El Tigre Amarillo
Por Sergio Oswely Samayoa Pérez, director del periódico El Sol de Huehue
Mayo del 2,012.
Algo que han olvidado las autoridades ejecutivas, judiciales y del Congreso de la República es que la población del municipio de Barillas es, en su mayoría, maya q’anjob’al. Esto implica que toda su cultura gira alrededor de la naturaleza. Ignorando intencionalmente los convenios ratificados, insisten en imponer la justicia occidental, después de que durante siglos han mantenido al municipio en total abandono. Comenzando por la carretera de terracería de un solo carril.
Barillas, en el Organismo judicial y en el Ministerio de Gobernación, es considerado como un lugar de castigo, ahí son enviados los más “cuestionados”. Y no precisamente por sus habitantes, sino por la ausencia total del Estado. Llegar en época seca implica 8 horas en vehículo agrícola desde la ciudad de Huehuetenango.
Para los q’anjob’ales, el río Q’am Balam, “Tigre amarillo”, es algo sagrado, generador de vida. Una hidroeléctrica, es como una profanación. Aunque para nueve de los diez “diputados traidores”, como les gritaron a toda garganta en la manifestación del 15 de mayo, ello es desarrollo y fuentes de trabajo. Lo que está en juego es la imposición del Estado sobre una población maya que ha reaccionado ante la emboscada que se le tendió a tres de sus habitantes con las fatales consecuencias ya de dominio público.
Los medios de comunicación propiedad de corporaciones capitalistas le han dado otra imagen a la situación de Barillas, incluyendo muy poco del punto de vista de las organizaciones populares que han emitido decenas de comunicados. Sin embargo, algunos medios alternos, particularmente los medios digitales, le han dado el espacio a los mensajes de estas entidades que agrupan a líderes indígenas, como la otra fuente de información. Esta semana, en Chile, se condenó ha varios medios por callar los crímenes durante la dictadura de Pinochet. Lo mismo puede suceder en Guatemala, dada la parcialidad de la mayoría con cobertura nacional, ante hechos similares.
El municipio de Barillas es el reflejo del colonialismo español. Familias ladinas de un nivel económico medio cuentan hasta con cuatro sirvientes jóvenes q’anjob’ales, que son tratados como esclavos. Dada la situación de extrema pobreza, sus padres los entregan en estas casas de la cabecera municipal para que los mal alimenten a cambio de su trabajo que no es remunerado. En el caso de las fincas se habla de castigos físicos para los “indios abusivos”. Eso es normal en todas las viviendas no indígenas, que hoy señalan a los manifestantes como guerrilleros y narcotraficantes. En la villa de Barillas, la discriminación racial es muy normal, el indio, el mozo, la muchacha, están exclusivamente para servir al de piel blanca.
Hoy que levantaron la cabeza exigiendo justicia por la profanación de su río y el asesinato de uno de los suyos, son señalados de delincuentes y sometidos por el Gobierno y la justicia a una cruel persecución penal cargada de racismo y discriminación, que muchos guatemaltecos nos podemos ignorar y debemos denunciar por los medios a nuestro alcance.
Coincidencia o estrategia, pero monseñor Álvaro Ramazzini, llega en el momento justo, cuando en las filas de la iglesia católica de Huehuetenango se han infiltrado pensamientos de extrema derecha que se han olvidado de la Doctrina Social de la Iglesia. Haciendo sentir su presencia en las cinco emisoras católicas. Con tarifas muy elevadas han cerrado sus puertas a los pueblos indígenas, e incluso han excluido a comunicadores sensibilizados en los temas sociales. Manifestarse 15 días después, es una verdadera vergüenza. Ramazini, tendrá una tarea muy dura dentro de su propia organización.
En la tierra maya q’anjob’al el “Tigre Amarillo” está rugiendo y si el Gobierno no procede con inteligencia, con apego a nuestra carta magna que garantiza una igualdad para todos y todas, el Q’am Balam arrastrará con todo lo que encuentre a su paso y las consecuencias serán más catastróficas.






