Foto: Sala de Redacción
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Publicado & archivado en De la casa, Opiniones.

Por Claudia Navas Dangel*

 

Mientras el Estado de Guatemala colapsa por los terribles niveles de corrupción, abuso y prepotencia, la apatía de miles de guatemaltecos se va desdibujando de esos rostros que maquillados de hartazgo solían mirar las hojas de los diarios con resignación, viéndose en ellos reflejados como seres autómatas: yo opino… bla, blabla…blabla, con juicios casi siempre sacados de contexto, utilizados de adrede para encajar con la nota y pintados regularmente de carencia de ideologías, aspiraciones y reflexión.

La cosa va cambiando. Las redes sociales nos permiten ver que esos recuadros, con comentarios sobre los hechos que suceden a diario en el país, son parte de una diagramación obsoleta. Lo que sucede nos importa, y la opinión no es únicamente de quienes con una foto impresa en papel periódico, o una sonrisa muchas veces mordaz frente a las cámaras, se hacen populares con los avatares sociales de este país que va perdiendo la modorra.

Poco a poco vamos tomando conciencia del ejercicio de nuestra ciudadanía, y no sólo por las marchas sabatinas. Hoy las y los jóvenes ya no están desinteresados en esa política sucia que no los representa. Ahora hablan, no en espacios mediáticos populosos, pero sí en espacios sociales interactivos en donde existe verdadera comunicación. Hay respuestas, retroalimentación, argumentos.

Hoy los “memes” van dándole forma a la historia de una Guatemala que quiere dejar de ser un parque jurásico. La voz de las personas dejó de ser una plana dictada por maestros que aún juran a la bandera con palabras que ni ellos mismos pueden definir.

Así las cosas, con delincuentes en el poder y otros optando por él, las manifestaciones de repudio se viralizan en las redes, en las calles, en las aulas universitarias y hasta en los colegios. Empieza a haber una mayor comprensión de que quienes debemos decidir nuestro futuro somos nosotros y no los mismos de siempre, los de las imágenes fotoshopeadas que claman violencia como la solución a los problemas, en donde el disfrute de los derechos humanos es impensable.

En ocasiones, todo parece perdido. Quienes escribimos las noticias muchas veces provocamos ese sentimiento. Sin embargo, de pronto –afortunadamente-, al ritmo de las bubucelas las palabras bailan, saltan, gritan, se manifiestan y vemos que tenemos algo que decir, que lo estamos haciendo y que nuestras voces se mueven.

*Periodista

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