Avina y es autor del libro Complejo de Clark Kent – ¿Son súper hombres los periodistas?

Antes de Andi, ¿quién era Geraldiño?

Un periodista. Trabajé en el Correio Braziliense y fui jefe de reportajes de O Globo, en Brasilia, e hice un poco de radio y freelances para revistas. También fui director de Comunicación de la Asociación Nacional de Periódicos y jefe de gabinete del Ministro de Cultura de Brasil durante la gestión de Antonio Houaiss, en cuyo período hicimos una nueva ley para la producción de audiovisuales en Brasil que ha permitido el renacimiento del cine de mi país.

¿Se especializó en alguna rama de la comunicación?

Era básicamente un periodista normal, pero siempre trataba de llegar a acuerdos en los lugares donde trabajaba para ser editor de cultura y responsable de educación. El tema de educación siempre lo quise trabajar no sólo porque me encantaba, sino también porque sentía que a nadie le importaba en la sala de prensa.

Y ¿cómo llegó hasta Andi?

Un día la fundadora me llamó y dijo que tenía mucha urgencia de hablarme. Le respondí: “Brasil juega en la Copa del Mundo y tú, ¿quieres hablar de trabajo?”. Si hubiese prestado atención entonces, hubiese sabido que una vez entras en Andi ya no habrá tiempo ni para ver a Brasil en un Mundial.

¿Qué pasó entonces?

Ella se mudaba con su familia a EE. UU. y me quería dejar la dirección de Andi, que en ese entonces era una salita de 30 metros cuadrados con trabajadoras voluntarias, una secretaria y una periodista de medio tiempo. Asumí la dirección en 1995 y la dejé en 2002.

¿Cómo calificaría a su trabajo en Andi?

Si alguna virtud cabe en mi trabajo es el respeto, valorar la idea original. Mi aporte fue continuar el trabajo con un enfoque más científico. La idea desde el principio era promover a una agencia de noticias que cambiara la cultura de los medios, capacitando periodistas y movilizándolos para que ellos mismos hicieran las cosas: reconstruir una cultura en los medios que le diera prioridad a la infancia.

Muchas veces recibí propuestas de financiadores de medios para seguir el modelo de “ustedes escriben y nosotros publicamos”. Pero no cedí ni un milímetro, porque la mística de Andi es que el cambio surja desde las y los periodistas.

¿Cómo empieza la idea de extenderse de una ciudad a 10 estados brasileños?

Estábamos en una reunión de planificación estratégica y surgió un tema que aparece siempre: el de la competencia, en radio y otras agencias, así como de ONG relacionadas, ya sea con comunicación o con ejes de adolescentes. Así surgió la idea de trabajar en redes.

¿Cuál fue el mayor reto al ir cambiando esas estructuras?

Uno es el tema de los derechos y otro el de eso que llamamos “la búsqueda de soluciones”. Quiero explicar un poco: en los años 90 se hizo toda una movilización en Brasil por la aprobación del Estatuto de la Niñez y nosotros percibimos, primero, que el país no conocía la realidad de la infancia y, segundo, que cuando niños y niñas pobres aparecían en la prensa era en las páginas policiales. Pibete, por ejemplo, es un término para señalar a delincuentes en Brasil, mientras en otros países usan la expresión “menores abandonados”.

Para la sociedad brasileña la idea de niños en la calle es sinónimo de niños sin hacer nada, drogándose o pidiendo dinero porque sus parientes son irresponsables. Como periodistas, sabemos que la verdad de esos niños y niñas es que son infantes fuera del alcance de la escuela. Esa debería ser la forma como trasladáramos la noticia y, además, que como comunicadores podemos hacer cambios.

¿Y con estatutos y un trabajo más serio se lograron cambios?

Sí, luego de un trabajo en el cual se difundieron los derechos de las y los niños, hicimos una encuesta y el tema de educación era el más abordado por la prensa. Otra de las primeras reacciones fue achicar la distancia entre las buenas fuentes de información y los periodistas en esta área.

¿Cuáles fueron los primeros pasos?
Poner a la gente en contacto, llamando la atención de los medios, dando luz de por dónde cubrir el tema. Luego trabajamos con las y los periodistas, porque las fuentes sentían que los medios daban más un aspecto negativo a las noticias.

Brasil es un país muy grande, en esa época teníamos cinco mil niños en la calle, y un millón de niños y niñas en trabajo infantil. La idea fue, a través del periodismo, demostrar que con proyectos las cosas son posibles. Por eso creamos un banco de éxitos, de buenos proyectos, y empezamos a difundir noticias distintas.

¿Cuál es la visión de este proyecto?
Mirando a los niños y niñas no podemos alejarnos mucho de nuestra propia causa: el buen periodismo. En vez de mirar a los seres humanos más crueles, debemos ver a la niñez, porque es la más débil y permite llegar a la raíz de los problemas, desde la falta de agua, el saneamiento, el desempleo, las familias desestructuradas. Y se debe ver que los niños y niñas siempre son las primeras víctimas de esas situaciones.

Son temas duros…
Cuando se investigan estos temas tan sensibles para la gente, tratamos de mostrar a los periodistas que hay una ecuación muy fuerte con la cual se puede trabajar. Si una ciudad sabe que en otra resolvieron los problemas de esta u otra manera, tal vez algo que parece incurable sí tiene solución. Son como medicinas sociales. Y esa es la ecuación: la denuncia y la investigación de soluciones.

Entonces, ¿el periodismo da soluciones?

Sí, y eso me parece muy romántico, pero no se trata de optimismo ni de ficcionar a la sociedad. Hay problemas, pero también soluciones. Por eso debemos construir nuevos periodistas, dotados de una fuerza mucho más grande, porque junto con políticos y ONG, movidos por la voluntad de hacer lo mejor, trabajando en conjunto, lograremos una mejor sociedad.

¿Cuál debería ser nuestro sueño como periodistas?

Descubrir la medicina social, descubrir curas. Sin embargo, para descubrirlas hay que mostrar las heridas, abrir el cuerpo, denunciarlo.

La denuncia es esencial, pero la denuncia solita te paraliza, no te moviliza. Lo que te moviliza es saber que la herida es grande, pero la medicina es efectiva.

En pocas Palabras

Ante una palabra, Geraldinho nos da una definición diferente:

Geraldinho VieiraNiñez: el centro
Andi
: pragmatismo
América Latina:
sueño
Geraldinho
: caminando
Educación: el punto
Cultura: sin fronteras
Entusiasmo: vivir