Periodismo: oficio difícil y mal pagado
Ingresos económicos menores a los establecidos en la ley, largas jornadas de trabajo, falta de seguros (médicos y de vida), además de presiones de políticos, de caciques locales y del crimen organizado, son parte de la realidad profesional de quienes se dedican al periodismo en Guatemala.
Por Mirza Colindres, Johanna Barrios y Miguel González Moraga
Con el fin de obtener datos que permitan efectuar un paneo sobre las condiciones laborales de los/periodistas en Guatemala, se consultó a 73 colegas —60 hombres y 13 mujeres— que han asistido a tres encuentros regionales y a un grupo focal organizados por la Asociación Centro Civitas, el Proyecto Unificación 21 y Sala de Redacción, entre el 25 de febrero y el 10 de abril.
Participaron colegas de 12 departamentos que trabajan o colaboran en 50 medios impresos, radiales, televisivos y digitales, quienes accedieron a responder un cuestionario básico.
Se obtuvo información de occidente (Huehuetenango, Quetzaltenango, San Marcos, Totonicapán), de oriente (Jutiapa, Jalapa, El Progreso, Chiquimula), del sur (Chiquimula, Retalhuleu, Mazatenango) y del centro (Guatemala). El 84% de los/as periodistas provenían de áreas urbanas de esas regiones y el resto, de rurales.
Los datos son preliminares y solo representan los criterios de quienes respondieron al ejercicio, aunque pueden servir como indicadores sobre las condiciones laborales de quienes se dedican a labores periodísticas.
Salarios menores a los legales
Casi la mitad (48%) de quienes respondieron a Sala de Redacción dicen que su remuneración mensual no supera los Q2 mil y ocho de cada diez (el 80%) que no sobrepasa los Q3 mil. Esas cifras, al compararlas con datos de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) procesados por Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), ubican a los/as periodistas entre el 70% de la población asalariada guatemalteca que no ingresa en sus cuentas más de Q3 mil al mes.
El ingreso descrito en los cuestionarios es menor a lo que cualquier reportero/a debería ganar, según lo establecido en el acuerdo gubernativo 624-2006, en vigencia desde el 1 de enero de 2006, en las postrimerías del gobierno de Oscar Berger Perdomo. Por ejemplo, para un reportero-redactor hace seis años se fijó un salario mensual de Q3933.23, bonificación de Q250 incluida (ver ilustración). No obstante, más de esa suma apenas la gana el 9% de quienes respondieron al cuestionario.
Es notable que el 15% —en particular del sur— de quienes participaron en el sondeo no reciban ni Q1 mil mensuales en los medios en donde tiene estatus de “colaboradores”, cantidad menor al salario mínimo de Q2,324 vigente para este año. En contraposición, apenas el 2% de los consultados dijo que gana entre Q7 mil y Q8 mil mensuales, en particular quienes laboran en los dos medios impresos guatemaltecos de mayor circulación. Un periodista del occidente asegura que para obtener ingresos mayores a los Q3 mil mensuales debe enviar, al menos, una nota cada día al noticiero televisivo para el que reporta.
La situación se agrava, frente a la indolencia de la Inspección General de Trabajo, debido a que corresponsales de medios nacionales, en particular de radio, no son compensados con dinero. “A mí me dan una tarjeta de teléfono para que envíe mis reportes”, cuenta un colega de occidente. Otra, del sur, confía que el medio en donde colabora nade más le proporcionaron un carné. Ambos reportan para cadenas radiales afincadas en la capital del país y que se sostienen mediante altas pautas publicitarias.
Los salarios u honorarios mensuales reportados ubican a los/as reporteros/as del país entre los peores pagados de América Latina, el Caribe y España, en concordancia con un estudio efectuado en agosto de 2011 por www.clasesdeperiodismo.com.
En general, los salarios u honorarios de los/as reporteros/as no han sido incrementados desde 2008, ni siquiera en los medios en donde eso ha sido parte de la política laboral, como el matutino Prensa Libre, empresa que más prestaciones otorga a sus trabajadores. Un tercio de los/as consultados evitó proporcionar información sobre los aumentos salariales.
Jóvenes, universitarios y ¿con experiencia?
