Foto: Sala de Redacción

Publicado & archivado en Invitado/a, Opiniones.

Por Rosalinda Hernández Alarcón*

En espacios de reflexión colectiva entre periodistas se tratan variados temas, algunos les son ajenos, pero no cuando se aborda la problemática de la violencia contra las mujeres. Esta afirmación cuesta un poco aceptarla, porque los colegas descartan identificarse como maltratadores y ellas como maltratadas, pero cuando se menciona el acoso callejero o las bromas machistas, todas afirman haber sido agredidas.

Así las cosas, este problema social atañe a todas y todos como personas, tomando en cuenta que estos hechos ocurren diariamente en hogares, centros de trabajo y estudio, ámbitos de recreación y espacios de participación; además incumbe a todos los profesionales de la comunicación por su responsabilidad en el manejo de la información e imagen, ya que pueden reproducir estereotipos, justificar agresiones o descalificar a las víctimas.

En una serie de talleres en Chimaltenango, Zacapa, Quetzaltenango y Cobán, se presentó la publicación “Hay que favorecer una vida libre de violencias”, publicada por el Programa Seguridad y Justicia USAID. En las reflexiones se mencionaron dos estereotipos que privan en el gremio: uno, que los hombres son violentos por naturaleza y dos, que la Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia hacia las Mujeres es una legislación que afecta los derechos de los hombres.

Al analizar ambos, concluyeron que si los hombres son violentos es porque desde niños son educados para mandar, decidir, no rendir cuentas de sus actos, identificar los cuerpos femeninos como objetos que les dan placer sexual; mientras que a las mujeres, desde niñas se les fomenta la obediencia, la discreción y la dependencia a la figura masculina. De tal manera que quienes aprendieron a ser violentos, igual pueden aprender a dejar de serlo.

Si los hechos de violencia contra las mujeres se han tipificado como delitos a través de una ley específica, al sistema de justicia le corresponde investigar, enjuiciar y sancionar tales actos. Si las personas administradoras la justicia cometen algún error o ilegalidad, ello no significa que la legislación esté diseñada para atacar a los hombres. Si los procesos judiciales respetan el ordenamiento legal, sin duda serán sancionados los delincuentes, y eso definitivamente no significa una violación a sus derechos.

Periodistas de diferentes medios y departamentos coinciden en seguir las siguientes observaciones como parte de su responsabilidad periodística: evitar los enfoques sensacionalistas y el acoso a las fuentes, poner énfasis en los agresores no en las víctimas, investigar en lugar de copiar los reportes policíacos, nunca revictimizar a las mujeres agredidas; tener cuidado en el uso de categorías, suprimir el uso de fémina (hembra) como sinónimo de mujer o ultraje en lugar de violación sexual porque no significan lo mismo, utilizar el concepto de femicidio cuando aplique y no crimen pasional.

*Coeditora de la publicación feminista laCuerda

 

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