La voz de la Sociedad Civil

El arte en es una luz en medio de la oscuridad

Marvin García, gestor cultural

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Ahora que estamos en medio del fuego cruzado, del odio y del resentimiento; en medio de una sociedad que se ahoga entre sus propios delirios y donde el fantasma de la división camina por todas partes de la forma más libre, vale la pena preguntarse qué estamos haciendo frente a este mal que nos acompaña y cuyo discurrir hemos observado de manera indiferente. Hace unos días volví a ver “La vida es bella” de Roberto Benigni, película realizada en 2007 y que nos muestra el drama que vive una familia judía en un campo de concentración durante la Segunda Guerra mundial. La película nos muestra de manera tierna y cómica como el padre de esta familia logra que su hijo escape de esa dolorosa realidad, por medio de la imaginación, la lúdica y la magia. Al final, el padre se sacrifica por salvar a su hijo, quien logra sobrevivir a ese infierno.

Traigo a la luz esta historia porque creo que en Guatemala pasamos un momento similar, una época áspera, llena de circunstancias que nos hacen pensar que no podremos escapar nunca; por eso creo que los artistas, los gestores culturales y en general todas y todos los que cree en el arte como un medio de transformación y de entendimiento tienen la obligación de hacernos olvidar todo el horror que puede ocurrir, tal y como el padre de familia de “La vida es bella”. No se trata de vivir en una burbuja sin tener cuenta de la realidad, no, simplemente de hacernos creer que sí se puede, que detrás de un hombre apuntando con una pistola hay un alma, que hay gente buena en el gobierno, que los policías mientras hacen su ronda a mitad de la madrugada sienten, sueñan, que usted y yo podemos salir adelante en medio de tanta imposibilidad que a ratos sentimos. Los artistas estamos obligados a realizar ese tipo de emociones y de ese tipo de reflexiones, es posible otro país, es posible hacer un sueño dentro de la pesadilla.

Decía el gran poeta palestino Mahumud Darwish: “El arte no puede cambiar el mundo/ pero puede encender velas en la oscuridad”, y creo que estamos en el momento justo donde la luz se puede ver más, que en medio de la oscuridad total es posible encender y provocar ese maravilloso acto de arder. El arte tiene la obligación de iluminar y provocar cambios, de distraernos y de hacernos reflexionar; sé que en nuestro país hay cientos de artistas. En las ciudades más grandes como en los lugares más remotos, siempre que haya alguien que crea en el cambio y en una realidad más soportable, habrá arte y, por lo tanto, habrá esperanza.