Jóvenes en Guate

¡Qué bonita tu pancita!

Por Flor de María Flores
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Una tarde de mayo, al abordar el bus hacia la universidad, subió justo detrás de mí una niña que, a simple vista, aparentaba tener unos 15 años; la acompañaba una señora y, juntas, se sentaron en el asiento frente a mí. La mujer adulta repetía a la joven que todo en esta vida pasaba por algo, que seguramente esta era la forma en que la vida le enseñaría a ella a apreciar todo el trabajo que su madre había hecho por ella desde pequeña.

El bus inició la marcha y durante buena parte de recorrido esta señora no se cansó de decirle a la niña, en tono de regaño, que tendría que aprender a salir sola adelante porque ese es el destino de las brutas y que la próxima vez que tuviera un novio procurará poner los ojos en alguien que valiera la pena, y que por lo menos no fuera tan viejo.

Después de casi medio camino de regaño, la mujer por fin se calló, quizás porque sintió mis ojos fulminantes y mi deseo de que guardara silencio. A estas alturas yo ya sospechaba que la niña estaba embarazada de un tipo mayor que ella y la mujer se empeñaba en recordarle que era una bruta y que le hiciera yemas porque no le quedaba de otra.

A los minutos de silencio, volví la mirada hacia la ventanilla porque me di cuenta de que por más que la mirara fijamente no lograría que comprendiera cómo su cantaleta agravaba los problemas de la joven, en vez de ayudarla, que era definitivamente lo que yo hubiera querido. Cuando en un arranque de fingida ternura la mujer abrazó a la niña le dijo: “Mirá, nada más, que bonita llevas ya la pancita”, fue cuando me convencí que la niña estaba en estado de gestación y que aún así tenía que escuchar el monólogo de la mujer, lleno de regaños y con la intención de hacerla sentir mal.

Las únicas palabras que salieron de la boca de la niña fueron: “No sé cómo hacer para que me perdonen por estar así”, a lo que la mujer respondió: “Decile a tu mamá que vas a trabajar para que ella te lo cuide y conseguite trabajo en una casa, así le llevas dinero y ya no te dice nada”.

Se bajaron del bus casi llegando a la calzada Aguilar Batres. Fue un camino largo para esa niña que parecía no entender del todo lo que conlleva el embarazo que lleva a cuestas. Imagino que con semejante apoyo moral la carga no se volverá más ligera.

En muchas ocasiones escuchamos estadísticas acerca de los casos de embarazos adolescentes, sabemos como sociedad que todo embarazo en niñas y adolescentes menores de los 14 años es un crimen por violencia sexual, no solo porque así lo dicte la ley, sino por lógica.  Se debe ayudar a la concientización de la sociedad en estos casos, para no revictimizar a las niñas.