La mayoría de quienes forman parte de las redacciones (59%) son de la generación posterior al terremoto del 76, pues nacieron entre 1977 y 1992 (20-35 años). Quienes ya han cumplido más de 36 años cuentan con pocos espacios en las empresas periodísticas. Por ejemplo, los mayores de 51 años apenas son el 15% y están ubicados en medios departamentales.
Una amplia mayoría de quienes respondieron el cuestionario o participaron en el grupo focal —el 59%— cuentan con formación universitaria en periodismo o ciencias de la comunicación, aunque nada más el 3% ha concluido un posgrado que se relaciona con su ejercicio profesional. Quienes ejercen el periodismo y ni siquiera cuentan con educación secundaria, pero se han forjado en la práctica, apenas son el 6% de quienes respondieron a las dudas de Sala de Redacción.
Quizá porque es más barato contratar jóvenes, casi un tercio de quienes ejercen el periodismo no cuentan con más de tres años de experiencia. Mientras, el grupo que tiene entre siete y 10 años de ejercicio es el 22% y quienes acumulan más de 21 años de experiencia son 12 por cada cien periodistas. Al analizar los datos obtenidos, se colige que los/as periodistas más añejos viven en departamentos de occidente y los más bisoños, en oriente.
Otras ocupaciones, más ingresos
A la luz de la información obtenida por Sala de Redacción, se colige que el periodismo no es una actividad profesional bien remunerada. Debido a ello, la gran mayoría de colegas en los departamentos del país debe recurrir a empleos complementarios para obtener más beneficios económicos.
De esa cuenta, algunos se dedican a labores relacionadas con las ciencias de la comunicación, tales como relaciones públicas, publicidad, mercadeo y locución. También hay quienes son profesores en diversos niveles: primario, medio y universitario. Incluso, otros procuran obtener ingresos con oficios tan disímiles al periodismo, como la mecánica automotriz, la venta ambulante de productos o la conducción de vehículos.
Buena parte de los consultados aspira a trabajar en medios impresos capitalinos, pues la evidencia muestra que son los que mejores pagan. Otros tantos no dejan de aspirar a una plaza en la administración pública, en oficinas municipales, departamentales o nacionales. Por ejemplo, es conocido que en la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia un reportero-redactor puede obtener honorarios de hasta Q10 mil mensuales y un comunicador departamental Q11,200 (datos a noviembre de 2011).
En general, los/as periodistas consultados consideran que una forma de cambiar las condiciones de trabajo es conocer sus derechos y exigir que se cumplan, como el último párrafo del artículo constitución 35: “(…) Los propietarios de los medios de comunicación social, deberán proporcionar cobertura socioeconómica a sus reporteros, a través de la contratación de seguros de vida”.
Con el conocimiento, promoción y defensa de derechos coincide Miguel Ángel Albizures, quien preside de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG). “Todos los colegas comentan sus problemas, pero no hacen nada organizadamente para resolverlos”, expone este añejo sindicalista.
Aunque considera que el sindicalismo no goza de muchas simpatías entre el gremio periodístico, sostiene que no es descabellado intentar reorganizar el Sindicato de Trabajadores en los Medios de Comunicación. “Su personería puede actualizarse y sería a través de este que se puede plantear un Pacto Colectivo de Condiciones de Trabajo para discutir no solo lo del salario, sino otro tipo de reivindicaciones”.
Y como concretar esa idea no parece cercano, la APG prepara en el corto plazo una entrevista con el ministro de Trabajo, Carlos Contreras Solórzano, a quien le solicitará que se constaten las condiciones laborales de los periodistas en todo el país y que sea revisado el salario mínimo, entre otras cosas.
La de Albizures es una idea que tendrá que tomar cuerpo o ser rechazada por el gremio. Entre otras iniciativas, también se ha hablado de fortalecer las distintas asociaciones de prensa departamentales, de ingresar en bloque al Instituto de Previsión Social del Periodista (IPSP) y de formalizar el colegio de comunicadores sociales. Sea el tipo de organización que se prefiera, en palabras de una colega que ha asistido a los encuentros regionales: “Ya es hora de que las y los periodistas dejemos solo de promover derechos ajenos y lo hagamos con los propios”.








