El ojo del editor

El Cartero, edición 76

Estas son las cartas de lectores recibidas en julio de 2009:

Me parece muy interesante su página web. Me pongo a disposición para apoyarlos desde Petén.
Atentamente,

Marvin Bámaca
Estudiante de periodismo, Centro Universitario de Petén (Cudep).
Petén, Guatemala.


Amigos y amigas, colegas, quiero felicitarlos por el contenido de la edición 75. Está interesante. La especialización de la que habla el ministro de Finanzas es un tema, creo yo, de importancia y en el que nuestro gremio debe esforzarse partiendo de la capacitación.

Hernán Guerra, revista Estrategia & Negocios,
Ciudad de Guatemala.


El contenido de la revista nos parece excelente y nos estimula mucho. Les deseamos éxitos en su labor periodística y los exhortamos a seguir adelante en este oficio tan difícil, pero a la vez tan bello, como lo dijera García Márquez.

José Luis López García, Asociación de Periodistas Integracionistas de Centroamérica (Apica)
Guatemala.




Sobre femicidio y cobertura mediática

El miércoles 26 de agosto dos medios impresos dieron cobertura al hallazgo del cadáver de una mujer, cuya muerte, indicaba el asesino en una nota, se produjo “por haber sido infiel”. Al intento de justificación del agresor parecía sumarse el de la cobertura mediática, ya que en el contenido noticioso no se ponía en cuestión ni el hecho ni el mensaje dejado junto al cadáver. Leído así, la mujer aparece ante quien lee la información como “culpable”.

En Guatemala, las cifras oficiales establecen que en 2009 se han producido más de 530 muertes violentas de mujeres, muchas de ellas, asesinadas por sus maridos, novios y/o ex maridos quienes entienden que el asesinato es una acción legítima al ver cuestionados los pilares sobre los que la sociedad construyó la masculinidad. Es decir, en una relación de dominio hacia las mujeres y de subordinación por parte de ellas.

El femicidio, como continuum de violencia que culmina generalmente en la muerte violenta, es un delito basado en la consideración de que las mujeres son seres inferiores cuyas vidas son propiedad privada de los hombres. Mensajes como “la maté porque era mía” o “porque me era infiel” están fundamentados en ese imaginario y lo refuerzan cotidianamente.

Eso explica, además, la saña que evidencian los cadáveres: violación, mutilación y desmembramiento son las evidencias concretas del desprecio y odio que, más allá del hecho concreto de la muerte, los agresores quieren dejar como mensaje explícito hacia las demás. En ese sentido, entonces, estas muertes violentas funcionan como mecanismo de control hacia las mujeres.

Por todo esto, si bien es cierto que los medios han cumplido un importante rol en cuanto a hacer visible un problema que durante siglos apareció como “privado”, también hay que decir que el tratamiento informativo ha sido cuestionable por ser sensacionalista y por no contribuir al debate social profundo de la problemática.

El peso en agenda de este tipo de enfoques y coberturas, más que problematizar el fenómeno y contribuir a la exigencia pública del derecho a la vida produce un efecto adormecedor de conciencias que naturaliza el femicidio. Es importante comenzar a erradicar los estereotipos y prejuicios del imaginario colectivo de forma tal que no impacten en el ejercicio profesional y mejore la calidad de las piezas informativas.

No se trata de ser políticamente correctos y “enfocar” correctamente una nota, sino de una tarea general que permita analizar, investigar, equilibrar las fuentes, evitar los lugares comunes, las generalizaciones, el sensacionalismo y la sobredimensión del dramatismo. Reconocer la dignidad de las muertas en Guatemala por medio de coberturas serias y responsables no sólo fomenta un mejor periodismo, sino que promueve importantes cambios sociales.



Caricaturas edición 76

@lf, Ley de papel

Caricatura edición 76


Jota Cé, Inversión social y su mentada transparencia

Caricatura, edición 76


Juan de Juanes

Caricatura edición 76



Caricaturas edición 75

Juan de Juanes

Juan de Juanes, caricatura edición 75


Jota Cé

Jota Cé, caricatura edición 75