Noticias de los medios

Un excelente trabajo periodístico

Nota publicada en Prensa Libre el 11 de febrero de 2011

El 11 de febrero, los colegas Romeo Rios y Luis Barrios publicaron en la sección Deportes de Prensa Libre, en las páginas 74 y 75, el trabajo periodístico “Racismo en el futbol guatemalteco”.

En esta excelente nota los periodistas trasladan varias experiencias de jugadores lastimados por la conducta de una afición deportiva que todavía muestra su desconocimiento no sólo del respeto de los Derechos Humanos de las demás personas, sino al parecer de la legislación guatemalteca, pues podrían ir a la cárcel por proferir expresiones racistas.

El mérito de publicaciones como ésta no sólo es trascender del mero reporte deportivo para ubicarse en el campo social y de Derechos, sino que además comenzar a abordar las problemáticas nacionales; es decir, aquellas que están generando la violencia. Y además, hacer una investigación que permitiera a sus lectoras y lectores comprender el daño emocional que se produce a una persona víctima del racismo.

Fue un acierto de los periodistas haber publicado las palabras del jugador Ávila, cuando pide a las y los aficionados reflexión. “Pensemos en los niños que van a estadio y escuchan estas cosas”, dice. Sobre todo, porque el racismo, al igual que los otros tipos de violencia, se reproduce, se aprende.
Lamentablemente, el racismo en el deporte es un problema muy extendido a nivel mundial. En su artículo “Scottish Football and Northern Island: the Role of Sport in Communal Identification and Ethnonational Conflict”, su autora, Katharine Winstanley, explica que aun cuando el deporte no se considere algo serio, sino sólo un entretenimiento, tiene un enorme poder de influencia en muchos aspectos de las relaciones sociales.
El deporte, señala la autora, conlleva una rivalidad muy relacionada con el concepto de representación social y muchas veces se convierte en un terreno donde se busca afirmar las identidades nacionales o grupales. Principalmente por esa razón, indica, puede haber conflictos de carácter étnico.
Estas consideraciones obligan a pensar que los medios, las y los periodistas —que no somos en realidad sólo transmisores pasivos de una realidad, sino que podemos decidir cómo contar las noticias, qué poder de difusión tienen éstas y quiénes las reciben— debemos estar preparados para no reproducir el racismo.

Cuando el problema está en casa

Pocos trabajaos periodísticos como el de los colegas Ríos y Barrios pueden ser vistos en los medios de Guatemala. Por el contrario, todavía son observadas, en los medios, expresiones racistas. Y los espacios deportivos no están exentos.

El periodismo deportivo muestra ciertas características que lo hacen un terreno ideal para este tipo de expresiones: por estar dirigido a un público muy amplio es más coloquial, no se ajusta a las rigideces del periodismo en otros espacios como el político o el de sucesos. Es más directo, es decir, menos ambiguo. Además, usa un lenguaje más retórico, pues se basa mucho en la exaltación de las emociones. En su texto “El lenguaje de la crónicas deportivas”, Alonso Hernández señala que éste explota tanto la emotividad como la crítica dura o la alabanza desmedida.

Otras de las características de este tipo de periodismo es que se vale ser parcial. Muchos periodistas de este campo expresan abiertamente preferencias, sin que por eso su público los deslegitime. Precisamente por apelar a las emociones, su influencia es considerable y así vemos que las y los periodistas deportivos construyen discursos que son capaces de levantar y derribar superhéroes.

Junto a esto, los espacios de la prensa deportiva como en los medios en general pueden generar efectos en sus públicos, pues muchas veces los elementos que brindan son utilizados por éstos para crear sus modelos mentales y sus representaciones sociales.

Considerar todas estas propiedades genera una reflexión importante, en el sentido de que debe haber mayor responsabilidad en evitar reproducir estereotipos, prejuicios y expresiones racistas, ya sea de los públicos, ya sea de los periodistas. Y además, tomar otras iniciativas tan interesantes como la aquí comentada, para contribuir a educar a la población guatemalteca que, como consecuencia del enfrentamiento armado, se subió tarde al tren de una mejor formación para practicar una cultura de paz.