Editorial

Solidaridad con la prensa de Honduras

Desde que se perpetró el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, el 29 de junio de 2009, han sido asesinados 19 periodistas en Honduras y ninguno de esos crímenes ha sido aclarado. Después de la caída de Zelaya —durante el régimen de facto de Roberto Micheletti y en lo que va del período de Roberto Lobo—, la violencia en contra de periodistas ha convertido a Honduras en uno de los países más peligrosos del mundo para el ejercicio de la Libertad de expresión. A los asesinatos, se añaden las constantes acciones de hostigamiento contra medios informativos y colegas, así como a la actitud complaciente de algunos sectores en la prensa coludidos con políticos, militares y empresarios.

Debido a ese ambiente desfavorable para el libre flujo de ideas, periodistas guatemaltecos viajaron el 17 de febrero a Honduras para solidarizarse con los/as colegas de ese país y solicitarles a las autoridades acciones efectivas para investigar, sancionar y corregir los actos atentatorios contra las libertades de prensa y expresión. El grupo estuvo integrado por miembros de Centro Civitas/Sala de Redacción y de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), con el acompañamiento de la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de Guatemala (Udefegua) y en coordinación con la hondureña Asociación Comité para la Libertad de Expresión (C-Libre).

La ministra de Justicia y Derechos Humanos, Ana Alejandrina Pineda, fue la funcionaria de más alto rango que se reunió con el grupo guatemalteco. Ella se mostró abierta a la crítica y a la asesoría internacional, además de reconocer que el Estado hondureño ha sido incapaz de brindar seguridad a quienes se dedican al ejercicio del periodismo.

Cuando Pineda trató de minimizar la problemática, con el argumento de que el clima de violencia agobia a toda la población hondureña y no solo a la prensa, uno de los periodistas de Guatemala le replicó que este país la criminalidad también es alta, pero el asesinato de periodistas no es parte de las estadísticas criminales. A juicio de Pineda, en el afianzamiento de la impunidad ha desempeñado un papel central la Fiscalía de Honduras, pues ha investigado poco los crímenes en contra de trabajadores/as de medios informativos.

Como constató el grupo guatemalteco, es amplio el colectivo de periodistas de Honduras que se siente amenazado por su labor. Y para agravar las cosas, las entidades gremiales en esa nación son poco representativas y mucha veces no se pronuncian contra la violencia, pues no quieren provocar disgustos a quienes ejercer el poder público.

La prensa guatemalteca debe ver con preocupación el caso de Honduras, no solo por la cercanía geográfica, sino porque los niveles de criminalidad e impunidad son similares y porque los enemigos de las libertades de expresión y de prensa no distinguen fronteras. Además, la comunidad internacional debe actuar con mayor proactividad, y no pronunciarse solo cuando se perpetran asesinatos.

Ya basta de impunidad en los crímenes contra periodistas de Honduras. Es indispensable aclararlos, pues cuando se ataca a las y los comunicadores se ofende a la sociedad en su conjunto.