El periodismo femenino en la provincia
Se ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de hombres y mujeres en el ejercicio del periodismo, especialmente el periodismo independiente de provincia.
Por Alva Benilda Batres, integrante de la Asociación de Periodistas de Izabal
El ejercicio de un periodismo independiente, crítico y equilibrado es un elemento esencial para la consolidación de la democracia, la participación política informada y la rendición de cuentas.
El Estado garantiza la seguridad de las personas, inclusive periodistas, además de garantizar la libre emisión del pensamiento, por lo que resulta inaceptable que algunos redactores, editores y dueños de los medios de comunicación coarten el derecho a ejercer la libertad de prensa. Casi siempre imperan los intereses económicos que condicionan a los medios para que no se publiquen notas que los pongan en entredicho.
Con la Ley de Acceso a la Información Pública se han obtenido avances, pero aún así hay periodistas que prefieren la autocensura. Es decir, dejar de publicar notas con contenidos trascendentes, a causa de presiones políticas o económicas, amenazas, coacciones diversas.
El narcotráfico, el crimen organizado y los cambios políticos han originado una serie de obstáculos en el buen desempeño de la labor periodística. En la provincia, el periodista es aun más vulnerable, es el blanco de las miradas. En este sentido, se opta por bajar el perfil y dar información que no sea tan comprometedora, con el afán de congraciarse en lugar de polemizar.
¿…y las mujeres que ejercen el periodismo? ¿En qué condiciones ejercen? ¿No son más vulnerables? En la provincia, son pocas las mujeres que realmente se dedican a esta profesión tan riesgosa, precisamente, porque no se cuenta con los elementos suficientes para tal ejercicio.
Armadas con una grabadora o una cámara, son lanzadas al campo. Utilizando su propia astucia e inteligencia, logran sacar la tarea, muy a pesar de muchos.
Los medios de comunicación comerciales no ven con seriedad el trabajo de la mujer, no lo valoran ni reconocen. Las voces de las mujeres en programas musicales son utilizadas como un atractivo para los oyentes. Sus rostros y cuerpos son exhibidos como mercancía barata… El verdadero valor, la capacidad, la inteligencia, parecen no importar.
En el campo hay tantos peligros propios del oficio, pero la cultura machista y el sistema patriarcal en el que vivimos siguen siendo peligros latentes. Los poderosos (políticos, terratenientes, autoridades) muchas veces acosan a las periodistas. Cuando éstas definen su postura y exigen respeto, las agreden verbalmente y les niegan la información. Al analizar cada uno de los obstáculos, es comprensible que no hayan muchas mujeres que se dediquen al periodismo: prefieren una vida más tranquila, en la que no se corran tantos riesgos.
Es importante que la ciudadanía reconozca la noble labor de la profesional del periodismo, cuya vida es un constante riesgo. Muchas veces no se valora ese esfuerzo por llevar la información veraz y de primera mano. En el mismo gremio, hay colegas que no ven con buenos ojos el trabajo de las mujeres, que muchas veces se iguala o supera a los hombres. Por esta razón, se hace imprescindible que los profesionales de la comunicación se capaciten constantemente, adquiriendo nuevas técnicas, innovándose, modernizándose.
Esa actualización va más allá: se trata de cambios de conducta, de forma de pensar y desaprender patrones patriarcales, aquellos que indicaban la superioridad de los hombres sobre las mujeres y que han impedido el pleno desarrollo de los pueblos
La unidad del gremio permite que la sociedad tenga una visión diferente, fortalece la labor periodística, permitiendo que la sociedad también visibilice nuestra labor.






